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HISTORIA
Sacado del n. 12 - 2008

La civilización suave


La increíble experiencia de evangelización y de civilización que supuso la fundación por parte de los jesuitas de verdaderas ciudades en el corazón de América Latina entre los siglos XVII y XVIII


por Lorenzo Cappelletti


Gianpaolo Romanato, <I>Gesuiti, guaranì ed emigranti nelle Riduzioni del Paraguay</I>, Regione del Veneto – Longo Editore, Ravenna 2008, 104 págs., 13,00 euros

Gianpaolo Romanato, Gesuiti, guaranì ed emigranti nelle Riduzioni del Paraguay, Regione del Veneto – Longo Editore, Ravenna 2008, 104 págs., 13,00 euros

Un libro pequeño pero precioso es el que Gianpaolo Romanato acaba de publicar, gracias a la aportación de la Región Véneto y el Editor Longo de Ravenna, con el título de Gesuiti, guaranì ed emigranti nelle Riduzioni del Paraguay. Avalado por una prolongada permanencia en el lugar del autor, el libro está dedicado a las increíbles experiencias, de evangelización y de civilización al mismo tiempo, que supuso la fundación por parte de los jesuitas de verdaderas ciudades en el corazón de América Latina entre los siglos XVII y XVIII. Ciudades organizadas para los indios guaraníes, según las modalidades más amorosas y adecuadas, compatibles con la mentalidad de los tiempos, a las características de aquellos pueblos. «Una civilización suave», la llama Romanato, «llevada a cabo por jesuitas que procedían de toda la ecúmene de entonces, es decir, el encuentro no destructivo y no conflictivo entre una cultura fuerte y otra débil» (p. 48). La historia de aquel territorio fue crucial ante todo para esta modalidad misionera experimentada allí por los jesuitas, que corresponde –Romanato nota que no siempre se pone esto en evidencia (págs. 22, 47, 60-61 y passim)– a lo que ellos estaban haciendo al mismo tiempo en la otra parte del mundo, en China. Crucial, además, por los dramáticos acontecimientos de la supresión en 1773 de la Compañía de Jesús, mezclada con la secular lucha entre españoles y portugueses por el dominio del nuevo mundo, y cuyo mayor punto de roce estaba representado por la región de las Reducciones. Y además, por la misma evolución del pensamiento jusnaturalista e iluminista, cuyo background histórico, podríamos decir, estaba constituido precisamente por aquel estado de naturaleza y... de gracia que como doctos y humildes europeos que eran los jesuitas iban experimentando no en los libros sino en el campo, según el ejemplo de san Francisco Javier. Y en fin, la misma configuración del Brasil actual, el Estado con el mayor número de católicos en el mundo, y que por lo mismo merece aunque solo fuera por esto una atención privilegiada por quienes están interesados en los asuntos de la Iglesia y del mundo, no es comprensible sin detener la mirada en aquellos comienzos.
Romanato, profesor del Departamento de Historia de la Universidad de Padua y recientemente incluido en el Pontificio Comité de Ciencias Históricas, tiene en su haber numerosas publicaciones de historia contemporánea sobre el territorio véneto y los vénetos. Y precisamente por estas competencias se acercó al tema en cuestión, aparentemente lejano de éstas en el espacio y el tiempo. En realidad, leyendo las páginas de su trabajo –cada vez con mayor atención, hemos de decir– se descubre que la historia de aquel territorio, que va mucho más allá del sur del actual Paraguay, comprendiendo también la provincia de Misiones en el nordeste de Argentina y buena parte del Estado brasileño de Rio Grande do Sul (casi tan grande como Italia), está ligada estrechamente a los italianos, y en tiempos recientes sobre todo a los vénetos (lato sensu) que, con una epopeya que no desmerece si la comparamos con la de los primeros jesuitas, volvieron a poblar y civilizar aquellas tierras entre los siglos XIX y XX. Pero ya desde el principio fueron muy numerosos los italianos que actuaban en aquella región. Empezando por su primera evangelización y su primera historiografía. A los padres jesuitas Giuseppe Cataldini (†1653) y Simone Mascetta (†1658) hace remontar la tradición de la Orden la fundación de la primera Reducción dedicada a san Ignacio. Como también fue un italiano quien trazó una primera historia de las Reducciones, sobre la base de cartas de su conciudadano jesuita Gaetano Cattaneo: el modenés Ludovico Antonio Muratori, que en su Del cristianesimo felice nelle missioni dei Padri della Compagnia di Gesù nel Paraguay, aparecido en Venecia en 1743, en plena polémica antijesuita, da prueba de esa independencia de juicio y de esa intuición que caracterizan al verdadero historiador cuando escribe que la verdadera Iglesia está a punto de «llenar y santificar una parte del mundo que es mayor que la propia Europa», porque en aquellas tierras «reaparece el espíritu de los primeros cristianos» y «habita la humildad» (cfr. págs. 57-58). A propósito de humildad, se debería hablar entre otros también del músico de Prato Domenico Zipoli, que, frente a una brillante carrera como organista de la iglesia delGesù de Roma, en 1717 se fue como misionero (muriendo de tuberculosis antes de haber cumplido los cuarenta) y cuya importancia solo hoy nos es dado conocer gracias al descubrimiento fortuito de sus manuscritos en Bolivia.
Panorama de las construcciones conservadas en la Reducción de Trinidad, Paraguay

Panorama de las construcciones conservadas en la Reducción de Trinidad, Paraguay

El libro es recomendable por dos cosas. Ante todo, desde el punto de vista científico, representa una reseña bibliográfica muy actualizada, útil a todo el que haya de realizar una investigación sobre el tema. Para cualquier investigación monográfica, todo profesor quisiera poder aconsejar un primer instrumento como el que ofrece Romanato sobre los personajes y los acontecimientos ligados al territorio de las Reducciones. Éste, en efecto, además de la presentación razonada de todo lo que ya ha sido escrito, contiene también sugerencias sobre pistas de investigación inexploradas. Como la relacionada con los «arquitectos jesuitas nacidos en Italia que actúan en varias ciudades de Sudamérica y en las Reducciones, creando su estilo arquitectónico y su organización urbanística: Giovanni Battista Primoli, Giuseppe Bressanelli, Giovanni Andrea Bianchi, Angelo Pietragrassa, Pietro Danesi» (p. 63). O la otra, igualmente interesante, casi pendant con respecto a la anterior, sobre cuál fue el destino y la influencia de los cientos de jesuitas, muchos de los cuales no eran italianos, que, exiliados tras la supresión de la Compañía, encontraron cobijo en algunas localidades del Estado Pontificio, sobre todo en Emilia-Romagna. «Las que acogieron a un mayor número fueron Faenza, Imola, Bolonia y Ravenna, además de Roma, naturalmente. [...] Qué marca dejaron en el mundo italiano del tiempo es algo que sigue sin estar claro todavía. Se sabe que escribieron y publicaron mucho y que entre ellos estaban algunos de los mejores ingenios que habían actuado en las Reducciones (págs. 66-67).
Pero, incluso prescindiendo del plano académico, el libro de Romanato puede constituir una primera lectura aconsejable a quienquiera que no tuviera más que la película Mission (por lo demás muy hermosa y varias veces citada por el propio Romanato) como fuente de conocimiento de la historia moderna y contemporánea de aquel núcleo privilegiado del mundo no solo sudamericano que fue y sigue siendo la región del Paraná, de Uruguay y del Iguazú. Conocimiento interesante para quien desee comprender el pasado para comprender y amar el presente.


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