Las tumbas de los apóstoles
Santiago el Mayor
La prontitud para acoger la llamada del Señor
por Lorenzo Bianchi

Santiago el Mayor
La tradición del apóstol Santiago en España aparece por primera vez en la versión latina del texto bizantino del Breviarium Apostolorum. Esta versión se remonta al siglo VII y se compuso fuera de España: la frase sobre la predicación de Santiago en España es un añadido del traductor que no aparece en el texto griego original. De esta versión depende Isidoro de Sevilla (Del nacimiento y la muerte de los Padres, 71), igualmente del siglo VII, pero también el pasaje contenido en la obra de Isidoro es una interpolación, quizás del siglo VIII, y por tanto se trata de alguien que reelaboró su texto. Otros textos, también de ámbito español, desde el siglo X al XIII rechazan la tradición de la predicación de Santiago en España, que en cambio se afianzará en el siglo siguiente hasta ser insertada en el Martirologio Romano de 1586 por el cardenal Baronio, pero que luego él mismo rechazó.

Fachada de la Catedral de Santiago de Compostela, España
Junto al sepulcro, que las fuentes que hemos citado describen con una expresión alterada de distintas maneras pero que ha sido interpretada in arcis marmoreis (se aludiría, por tanto, a un arca de mármol), comienza casi enseguida la costumbre de la peregrinación, muy sólida aún hoy. Sobre el sepulcro construyó Alfonso II la primera pequeña iglesia, que luego Alfonso III amplió y embelleció en el 899. En el 997 fue destruida (pero sin tocar el sepulcro) y reedificada por el rey Vermudo. Sobre ésta se comenzó a construir en 1015 la grandiosa basílica románica dedicada a Santiago, que se terminó en 1128 y aún existente, con añadidos hasta el siglo XIX.
Si la tradición del hallazgo de las reliquias de Santiago, y en especial la narración posterior de su traslado desde Jerusalén han sido objeto de numerosas críticas por lo que se refiere a su valor histórico (valga como botón de muestra el nombre de Louis Duchesne), las excavaciones arqueológicas en la tumba (1878-1879 y 1946-1969) confirmaron en cambio lo que afirmaban las fuentes tardías en relación a la descripción del sepulcro. El papa León XIII, con la bula Deus omnipotens del 1 de noviembre de 1884, proclamó solemnemente la autenticidad de las reliquias conservadas en Santiago de Compostela.