La resurrección de Jesús: infinita libertad del Amor
Una meditación de Su Santidad Bartolomé I, Patriarca ecuménico de Constantinopla, con ocasión de la Santa Pascua
por Bartolomé I, patriarca ecuménico de Constantinopla
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Bartolomé I, patriarca ecuménico de Constantinopla
[© Associated Press/LaPresse]
¿Cuán realista es esta promesa y esperanza de la Iglesia? ¿Puede el lenguaje humano fundarla en sus logros basados en la experiencia, es decir, en la lógica que nos permite transmitir la experiencia humana sin fantasear en ideologías imaginarias?
En el transcurso de los siglos, la Iglesia ha adoptado un lenguaje extremadamente empírico y, por eso, lógicamente coherente, realista. Un lenguaje que testimonia todo lo que de tangible y evidente conoce: «Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos» (1Jn 1, 1).
«En la persona de Jesucristo», por tanto, la Iglesia toca la real e infinita libertad de Dios: Dios libre de toda predeterminación de su existencia, de toda necesidad de ser lo que Él es. Dios, dirían los griegos, es libre respecto a su propia Divinidad, a su propia naturaleza o esencia divina: por eso, se hace hombre, se encarna sin dejar de ser Dios. Por lo demás, aun haciéndose hombre, Él queda libre de los límites de la naturaleza humana. Por ello resucita de entre los muertos.
Los griegos introdujeron en la Historia humana la articulación lógica, la certeza del uso del lenguaje, como condición prioritaria a la constatación empírica. No obstante para el griego, la constatación empírica constituía el camino de acceso personal e individual a la evidencia lógica comúnmente aceptada del mundo. Y esta evidencia persuadía del hecho de que toda realidad existente está predeterminada por el logos-modo, inexplicablemente dado, de su participación en la realidad, es decir, de su esencia o naturaleza. Ni siquiera Dios puede ser algo distinto respecto a lo que está determinado por el logos-modo de la Divinidad. Es necesario que Dios sea Primer Motor, naturaleza espiritual que actúa por sí mismo, “género honorabilísimo”, infinito, atemporal.
Sin embargo, si la fuente y la causa de la realidad está predeterminada por necesidad, entonces ya no es posible ninguna eventualidad de libertad real, ninguna creación ex nihilo, ninguna posibilidad para el imprevisto, la diversidad, la Historia. Entonces también cualquier existencia que no sea divina termina inevitablemente por someterse a las predeterminaciones del espacio, del tiempo, de la corrupción, de la muerte.
La persona histórica de Cristo es la certeza de la Iglesia, certeza fundada en la experiencia, que la existencia de Dios, causa y fuente del Ser, no conoce limitaciones: ninguna razón, imposición o conveniencia puede predeterminarla. Dios no está obligado a ser lo que Él es. Él existe porque libremente quiere existir. Cumple en la realidad su voluntad de existir «generando» al Hijo y «haciendo proceder» al Espíritu «de manera atemporal y amorosa». Dios existe en la modalidad de la absoluta libertad real que es el amor, existe en el modo del amor, existe porque ama.

Jesús resucita de los infiernos, fresco del siglo XII, Karanlik Kilise, Göreme, Capadocia, Turquía
El Hijo y Logos se hace hombre realizando la voluntad común, esto es, el amor de la Trinidad. Con su encarnación el Logos revela la posibilidad que tiene la naturaleza humana creada «a imagen de Dios»: es decir, de existir según el modo de existencia del Dios increado –existir como libertad de amor. Su vida («ha vivido haciendo el bien y curando») y su muerte en la cruz «nos han mostrado su amor por nosotros», han abierto el camino-posibilidad de inmortalidad-deificación del hombre. Cristo resucitado de entre los muertos se ha convertido en el principio de la resurrección del hombre de la necesidad de la muerte.
Nuestra naturaleza es mortal, la liberación de la mortalidad es gracia-don del amor de Dios. La aceptación del don es gesto de libertad, es amor que activamente corresponde al amor de nuestro Esposo-Amante Cristo.
(Gracias a Nikos Tzoitis por su amable colaboración)