La visita pastoral de Benedicto XVI a Camerún y Angola
África quiere al Papa
El prefecto emérito de la Congregación para el Culto divino narra los días que el Papa pasó en el continente africano, que registra el crecimiento más dinámico de católicos en el mundo
por el cardenal Francis Arinze
![El Papa Benedicto XVI con el cardenal Francis Arinze <BR>[© Osservatore Romano]](/upload/articoli_immagini_interne/1241537910834.jpg)
El Papa Benedicto XVI con el cardenal Francis Arinze
[© Osservatore Romano]
Estoy muy contento de que Benedicto XVI haya decidido visitar África. Y también estoy contento de que me haya llamado a formar parte de su séquito junto con otros dos cardenales –el secretario de Estado Tarcisio Bertone y el prefecto de Propaganda Fide Ivan Dias–, tres arzobispos, algunos sacerdotes y algunos laicos, entre ellos el director de L’Osservatore Romano Giovanni Maria Vian. Durante el vuelo el Papa, como es costumbre, concede una entrevista a los periodistas. Una frase suya –sobre el llamado “preservativo”– sirve de pretexto para poner en marcha una algaraza mediática a la que se sumarán también algunos gobiernos europeos. Un espectáculo indigno. Pero el viaje del Papa es otra cosa. Y se ve enseguida.
Aterrizamos en Yaundé. La acogida del pueblo africano es estupenda. Todo el trayecto recorrido por el “papamóvil” y el séquito pasa entre dos alas de muchedumbre visiblemente alegre y conmovida al mismo tiempo. Estoy tres coches detrás del vehículo pontificio. Y puedo ver cómo la cara de muchos fieles cambia al ver al Sucesor de Pedro, sonríen, dan saltos de alegría. Unos se arrodillan, otros le acercan a sus hijos, y otros el rosario. Todos invocan la bendición del Papa. Es un espectáculo conmovedor que se repetirá durante todo el viaje. Se nota que el pueblo está contento, quiere ver a Pedro y está dispuesto a hacer sacrificios bajo el sol ardiente y bajo la lluvia.
Miércoles 18 de marzo
Por la mañana el encuentro del Papa con los obispos locales tiene lugar en una simple parroquia, la de Cristo Rey, y no en la Catedral de Yaundé. Está bien así. Imagino que el párroco recordará el acontecimiento durante toda su vida. Por la tarde, en cambio, las Vísperas se celebran en la Basílica consagrada a María Reina de los Apóstoles. En sus discursos el Papa nos recuerda –a los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas– que seamos fieles a nuestro mandato. África, gracias a Dios, está bendecida por muchas vocaciones. Con mayor razón es necesario un sano discernimiento para que sea ordenado sacerdote solamente quien quiere servir al Señor y a su Iglesia, y no quienes tengan otros fines. Benedicto XVI nos recuerda también esto. Y hace bien.
![El encuentro de Benedicto XVI con la comunidad musulmana, Yaundé, 19 de marzo [© Associated Press/LaPresse]](/upload/articoli_immagini_interne/1241537910928.jpg)
El encuentro de Benedicto XVI con la comunidad musulmana, Yaundé, 19 de marzo [© Associated Press/LaPresse]
Hoy la Iglesia celebra la festividad de san José, patrono de la Iglesia universal. Toda la jornada –podemos decir– es también un homenaje por el onomástico del Santo Padre. A primeras horas de la mañana tiene lugar en la nunciatura el encuentro con la comunidad musulmana. En Camerún las relaciones entre cristianos e islámicos son generalmente buenas. Y se ve. También en otros países africanos –aunque no en todas partes– es lo mismo. En mi Nigeria existen problemas, pero hay también casos ejemplares de convivencia. Al respecto, me gusta recordar siempre que dos obispos nigerianos nacieron en familias musulmanas. Islámicos y cristianos, siguiendo rectamente sus respectivas creencias, pueden y deben convivir pacíficamente.
Posteriormente se celebra la misa en el estadio de la capital y al final el Papa entrega oficialmente el Instrumentum laboris del próximo Sínodo africano a los presidentes de las Conferencias episcopales del continente. Es un hecho excepcional. Normalmente es el secretario general del Sínodo quien presenta este tipo de documento en la Oficina de prensa vaticana. En cambio el Papa ha querido darle una visibilidad internacional. Todo esto es positivo y anima. Además, por la tarde el Papa se reúne con los doce cardenales y obispos que forman parte del Consejo especial del Sínodo –del que soy miembro. El coloquio dura más de una hora y no es para nada formal. Y continua luego en la cena siguiente, donde pueden intervenir quienes no habían podido hacerlo antes. Fue una cena de trabajo. De trabajo apostólico. El Instrumentum laboris usa palabras fuertes contra las multinacionales que explotan nuestro continente. Los obispos que lo han redactado han tomado esta opción: han querido llamar las cosas por su nombre, como hacía Jesús que era misericordioso pero llamaba a los fariseos «sepulcros blanqueados»…
Antes de estos momentos dedicados al Sínodo que se celebrará en Roma en octubre, el Papa, a primeras horas de la tarde, fue a visitar el Centro Cardenal Léger, fundado por el purpurado canadiense que renunció a su cargo de arzobispo de Montréal, dejó todas sus comodidades y vino aquí para prodigar todas sus energías y posibilidades económicas en favor de los leprosos. Este Centro es un ejemplo luminoso y una obra bendita. Durante el encuentro, el Papa está particularmente conmovido. Los enfermos, aun sufriendo, están contentos de ver y tocar al Sucesor de Pedro. Personalmente me llama también la atención el discurso pronunciado por la señora ministra: verdaderamente digno de un doctor en Doctrina social de la Iglesia. Me congratulo con ella.
![Una imagen de la misa celebrada por Benedicto XVI en el estadio de Yaundé (Camerún), 19 de marzo [© Osservatore Romano]](/upload/articoli_immagini_interne/1241537911350.jpg)
Una imagen de la misa celebrada por Benedicto XVI en el estadio de Yaundé (Camerún), 19 de marzo [© Osservatore Romano]
Por la mañana nos trasladamos con el Papa de Yaundé a Luanda. Los del séquito somos unos afortunados. Hay obispos africanos que para seguir al Papa han tenido que hacer largos trayectos en avión. No hay vuelos directos entre Camerún y Angola. África es también esto, por desgracia. La atmósfera popular es igual y distinta. Angola muestra las heridas de la guerra civil que la ha martirizado durante veinticinco años. Hay muchísimos jóvenes, porque el largo conflicto ha diezmado las generaciones anteriores. Pero el entusiasmo es el mismo que en Camerún. También aquí hay gente por todas partes: sonríe, baila, reza, se arrodilla cuando pasa el Papa. Y los que no están en la calle, miran desde las ventanas. El calor a veces es sofocante. Pero el pueblo no parece padecerlo.
A primeras horas de la tarde tiene lugar el encuentro con las autoridades políticas y el cuerpo diplomático y luego, ya entrada la tarde, la reunión con los obispos locales. También en Camerún hubo un encuentro con el presidente del país, pero fue un encuentro más informal, sin discursos públicos. Aquí, en cambio, el Papa habla y lo hace teniendo presente no sólo Angola, sino toda África. El Papa no hace “descuentos”. Les recuerda a los africanos que han de luchar 1241447770855">
Sábado 21 de marzo
Por la mañana se celebra la misa en la iglesia dedicada a san Pablo. El Papa les recuerda a los fieles que el fenómeno de la caza de brujas, por desgracia presente aún hoy en África, es contrario al Evangelio. Por la tarde el encuentro con los jóvenes sacudido por la muerte de dos muchachas. La tragedia sucede mucho antes de la llegada del Papa, en el estadio, pero nadie informa de lo ocurrido. Y así la ceremonia tiene lugar en un clima festivo (el Papa se conmueve visiblemente cuando ve a un joven en silla de ruedas cantar durante el encuentro). Solo después, la prensa es informada y por tanto también al Papa le llega la triste noticia. El día siguiente el secretario de Estado y el sustituto van a honrar los restos de las víctimas, y a consolar espiritualmente a los familiares. Creo que, justamente, la Iglesia estará especialmente a su lado, también desde el punto de vista material. Quizás una de las causas de la tragedia fue el retraso con que las autoridades abrieron las puertas del estadio, retraso explicable, quizá, con consideraciones sobre la seguridad. Esperemos que hechos de este tipo no sucedan más.
![Una imagen de la misa celebrada en la explanada de Cimangola, Luanda, 22 de marzo [© Associated Press/LaPresse]](/upload/articoli_immagini_interne/1241537911521.jpg)
Una imagen de la misa celebrada en la explanada de Cimangola, Luanda, 22 de marzo [© Associated Press/LaPresse]
Por la mañana el Papa celebra la misa en la explanada de Cimangola con lo obispos del IMBISA (Interregional Meeting of Bishops of Southern Africa). La muchedumbre es inmensa. Un millón de fieles, o tal vez más. El sol pega fuerte, pero el pueblo está ahí. Extraordinario. La liturgia es ejemplar, ordenada y participada. Durante el ofertorio se llevan los dones al altar con un paso de movimientos delicados. No es una danza, una exhibición, sino un acto de oración auténtica. El Papa ve y aprecia. Es evidente que en esta liturgia también los que participan con movimientos agraciados, no lo hacen para celebrarse a sí mismos, sino para celebrar los misterios de Jesucristo.
Por la tarde, en la parroquia de San Antonio el Papa encuentra a las mujeres y los movimientos católicos para la promoción de la mujer. Un encuentro singular. He de decir que yo le daría un premio a quien ha tenido la idea de organizar un encuentro de este tipo. Ha sido una iniciativa genial. El Papa valoriza en su discurso el verdadero espíritu femenino y promueve su auténtica liberación, que no es la que proponen ciertos círculos occidentales.
Lunes 23 de marzo
Volvemos a Roma. Durante el vuelo el Papa saluda a los periodistas y hace una síntesis excelente de su viaje. Por desgracia –me dicen– la gran mayoría de los medios de comunicación occidentales han presentado otro viaje respecto al que hemos vivido. Con la complicidad de algunos políticos y portavoces europeos que, en vez de ayudar verdaderamente a África y hacerse un serio examen de conciencia sobre lo que han hecho y están haciendo al respecto, hablaron casi exclusivamente del problema del llamado preservativo. Un hecho disgustoso. Poco respetuoso con el Papa y poco respetuoso con África, que merece otro tratamiento. Pero es mejor no extenderse sobre estas cuestiones, aunque sean graves. Lo importante es que África pudo ver al Sucesor de Pedro y escuchar su voz. Y que el Papa pudo a su vez ser confortado por una Iglesia joven, como la africana, que, aun con sus problemas, ama al Señor Jesús y es verdaderamente rica en fe, esperanza y caridad.