FOCUS. La Pontificia Academia de las Ciencias
Autónoma, bajo la protección del papa
por Roberto Rotondo
![Pío XI durante la inauguración del segundo año académico de la Pontificia Academia de las Ciencias en 1938 [© Osservatore Romano]](/upload/articoli_immagini_interne/1241618744001.jpg)
Pío XI durante la inauguración del segundo año académico de la Pontificia Academia de las Ciencias en 1938 [© Osservatore Romano]
La Pontificia Academia de las Ciencias, un forum privilegiado de diálogo entre ciencia y fe, arranca de la Academia de los Linceos, fundada en Roma en 1603 con el patrocinio directo de Clemente VIII. En aquellos años también Galileo Galilei estuvo al frente de la Academia. Tras disolverse, fue restaurada por el papa Pío IX en 1847 con el nombre de Pontificia Academia de los Nuevos Linceos. El papa Pío XI la volvió a fundar en 1936 con su actual nombre, otorgándole un estatuto que luego sería actualizado en 1976 por Pablo VI y en 1986 por Juan Pablo II. A partir de 1936, la Pontificia Academia se ocupa tanto del estudio de temas científicos específicos dentro de cada disciplina como de la promoción de la cooperación interdisciplinaria, aumentando progresivamente el número y el carácter internacional de sus miembros. Jurídicamente la Academia es un ente independiente dentro de la Santa Sede y goza de libertad de investigación. A pesar de que renació por iniciativa de un Papa y esté bajo la protección del pontífice, la Academia organiza sus actividades de manera autónoma, según sus finalidades, que se resumen así en su estatuto: «La Pontificia Academia de las Ciencias tiene como finalidad promover el progreso de las ciencias matemáticas, físicas y naturales y el estudio de sus problemas epistemológicos».
Sus miembros son elegidos por el cuerpo de los académicos, escogidos entre hombres y mujeres de cualquier raza y religión según el valor científico de las actividades desarrolladas y de su perfil moral; luego son nombrados oficialmente por el pontífice. La Academia está gobernada por un presidente (el profesor Nicola Cabibbo lo es desde hace doce años) –nombrado entre sus miembros por el papa– asistido por un Consejo científico y por un canciller, que desde 1998 es monseñor Marcelo Sánchez Sorondo. El forum de la Academia está compuesto por ochenta científicos nombrados de por vida, entre los que actualmente hay veinte premios Nobel, lo cual es una tradición en la Academia, que durante sus varios decenios de actividades ha contado entre sus miembros con una lista impresionante de premios Nobel, muchos de los cuales fueron nombrados académicos antes de recibir el prestigioso reconocimiento internacional: Marconi, Lemaître, Planck, Fleming. La mayoría de los que han construido la historia de la ciencia del siglo XX han pasado por aquí.
Junto a los miembros vitalicios hay también un número limitado de académicos “honorarios”, elegidos entre personalidades beneméritas, y otros “perdurante munere” por su cargo: entre estos últimos, el canciller, el director de la Specola Vaticana, el prefecto de la Biblioteca Apostólica Vaticana y el prefecto del Archivo Secreto Vaticano. Entre los miembros honorarios figuran hoy también teólogos como los cardenales Cottier y Martini, pero, en el pasado, también Joseph Ratzinger formó parte de la Academia como miembro honorario.