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LA ACTUALIDAD DEL JUICIO DE...
Sacado del n. 04 - 2009

Archivo de 30Días

Introducción



por Paolo Mattei


La sección “Nova et vetera” publica en este número dos artículos firmados por Lorenzo Cappelletti: La antigua historia de Nabot se repite cotidianamente y El imperialismo internacional del dinero. Tienen en común la temática social.
Publicados respectivamente en 1996 y 2001 se considerarían, según los cánones actuales, más bien pasados, pero su actualidad, dada la crisis mundial aún en curso, es tan evidente que sugiere la portada de este número de 30Días.
Tras la caída de las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001, nuestro director subrayaba en una entrevista, citada al principio del segundo de los dos artículos, «la gran preocupación global por un neocapitalismo hecho sólo de capitales sin ninguna referencia a industrias y bienes agrícolas». Pues bien, hoy todo el mundo puede constatar que esa gran preocupación no carecía de fundamento.
Pero no es esta clarividencia lo que deseamos destacar con la republicación de estos dos artículos.
Lo que nos interesa mostrar, por una parte, es que dicha preocupación forma parte desde siempre de la Escritura, de la Tradición y del Magisterio, es decir, en una palabra, del depositum fidei. El Papa Benedicto XVI, ilustrando en su catequesis del miércoles 22 de abril –que L’Osservatore Romano del día siguiente tituló La codicia es la raíz de la crisis económica mundial– la figura de Ambrosio Auperto, lo reafirmó mediante algunas citas tomadas de las obras de este monje medieval, que al fin y al cabo no hacen más que comentar la sagrada página paulina de 1Tm 6, 10: «Porque la raíz de todos los males es el afán de dinero, y algunos, por dejarse llevar de él, se extraviaron en la fe y se atormentaron con muchos dolores». También el arzobispo de Milán, el cardenal Dionigi Tettamanzi, unos días antes, expresó en una entrevista la misma solicitud diciendo que «invertir significa también ser proporcionados en el salario, que debe garantizar al trabajador no solo la subsistencia, sino también un futuro en términos de serenidad».
Por otra parte queremos mostrar que esta preocupación no carece de fundamento. Tiene delante un frente consolidado de poder adverso. Un frente que en síntesis podríamos llamar gnóstico, no en sentido estricto, es decir, porque haga referencia clara a la antigua gnosis, sino porque asume de ella tanto el desprecio por todo lo que es real en favor de lo que es utópico (véase el lema del 68: “La fantasía al poder”) como el método de ocultarse. Escribía el ministro de economía italiano Giulio Tremonti, en un libro del año pasado dio mucho que hablar: «Como se ha visto ya en muchas revoluciones, la de la globalización ha sido preparada por ilustrados, llevada a cabo por fanáticos, por predicadores que se han puesto en marcha con fe teológica en busca del paraíso terrestre» (La paura e la speranza, p. 5). Y el escritor inglés Jonathan Coe, en un artículo del Corriere della Sera del 12 de abril titulado “Por qué moriremos tatcherianos, escribe: «Pero ahora la decisión de tolerar la avidez, de convivir con ella e incluso favorecerla, se ha transformado en una especie de locura».
Los dos artículos que proponemos de nuevo delinean obras y figuras, como las de san Ambrosio y de los papas Pío XI y Pablo VI, que, como el apóstol Pablo, denunciaron «esa codicia insaciable que es idolatría» (Col 3, 5), e indicaron en la oración el inicio siempre posible de la esperanza: «Rezad, vosotros que tenéis solo esto, algo que es más precioso que el oro y la plata».


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