Una Iglesia que crece
El camino de la paciencia
La crisis económica, la fe de los nuevos bautizados,las controversias sobre las propiedades eclesiásticas confiscadas. Y la posibilidad de un viaje del Papa al país di Hô Chi Minh. Entrevista a Pierre Nguyên Van Nhon, presidente de los obispos vietnamitas, a los que Benedicto XVI ha dicho: «La Iglesia no quiere de ningún modo sustituir a los responsables del gobierno»
Entrevista a Pierre Nguyên Van Nhon por Gianni Valente
Pierre Nguyên Van
Nhon, obispo de la diócesis de Dà Lat, está casi
seguro: el año 2010 será el de la primera visita de un Papa a
Vietnam. El presidente de los obispos vietnamitas, hombre equilibrado no
amante de fatuas indirectas clericales, describe las circunstancias que,
desde su punto de vista, hacen más que probable la visita de
Benedicto XVI al país comunista del sureste asiático.
«Sería un bien para todos. Para los católicos, desde
luego, que seríamos confortados en nuestra fe. Pero también
para el gobierno, que no se muestra contrario: la visita del Papa
sería una señal para todos de que Vietnam acepta la
diversidad y la libertad». Ya se ha encontrado incluso la
ocasión formal: en 2010 se celebran los cincuenta años de la
creación de la jerarquía católica en Vietnam,
establecida por Juan XXIII con el decreto del 24 de noviembre de 1960, y
los 350 años de la constitución de los dos primeros
vicariatos apostólicos del país. «De todo esto se
habla. Se ha hablado varias veces. Y si Dios quiere...».
![Pierre Nguyên Van Nhon, obispo de Dà Lat, con Benedicto XVI [© Osservatore Romano]](/upload/articoli_immagini_interne/1249638200892.jpg)
Si el Papa va a Vietnam, ¿cuál
será la realidad que encontrará en este momento
histórico?
PIERRE NGUYÊN VAN NHON: Vemos que la recesión económica mundial pesa incluso en las cosas más íntimas de la vida de las personas. Aquí el noventa por ciento de la población trabaja en el campo, pero por la crisis económica los productos de la tierra ya no dan lo necesario para vivir. Así que todos dejan el campo y se amontonan en la ciudad. Dejan la familia, a las personas queridas, sus costumbres. Como inmigrantes muchos acaban por desorientarse ante los problemas que deben afrontar. A Saigón han llegado en poco tiempo dos millones de inmigrantes, entre ellos hay cien mil católicos, que se sienten en una situación de abandono y fragilidad. Muchos dejan de ir a la iglesia, de rezar. Todo esto sucede también por la crisis.
Y usted, ¿cómo es que se hizo cristiano y luego sacerdote?
NGUY N VAN NHON: Mi familia era católica de generaciones. En cada familia católica había por lo menos una vocación religiosa. En la mía, de seis hijos que éramos, dos hermanas mías entraron en el convento y yo me fui al seminario. Crecimos con sencillez. Íbamos a misa casi todos los días. Comulgábamos. Rezábamos las oraciones de la noche, y las de antes y después de las comidas. Pasaba lo mismo en buen aparte de las familias católicas vietnamitas. Yo le doy gracias a Dios, y soy feliz de haber conservado mi vocación.
Y ahora, ¿es lo mismo?
NGUYÊN VAN NHON: Muchas cosas han cambiado. La vida para muchos está ahora llena de compromisos y trabajo, se va menos a misa. Demos siempre gracias a Dios, porque generalmente en las familias cristianas todavía sigue habiendo piedad y devoción. Con una fe sencilla, alimentada por la oración y los sacramentos. Y hay muchos que de mayores se hacen cristianos.
¿Cómo ocurre esto, por lo general?
NGUYÊN VAN NHON: Muchos entrar a formar parte de la Iglesia cuando se casan con un católico o una católica. Algunos, más intelectuales, viven una insatisfacción, se plantean preguntas, y luego pues a veces ocurre que encuentran a alguien –curas, laicos, religiosos– que les ayuda a encontrar respuestas.
¿Es fácil recibir el bautismo?
NGUYÊN VAN NHON: Para los neófitos la preparación contempla dos años de catecismo. Pero normalmente se hacen seis meses, o un año. En mi diócesis tenemos cada año entre ocho y nueve mil bautizados, de los que tres mil son adultos, y entre cinco y seis mil niños de las familias cristianas. En las diócesis grandes, entre cuatro y cinco mil bautismos de adultos al año.
![Fieles a la salida de la misa del domingo en la Catedral de San José, Hanoi [© Contrasto]](/upload/articoli_immagini_interne/1249638200955.jpg)
¿Pero bautizarse puede seguir pareciendo como la
decisión exótica de alguien que elige una
“religión occidental”?
NGUYÊN VAN NHON: Quienes usan estos argumentos lo hacen por propaganda o para reavivir viejas polémicas. Jesucristo nació en Asia. Sus parábolas están llenas de referencias a las costumbres de la vida de pueblos asiáticos. Luego el anuncio evangélico llegó a Vietnam con los misioneros franceses y portugueses, por lo que algunos dicen que es cosa extranjera. Otros responden que no, que el cristianismo es una religión de Oriente. Para mí quizá es mejor no perder demasiado tiempo en estas cosas. O por lo menos no darles más importancia de la que merecen. Católico quiere decir para todos. Claro que es necesario que la misión apostólica tenga siempre en cuenta las condiciones de civilización de los distintos contextos. En un encuentro reciente, celebrado en Tailandia, donde se hablaba de la misión en Asia, se repitió que a nosotros nos conviene contar la vida de Jesús de la manera más acorde a como Él mismo predicaba hace dos mil años, con sus parábolas. Una manera oriental, no racionalista.
¿También hay que darle el valor que se merecen a los recientes enfrentamientos con el gobierno vietnamita por la devolución de las propiedades eclesiásticas?
NGUYÊN VAN NHON: Esta es una cuestión que hay que encuadrar en la historia de nuestro país. Antiguamente aquí existía la propiedad privada. Luego se instauró un sistema que defiende la propiedad colectiva de los bienes. Claro, el mundo es para todos, lo que Dios creó lo creó para todos. Pero decir eso puede ser abstracto. Están las personas, los grupos sociales con sus derechos. Si estos derechos hay que dejarlos a un lado por un bien superior, esto se puede comprender. Pero si se confiscan los bienes para que sean de todos y luego, en cambio, se utilizan de manera egoísta, para que solo algunos se enriquezcan, esto no está bien, y no se puede seguir hablando de bien común.
¿Es lo que ha pasado con los bienes que pertenecían a la Iglesia?
NGUYPEN VAN NHON: A veces estos bienes confiscados no se han utilizado para el bien común. La Iglesia pide que se les devuelvan no para ella misma, por voluntad de acaparamiento y Dialogar incluso cuando es difícil, y se requiere paciencia. Dialogar para buscar la justicia, y la caridad, para servir el bien de todos. Ahora se abre algún resquicio, nos comprendemos algo mejor, y de todos modos sabemos que la lucha continua y la contraposición no favorece a nadie.
Informando sobre esta situación, algunos medios de comunicación occidentales han subrayado que el régimen comunista vietnamita tiene miedo de la Iglesia local.
NGUYÊN VAN NHON: Nosotros somos Iglesia. La Iglesia sigue siempre la vía del diálogo. Y respeta a las autoridades civiles. El Papa acaba de decirnos que la Iglesia invita a sus hijos a comprometerse lealmente en la edificación de una sociedad igualitaria y solidaria. La Iglesia –esto nos dijo textualmente Benedicto XVI, durante nuestra reciente visita ad limina– «no quiere de ningún modo sustituir a los responsables del gobierno, sólo desea poder participar, con espíritu de diálogo y colaboración respetuosa, en la vida de la nación, al servicio de todo el pueblo».
En la actual y delicada contingencia histórica, ¿es la recuperación de los bienes inmuebles una prioridad tan impelente para la Iglesia?
NGUYÊN VAN NHON: No tratamos de acaparar bienes para volvernos ricos y poderosos. Pedimos solo el minimum para seguir trabajando y sirviendo a nuestro pueblo. La Iglesia crece, y necesita los instrumentos mínimos para llevar a cabo su misión apostólica y ayudar a los pobres. En función de este trabajo los medios pueden ser útiles.
![Una joven confesándose en el santuario mariano de La Vang en la provincia de Quang Tri [© Afp/Grazia Neri]](/upload/articoli_immagini_interne/1249638201017.jpg)
¿La evolución de las relaciones entre la
Iglesia y el gobierno de Vietnam es realmente un modelo que tener presente
para superar las anomalías vividas por la comunidad católica
en la China popular?
NGUYÊN VAN NHON: Yo pienso que en la vida de la Iglesia no se trata de exportar modelos. La Iglesia de Vietnam es buena para la situación de Vietnam. China es muy grande, muy compleja. No sé si lo que se hace en Vietnam se puede hacer en China. Pero si miramos a Jesús, y a la Iglesia como Él la fundó, ese es el modelo para todos. Jesús edificó su Iglesia sobre Pedro y sus sucesores. Y ese es el modelo que vale para todos, en Vietnam, en China, en América y en cualquier otro lugar.
Pero habrá diferencias. La Iglesia vietnamita, por ejemplo, se presenta como una Iglesia humilde, entre otras cosas por la historia que le ha tocado vivir.
NGUYÊN VAN NHON: Pero esta condición de humildad es una vocación para todos. Toda la Iglesia ha de ser humilde, sencilla, caritativa, imitando a Jesús. Esto vale para toda la Iglesia, también para la Iglesia que está en América, si es la Iglesia de Cristo.
También en el camino para normalizar las relaciones entre la Santa Sede y el gobierno vietnamita elegir la paciencia humilde ha dado buenos frutos. Son muchos los que hasta ahora han sembrado bien, en silencio, sin protagonismos.
NGUYÊN VAN NHON: El primer acercamiento lo hizo Etchegaray en 1989. Desde entonces, ha habido visitas oficiales. Monseñor Pietro Parolin, el subsecretario de la Secretaría de Estado que sigue actualmente los asuntos de Vietnam, ha venido aquí ya cuatro veces en los últimos años. Y los resultados han sido cada vez mejores. Nosotros rezamos mucho porque el establecimiento de relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y el gobierno vietnamita supondría tener un representante del Papa aquí de forma permanente, y no solo una vez al año. Poco a poco se llegará a eso, antes o después.
![Pierre Nguyên Van Nhon, obispo de Dà Lat, con Benedicto XVI [© Osservatore Romano]](/upload/articoli_immagini_interne/1249638200892.jpg)
Pierre Nguyên Van Nhon, obispo de Dà Lat, con Benedicto XVI [© Osservatore Romano]
PIERRE NGUYÊN VAN NHON: Vemos que la recesión económica mundial pesa incluso en las cosas más íntimas de la vida de las personas. Aquí el noventa por ciento de la población trabaja en el campo, pero por la crisis económica los productos de la tierra ya no dan lo necesario para vivir. Así que todos dejan el campo y se amontonan en la ciudad. Dejan la familia, a las personas queridas, sus costumbres. Como inmigrantes muchos acaban por desorientarse ante los problemas que deben afrontar. A Saigón han llegado en poco tiempo dos millones de inmigrantes, entre ellos hay cien mil católicos, que se sienten en una situación de abandono y fragilidad. Muchos dejan de ir a la iglesia, de rezar. Todo esto sucede también por la crisis.
Y usted, ¿cómo es que se hizo cristiano y luego sacerdote?
NGUY N VAN NHON: Mi familia era católica de generaciones. En cada familia católica había por lo menos una vocación religiosa. En la mía, de seis hijos que éramos, dos hermanas mías entraron en el convento y yo me fui al seminario. Crecimos con sencillez. Íbamos a misa casi todos los días. Comulgábamos. Rezábamos las oraciones de la noche, y las de antes y después de las comidas. Pasaba lo mismo en buen aparte de las familias católicas vietnamitas. Yo le doy gracias a Dios, y soy feliz de haber conservado mi vocación.
Y ahora, ¿es lo mismo?
NGUYÊN VAN NHON: Muchas cosas han cambiado. La vida para muchos está ahora llena de compromisos y trabajo, se va menos a misa. Demos siempre gracias a Dios, porque generalmente en las familias cristianas todavía sigue habiendo piedad y devoción. Con una fe sencilla, alimentada por la oración y los sacramentos. Y hay muchos que de mayores se hacen cristianos.
¿Cómo ocurre esto, por lo general?
NGUYÊN VAN NHON: Muchos entrar a formar parte de la Iglesia cuando se casan con un católico o una católica. Algunos, más intelectuales, viven una insatisfacción, se plantean preguntas, y luego pues a veces ocurre que encuentran a alguien –curas, laicos, religiosos– que les ayuda a encontrar respuestas.
¿Es fácil recibir el bautismo?
NGUYÊN VAN NHON: Para los neófitos la preparación contempla dos años de catecismo. Pero normalmente se hacen seis meses, o un año. En mi diócesis tenemos cada año entre ocho y nueve mil bautizados, de los que tres mil son adultos, y entre cinco y seis mil niños de las familias cristianas. En las diócesis grandes, entre cuatro y cinco mil bautismos de adultos al año.
![Fieles a la salida de la misa del domingo en la Catedral de San José, Hanoi [© Contrasto]](/upload/articoli_immagini_interne/1249638200955.jpg)
Fieles a la salida de la misa del domingo en la Catedral de San José, Hanoi [© Contrasto]
NGUYÊN VAN NHON: Quienes usan estos argumentos lo hacen por propaganda o para reavivir viejas polémicas. Jesucristo nació en Asia. Sus parábolas están llenas de referencias a las costumbres de la vida de pueblos asiáticos. Luego el anuncio evangélico llegó a Vietnam con los misioneros franceses y portugueses, por lo que algunos dicen que es cosa extranjera. Otros responden que no, que el cristianismo es una religión de Oriente. Para mí quizá es mejor no perder demasiado tiempo en estas cosas. O por lo menos no darles más importancia de la que merecen. Católico quiere decir para todos. Claro que es necesario que la misión apostólica tenga siempre en cuenta las condiciones de civilización de los distintos contextos. En un encuentro reciente, celebrado en Tailandia, donde se hablaba de la misión en Asia, se repitió que a nosotros nos conviene contar la vida de Jesús de la manera más acorde a como Él mismo predicaba hace dos mil años, con sus parábolas. Una manera oriental, no racionalista.
¿También hay que darle el valor que se merecen a los recientes enfrentamientos con el gobierno vietnamita por la devolución de las propiedades eclesiásticas?
NGUYÊN VAN NHON: Esta es una cuestión que hay que encuadrar en la historia de nuestro país. Antiguamente aquí existía la propiedad privada. Luego se instauró un sistema que defiende la propiedad colectiva de los bienes. Claro, el mundo es para todos, lo que Dios creó lo creó para todos. Pero decir eso puede ser abstracto. Están las personas, los grupos sociales con sus derechos. Si estos derechos hay que dejarlos a un lado por un bien superior, esto se puede comprender. Pero si se confiscan los bienes para que sean de todos y luego, en cambio, se utilizan de manera egoísta, para que solo algunos se enriquezcan, esto no está bien, y no se puede seguir hablando de bien común.
¿Es lo que ha pasado con los bienes que pertenecían a la Iglesia?
NGUYPEN VAN NHON: A veces estos bienes confiscados no se han utilizado para el bien común. La Iglesia pide que se les devuelvan no para ella misma, por voluntad de acaparamiento y Dialogar incluso cuando es difícil, y se requiere paciencia. Dialogar para buscar la justicia, y la caridad, para servir el bien de todos. Ahora se abre algún resquicio, nos comprendemos algo mejor, y de todos modos sabemos que la lucha continua y la contraposición no favorece a nadie.
Informando sobre esta situación, algunos medios de comunicación occidentales han subrayado que el régimen comunista vietnamita tiene miedo de la Iglesia local.
NGUYÊN VAN NHON: Nosotros somos Iglesia. La Iglesia sigue siempre la vía del diálogo. Y respeta a las autoridades civiles. El Papa acaba de decirnos que la Iglesia invita a sus hijos a comprometerse lealmente en la edificación de una sociedad igualitaria y solidaria. La Iglesia –esto nos dijo textualmente Benedicto XVI, durante nuestra reciente visita ad limina– «no quiere de ningún modo sustituir a los responsables del gobierno, sólo desea poder participar, con espíritu de diálogo y colaboración respetuosa, en la vida de la nación, al servicio de todo el pueblo».
En la actual y delicada contingencia histórica, ¿es la recuperación de los bienes inmuebles una prioridad tan impelente para la Iglesia?
NGUYÊN VAN NHON: No tratamos de acaparar bienes para volvernos ricos y poderosos. Pedimos solo el minimum para seguir trabajando y sirviendo a nuestro pueblo. La Iglesia crece, y necesita los instrumentos mínimos para llevar a cabo su misión apostólica y ayudar a los pobres. En función de este trabajo los medios pueden ser útiles.
![Una joven confesándose en el santuario mariano de La Vang en la provincia de Quang Tri [© Afp/Grazia Neri]](/upload/articoli_immagini_interne/1249638201017.jpg)
Una joven confesándose en el santuario mariano de La Vang en la provincia de Quang Tri [© Afp/Grazia Neri]
NGUYÊN VAN NHON: Yo pienso que en la vida de la Iglesia no se trata de exportar modelos. La Iglesia de Vietnam es buena para la situación de Vietnam. China es muy grande, muy compleja. No sé si lo que se hace en Vietnam se puede hacer en China. Pero si miramos a Jesús, y a la Iglesia como Él la fundó, ese es el modelo para todos. Jesús edificó su Iglesia sobre Pedro y sus sucesores. Y ese es el modelo que vale para todos, en Vietnam, en China, en América y en cualquier otro lugar.
Pero habrá diferencias. La Iglesia vietnamita, por ejemplo, se presenta como una Iglesia humilde, entre otras cosas por la historia que le ha tocado vivir.
NGUYÊN VAN NHON: Pero esta condición de humildad es una vocación para todos. Toda la Iglesia ha de ser humilde, sencilla, caritativa, imitando a Jesús. Esto vale para toda la Iglesia, también para la Iglesia que está en América, si es la Iglesia de Cristo.
También en el camino para normalizar las relaciones entre la Santa Sede y el gobierno vietnamita elegir la paciencia humilde ha dado buenos frutos. Son muchos los que hasta ahora han sembrado bien, en silencio, sin protagonismos.
NGUYÊN VAN NHON: El primer acercamiento lo hizo Etchegaray en 1989. Desde entonces, ha habido visitas oficiales. Monseñor Pietro Parolin, el subsecretario de la Secretaría de Estado que sigue actualmente los asuntos de Vietnam, ha venido aquí ya cuatro veces en los últimos años. Y los resultados han sido cada vez mejores. Nosotros rezamos mucho porque el establecimiento de relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y el gobierno vietnamita supondría tener un representante del Papa aquí de forma permanente, y no solo una vez al año. Poco a poco se llegará a eso, antes o después.