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VIETNAM
Sacado del n. 06/07 - 2009

¿El Papa a Vietnam? Ahora es posible



por Gianni Valente


Benedicto XVI con el primer ministro vietnamita Nguyên Tân Dung durante la audiencia privada del 25 de enero de 2007 [© Paolo Galosi/Vatican pool]

Benedicto XVI con el primer ministro vietnamita Nguyên Tân Dung durante la audiencia privada del 25 de enero de 2007 [© Paolo Galosi/Vatican pool]

El gobierno vietnamita «no es contrario» a una visita del Papa a Vietnam. Esto dice con non chalance el obispo Pierre Nguyên Van Nhon en la entrevista publicada en estas páginas. La frase, dejada caer en negativo, como para conjurar su alcance, alude a la circunstancia que ha hecho que crezcan las posibilidades de un inminente viaje de Benedicto XVI a tierra vietnamita.
Los obispos de aquel país, antes de venir a Roma en la segunda mitad de junio para realizar su visita ad limina apostolorum, recibieron de los emisarios del gobierno vietnamita la consigna de hacerle saber al Papa y sus colaboradores que para el régimen de Hanoi una visita papal sería algo grato. El cardenal Jean Baptiste Pamh Minh Mân, arzobispo de Ciudad Hô Chi Minh, confirmó en una entrevista a la agencia Ucanews que la solicitación informal fue hecha por funcionarios de la Oficina de asuntos religiosos de Hanoi, que la confiaron verbalmente al arzobispo de Hanoi, Joseph Ngô Quang Kiêt. La misión fue llevada a cabo prontamente. En los encuentros realizados por los obispos vietnamitas en los palacios vaticanos –el último, con los más altos cargos de la Secretaría de Estado, el pasado 3 de julio– comenzaron los primeros intercambios de ideas sobre cómo aprovechar de la mejor manera posible la apertura expresada hasta ahora solo verbalmente por las autoridades vietnamitas, para que Benedicto XVI pueda atravesar pronto las fronteras de uno de los países que quedaron sin pisar por su predecesor trotamundos. Antes de finales del año tendrá lugar –esta vez en Roma– la segunda reunión del grupo de trabajo conjunto instituido para promover las relaciones diplomáticas entre Vietnam y la Santa Sede. En esta sesión de trabajo será posible evaluar detalladamente también la eventual visita papal al país asiático. Además, el presidente vietnamita Nguyên Minh Triet realizará en diciembre una visita oficial a Italia, y podría cruzar el Portón de Bronce para ser recibido en audiencia por el Papa. En lo tocante al ámbito eclesial, no faltan desde luego ocasiones para una visita del papa Ratzinger a Vietnam. La Iglesia vietnamita ha proclamado un año jubilar –que será inaugurado el próximo 24 de noviembre y terminará el 6 de enero de 2011– para celebrar el 350 aniversario de la constitución de los dos primeros vicariatos apostólicos del país y el 50 aniversario de la constitución de la jerarquía católica en el país. El programa de las celebraciones, que terminarán con una peregrinación al santuario nacional de La Vang, prevé también una gran asamblea eclesial en Hanoi, en la que participarán representantes de todas las diócesis vietnamitas.
La visita papal consagraría la larga marcha de distensión entre Vietnam, la Santa Sede y la Iglesia local, comenzada hace más de veinte años después de la época oscura que siguió a la unificación del país bajo el régimen comunista. Quien abrió los canales de contacto fue el cardenal Roger Etchegaray, entonces presidente del Pontificio Consejo «Justicia y Paz», con su viaje a Hanoi de 1989. Desde entonces, delegaciones vaticanas han ido a Vietnam dieciséis veces para resolver pacientemente complicaciones y dificultades ligadas al control político de la vida eclesial, mediante negociaciones con las autoridades civiles. Andando el tiempo se ha reestablecido el funcionamiento a pleno ritmo de los seminarios, que han vuelto a abrirse, se ha encontrado un modus vivendi sobre el mecanismo de selección de los obispos, se han sentado las bases para desplegar cada vez más y mayores iniciativas sociales y caritativas de la Iglesia.
En los últimos tiempos las relaciones entre el régimen vietnamita y algunos sectores de la Iglesia local han vuelto a complicarse. El motivo es la no devolución –a pesar de las promesas hechas varias veces por importantes representantes del gobierno– de algunos bienes inmuebles eclesiásticos confiscados por el régimen en los años cincuenta. El primer contencioso, entre diciembre de 2007 y enero de 2008, se desarrolló en torno a la antigua sede de la delegación apostólica en Hanoi. Una nueva llamarada de tensión, a partir de finales de agosto de 2008, arrancó también de Hanoi de la petición de recuperar las tierras que pertenecían a la parroquia de Thai Ha, que tienen a su cargo los Redentoristas, que se habían dado en uso a una empresa turística gubernamental con el permiso de construir un hotel. En ambos casos las reivindicaciones públicas de parte católica se concretizaron en procesiones, misas y rosarios convocados en los lugares de la contienda. A finales de agosto de 2008 se registraron los enfrentamientos más graves, con arrestos y cargas de la policía para dispersar a los grupos en oración. Los ataques verbales y mediáticos instigados por el gobierno afectaron sobre todo al arzobispo de Hanoi, Joseph Ngô Quang Kiêt (algunos políticos de segunda fila pidieron públicamente que fuera alejado del cargo). Kiêt fue criticado también por el primer ministro, Nguyên Tân Dung, que en enero de 2007 fue recibido en audiencia por el Papa. (Ahora, el hecho de que los funcionarios gubernamentales le hayan encargado precisamente a él la tarea de hacer llegar al Vaticano la invitación verbal al Papa parece indicar una distensión en las relaciones entre el Gobierno y el arzobispo de Hanoi).
Un grupo de niñas durante la misa en la Catedral de Phát Diêm [© Afp/Grazia Neri]

Un grupo de niñas durante la misa en la Catedral de Phát Diêm [© Afp/Grazia Neri]

En todo esto, la Santa Sede ha mantenido una actitud prudente, invitando incluso a los sectores eclesiales más implicados en las protestas a privilegiar el camino del diálogo y la moderación. Por lo demás, precisamente en los meses en los que las agencias de información occidentales representaban con tonos alarmados los enfrentamientos como si fueran una guerra sin cuartel entre católicos vietnamitas y el régimen, en el diálogo con las autoridades civiles la Iglesia ha conseguido una serie de peticiones de impacto muy distinto sobre la vida ordinaria de la estructura eclesial vietnamita. En otoño de 2007, también el seminario de Nha Trang –después de los de Hanoi y Ciudad Hô Chi Minh– consiguió el permiso de reclutar cada año nuevos candidatos al sacerdocio, archivando el viejo sistema que limitaba burocráticamente el número de seminaristas; después de los nombramientos más recientes, publicados el pasado 25 de julio, sólo la diócesis de Ban Mê Thuôt, en el centro del país, sigue gobernada por un obispo con más de 75 años; en octubre de 2008, con la autorización de la Oficina Gubernamental para Asuntos Religiosos, volvió a funcionar, después de treinta años de ausencia, también la Cáritas vietnamita, que volvió a activarse tanto a nivel nacional como en la red de las parroquias.
Los preparativos del probable viaje papal podría favorecer la ocasión para descongestionar también el espinoso expediente de los bienes inmuebles reivindicados, favoreciendo soluciones de compromiso (el gobierno ha manifestado su disponibilidad a realizar permutas) y dejando a parte actitudes rígidas e incongruentes enfrentamientos de principio sobre cuestiones relativamente secundarias. La única dificultad con que tendrá que medirse el “estudio de factibilidad” del viaje papal es más bien concreta: la vietnamita es una Iglesia pobre, los pocos recursos de que dispone están absorbidos por los providenciales ritmos de crecimiento de la comunidad católica, y habrá que buscar en otro lugar los recursos para ofrecer al Obispo de Roma la acogida que se merece. También de esto han hablado los obispos vietnamitas en sus coloquios romanos. Con la esperanza de que alguien –a ser posible alguna Iglesia hermana más “rica”– se lleve la mano al a"> Italiano English Français Deutsch Português