Moscú. La tradición y el ecumenismo
Élogio de lo esenci al y del diálogo
Entrevista con Vsevolod Chaplin, presidente del Departamento sinodal para las relaciones entre Iglesia y sociedad
Entrevista a Vsevolod Chaplin por Giovanni Cubeddu y Fabio Petito
![Vsevolod Chaplin [© Afp/Grazia Neri]](/upload/articoli_immagini_interne/1255615339912.jpg)
Vsevolod Chaplin [© Afp/Grazia Neri]
VSEVOLOD CHAPLIN: Ante todo, la Iglesia ha manifestado su unidad. Pese a las distintas preferencias expresadas en el momento de la elección del Patriarca –durante el Concilio cierto número de preferencias fueron a distintas personalidades– estuvo apoyado por la inmensa mayoría de los votos y el Concilio percibió claramente su unidad. Después de la elección el Santísimo Patriarca recibió el apoyo activo de toda la jerarquía, incluso de quienes habían sido candidatos al trono patriarcal. Además, personalmente, como participante en el Concilio, advertí un verdadero espíritu de unidad mística de la Iglesia. Todos eran realmente una sola cosa a la hora de elegir, una sola cosa a la hora de rezar, una sola cosa a la hora de sentir gozo por que la Iglesia hubiera elegido al nuevo Patriarca. Y del mismo modo, con unanimidad estupenda, se aprobaron las resoluciones conclusivas del Concilio que subrayan especialmente la actividad de la Iglesia entre los jóvenes, el compromiso misionero y de apostolado, para que sean cristianas realmente las decenas de millones de personas que hoy se declaran ortodoxas, pero que a menudo están lejos de la vida eclesial real, del conocimiento de la fe ortodoxa, de la vida según los mandamientos de Cristo. Considero que ya antes de este Concilio local se había ido afirmando en la Iglesia la idea de que hoy es necesario edificar no tanto los lugares de culto, ya construidos o reparados en gran número, sino el alma de las personas. Y precisamente de esto hablaba cada vez más a menudo en los últimos años de su vida el difunto santísimo patriarca Alexis II.
La elección de un nuevo patriarca está siempre rodeada de muchas expectativas. ¿Qué se espera usted para la Iglesia rusa?
CHAPLIN: Me espero todo lo que se afirmó en las resoluciones del Concilio local y en el discurso del Santísimo Patriarca tras su entronización: impulso a la actividad misionera y de apostolado, compromiso formativo de la Iglesia, diálogo con las distintas fuerzas sociales y con el Estado. Me espero que la nuestra se convierta completamente en una Iglesia de la gente, que sepa cuáles son las expectativas del pueblo, que disponga de lo necesario para responder a estas esperanzas y que esté en condiciones de hacer llegar la voz profética de la verdad a quienes están en el poder, a las élites, a todos los que toman las decisiones en la sociedad.
El patriarca Kirill ha dicho que no quiere ser considerado un “reformador”. ¿Qué significan en la Iglesia rusa ortodoxa de hoy términos como “unidad” y “pluralidad”, “tradición” y “modernidad”? Y ¿cuáles son las almas que componen la Iglesia rusa ortodoxa?
CHAPLIN: La Iglesia ortodoxa es por definición guardiana de las tradiciones. No porque le guste todo lo que es viejo, sino porque sabe que las verdades eternas son inmutables, precisamente porque Dios es inmutable. La verdadera tradición es la capacidad de custodiar la verdad, que es siempre una sola, independientemente de las cambiantes circunstancias históricas. Cuando se vive esta verdad, cuando se es consciente de ella, cuando se es fiel a ella, es fácil comprender que los modos culturales que expresan esta verdad pueden cambiar repentinamente sin invalidarla. Por ello, qué duda cabe de que en nuestra Iglesia, por lo que respecta a la unidad de la fe, a la idea de un Dios eterno e inmutable, de su relación con el mundo y el hombre, existen muchísimas formas particulares y modos de expresión humana. En nuestra Iglesia hay, en efecto, fieles de decenas de nacionalidades desparramadas por todos los continentes, personas de edades distintas, de convicciones políticas distintas, a veces diametralmente opuestas. Entre nuestros hijos he encontrado a hombres de ideas contrapuestas, desde ultramonárquicos a comunistas radicales, desde quienes escuchan solo música clásica a quienes escuchan solo rock. Dentro de esta diversidad –que existe realmente– la Iglesia seguirá siempre existiendo, porque representa una grandísima comunidad de personas muy diversas, y dentro de esta multiplicidad es importante no perder esa verdad gracias a la que vivimos.
En el último Concilio que eligió al patriarca Kirill, la presencia de los delegados de las eparquías rusas era menos del cincuenta por ciento del total. Los demás venían de fuera de las fronteras rusas. ¿Qué representa y cuál es la percepción que de sí misma tiene la Ortodoxia rusa actualmente? ¿Sobre qué temas se interroga?
CHAPLIN: Los interrogantes que plantea son numerosos… Y es difícil destacar uno en especial. Si se considera la cooperación entre la Iglesia y la sociedad –que es lo que me interesa en este momento– cada día hay que afrontar decenas de cuestiones de lo más variado, cada una de las cuales es lo más importante para un determinado grupo de personas. Por ejemplo, recientemente el ombudsman [el defensor del pueblo, n. de la r.] Vladimir Lukin y yo hemos hecho de mediadores en un encuentro entre los representantes de algunos Ministerios y departamentos estatales y los antiglobalización ortodoxos que protestan activamente contra el sistema de adquisición global electrónica de los datos sensibles de la persona, considerando –en gran medida con razón– que la recogida de información sobre todo lo que uno hace a lo largo de su vida otorga al Estado y a los órganos supranacionales un excesivo poder. Está claro que para ese grupo el problema planteado es de grandísima importancia. El mismo día, en una conferencia ruso-alemana, afrontamos la cuestión del planteamiento de las relaciones Iglesia-Estado en Europa y en el mundo. Después me entrevisté con los representantes del Ministerio de Justicia encargados de afrontar la preocupación despertada en la sociedad por la actividad de los misioneros extranjeros, otro tema notable. Hace algunos días, además, mantuve una reunión con quien está elaborando el nuevo modelo estatal de instrucción escolar. Naturalmente, muchos están esperando comprender qué lugar tendrá reservada la enseñanza positiva de la religión dentro de este modelo. Como se ve, los compromisos son muchísimos. Y naturalmente esto sucede porque somos una Iglesia hecha de personas distintas. Contamos con miles de parroquias en países como Ucrania, Bielorrusia, Moldavia, donde, naturalmente, viven “su tema del día”, su propia realidad política. Tenemos distintas parroquias también en los países del Báltico y de Asia central, donde las situaciones políticas son muy variadas. Y en cada una de ellas, los fieles tienen sus ansias, sus peticiones. De modo que las cuestiones que afrontar hoy son innumerables.
![Vista de la Catedral de Cristo Salvador en Moscú [© Associated Press/LaPresse]](/upload/articoli_immagini_interne/1255615339959.jpg)
Vista de la Catedral de Cristo Salvador en Moscú [© Associated Press/LaPresse]
CHAPLIN: Somos una comunidad bastante extendida y consistente. Contamos en varios países y situaciones muy distintas con casi 30.000 parroquias, y a veces estas realidades a nivel social están sencillamente a años luz unas de otras. Por ejemplo, no ven ante sí ningún futuro y piensan solo en cómo emigrar a Rusia. Tenemos más de ochocientos monasterios, distintos entre sí: grandes complejos como el monasterio de la Trinidad de San Sergio y conventos pequeños donde viven y trabajan cinco o seis monjas. Existe también una enorme variedad de organizaciones sociales ortodoxas: asociaciones patriótico-militares, grupos juveniles que se ocupan de la reparación de iglesias y monasterios, asociaciones de beneficencia, comunidades religiosas femeninas especiales, periódicos y revistas ortodoxos, canales de televisión y radio, teatros –profesionales y aficionados–, cineclubs, grupos de motociclistas (muchos de los cuales mantienen en este momento contactos activos con las parroquias), editoriales que publican un número cada vez mayor de obras literarias. Hace ya dos o tres años que asistimos a una explosión de la actividad literaria de sacerdotes y fieles, y se publican libros interesantes –tanto para niños como de tema filosófico y político–. Y creo que la realidad de nuestra Iglesia, muy variada en el presente, se irá diversificando cada vez más.
La Iglesia y la cultura. En el debate actual, para asegurarse una moneda de intercambio con el mundo, se maneja a menudo la noción de “valor”. ¿No se corre el riesgo de caer así en una idealización y cristalización de la vida evangélica, o hablar de una humanidad abstracta?
CHAPLIN: Es una pregunta muy interesante. Sin embargo, creo que el proyecto de crear un sistema universal de valores no se ha concretizado. Así como tampoco el de crear una religión de Estado. Quizá este proyecto está también en condiciones de realizarse precariamente mientras haya una sociedad que vive en paz y en relativo bienestar y estabilidad. Pero cuando se le pide al hombre que sacrifique su confort, el bienestar o hasta la vida, o por lo menos, que limite concretamente sus exigencias materiales, sus caprichos, la costumbre a la comodidad y las actitudes egoístas, entonces en semejantes condiciones un sistema de valores sin fe funciona muy mal. En el choque cultural entre el mundo occidental y el islámico vemos, por ejemplo, que la visión religiosa y la visión laica se llevan a un enfrentamiento extremo, un enfrentamiento entre libertad y poder. Los fautores del secularismo entendido como modelo social que ofrece, en cierto sentido, más perspectivas, se quedan sin argumentos. Y hoy ha empezado a flojear también su última consigna, es decir, que los países laicizados viven de manera más cómoda y pacífica que los que tienen un nivel de religiosidad mayor. Asistimos cada vez más al hecho de que esto no dura para siempre. Creo que una visión del mundo secularizada, sin religión, no puede ser considerada como una excelente plataforma para reconciliar las religiones e instaurar el diálogo entre las visiones del mundo. Esta concepción del mundo, la secular, ha de seguir siendo una más, con el mismo peso que las demás en el diálogo. No menos que las otras, pero tampoco más. Y estoy convencido –como se repite a menudo en el Fórum público mundial “Diálogo de civilizaciones”– que es posible construir para el mundo el mejor de los futuros posibles solo cuando los favorables a los modelos de organización social y política y los fautores de las distintas tesis sobre el papel de la religión en la sociedad tengan la posibilidad de dialogar sin prejuicios hacia el interlocutor. Es decir, sin tratar de cambiar a los demás, reconociendo a todas las visiones del mundo el derecho a modelar una determinada parte de la comunidad nacional y mundial.
Con el Estado mantenemos el diálogo, tratamos de cooperar… de una u otra manera, nos esforzamos en hacer lo mismo: servir juntos a la gente. Y este es precisamente el modelo ideal ortodoxo, “la armonía”
Usted es el primer dirigente de la Iglesia rusa que ha
visitado oficialmente Arabia Saudita. ¿Qué idea de
“diálogo de civilizaciones”, que acaba de citar, tiene
el Patriarcado y cómo se ha de poner en práctica?
CHAPLIN: El diálogo entre civilizaciones y religiones es hoy una línea de acción de gran importancia para el mundo. No por nada en Rusia, así como en Asia central y en Azerbaiyán, hace muchos siglos que existe el diálogo entre ortodoxos, cristianos y musulmanes. Tenemos buenas relaciones también con judíos y budistas. Es necesario conocerse mejor, recordar que tenemos mucho en común y tratar juntos, cuando sea posible, de hablar de las leyes eternas de la vida y de la dimensión moral de la existencia a quienes por enésima vez se encaminan hacia la ruina y la desventura. Estos, por desgracia, tratan de arrinconar la dimensión moral y espiritual de la vida, como si fuera algo obsoleto e innecesario. Sin duda alguna esta es una de las razones por las que tratamos de desarrollar relaciones interreligiosas, tanto en el ámbito de nuestro Consejo interreligioso de Rusia como en los contactos concretos de cada día. Estoy convencido de que estas relaciones seguirán, no hay más remedio, pues vivimos juntos desde hace muchos siglos.
La sociedad rusa. El Señor Jesús dijo que los pobres estarán siempre con nosotros. La Iglesia de ustedes colabora plenamente en el desarrollo económico del país. El metropolitano Kirilll hace pocos años promovió un código de comportamiento económico basado en los diez mandamientos bíblicos, entendidos como lenguaje esencial, como base para un acuerdo sobre lo mínimo indispensable y como propuesta de un compromiso posible para todos los actores sociales. ¿Es así?
CHAPLIN: Este documento fue aprobado en 2004 por el Concilio mundial popular ruso y no se trata de un documento estrictamente religioso. Sí, el metropolitano Kirill fue quien lo puso en marcha, pero en su elaboración participó un grupo de personas muy distintas, en especial economistas de “derecha”, de “izquierdas” y de “centro”. Y no se escribió como un documento religioso, ni siquiera hay en él una sola expresión marcadamente teológica. Su objetivo era proponer al Estado, al mundo de los negocios y a los operadores un conjunto de reglas que tienen que ver con la fidelidad a la palabra dada, el rechazo de la corrupción, la renuncia a la excesiva influencia de la economía en la política y los medios de comunicación, cosa que era especialmente actual en la Rusia de aquel tiempo. Se proponía, además, crear una cultura del comportamiento en el mundo de los negocios, que comportaba el rechazo de la vulgaridad en el habla, del engaño, de los abusos sexuales, etc. Este documento se les había propuesto a los líderes de la economía y a la sociedad en general y hay que admitir que dio lugar a un debate muy encendido. Sé que incluso en una región fue adoptado como texto guía por el gobernador, por la unión de los empresarios y por los gremios locales, implicando incluso a la eparquía local. Claro, hay quien dijo que no era asunto de la Iglesia ocuparse de economía, que era un campo reservado exclusivamente a los expertos, pero yo no estoy para nada de acuerdo con esto, aunque solo sea porque la esfera de la economía afecta directamente a la vida cotidiana de la gente. Y todo lo que le preocupa a la gente ha de preocuparle también a la Iglesia.
Usted mencionaba antes algunos temores sobre la enseñanza de la religión en las escuelas rusas. ¿No sería conveniente considerar la experiencia internacional en este asunto?
CHAPLIN: Ha llegado el momento de hacer esto también. Aquí, en el campo de la instrucción domina una inercia “de tipo soviético”. La Iglesia propone, en cambio, todo lo que ya ha sido experimentado en gran parte de los países europeos, es decir, que se hagan programas escolares que incluyan una hora de asistencia obligatoria en la que se pueda elegir entre la enseñanza de los fundamentos de una religión o, supongamos, de una ética laica. O bien un curso comparativo sobre todas las religiones en su conjunto. A mi modo de ver, es totalmente necesario garantizar la posibilidad de decidir. En nuestra sociedad existen varios grupos, cada uno de ellos con su propia visión del mundo: cristianos ortodoxos, musulmanes, judíos, budistas, católicos, protestantes, no creyentes. La escuela no debe tratar de “meterlos a todos en el mismo saco”, y al mismo tiempo ha de crear las condiciones para que los estudiantes reciban una educación moral según el credo compartido en sus familias.
¿Cómo afrontará su nueva carga en el Patriarcado de Moscú, en la dirección del Departamento sinodal para las relaciones entre la Iglesia y la sociedad?
CHAPLIN: Como alguien que cada día ha de afrontar una cantidad enorme de cuestiones que resolver, esquivando los peligros. El Departamento tiene dos ámbitos de acción principales. Uno es la participación en los debates legislativos, el diálogo con los órganos del poder legislativo de Rusia y de los otros países del territorio canónico de nuestra Iglesia. El otro son las relaciones con toda una serie de organizaciones sociales, ortodoxas y laicas, tanto asociaciones culturales, partidos políticos, gremios, uniones de empresarios, clubs de distinta tipología según intereses específicos. Muchos se dirigen al Santísimo Patriarca con peticiones, a las que hay que preparar una respuesta. Espero que estemos en condiciones de elaborar un sistema estratégico de interacción en el que tanto las esperanzas de la Iglesia como las de la sociedad secular encuentren su lugar, para poder responder no solo a los inputs recíprocos, sino también proyectar una vida y una actividad común para el futuro inmediato.
![El patriarca de Moscú, Kirill, saluda al presidente ruso Dimitri Medvédev, y al primer ministro ruso Vladimir Putin, durante la liturgia de la Pascua en la Catedral de Cristo Salvador, en Moscú, el 19 de abril de 2009 <BR>[© Associated Press/LaPresse]](/upload/articoli_immagini_interne/1255615411506.jpg)
El patriarca de Moscú, Kirill, saluda al presidente ruso Dimitri Medvédev, y al primer ministro ruso Vladimir Putin, durante la liturgia de la Pascua en la Catedral de Cristo Salvador, en Moscú, el 19 de abril de 2009
[© Associated Press/LaPresse]
CHAPLIN: Aquí la Iglesia está separada del Estado no solo formalmente, sino también en la sustancia. El Estado no financia la actividad religiosa de las organizaciones eclesiales. Determinados fondos, aunque están lejos de ser suficientes, se dedican a la reconstrucción de los monumentos arquitectónicos que son propiedad del Estado pero que son utilizados por las comunidades religiosas. En el ejército no existen capellanes regulares, la religión no se enseña en gran parte de las escuelas, de modo que la separación entre Iglesia y Estado es aquí mucho más clara que en la mayor parte de los países europeos. Y según ciertos parámetros, es aún más acentuada que en los Estados Unidos. Con el Estado mantenemos el diálogo, tratamos de cooperar. Discutimos mucho. Yo soy uno de esos que a menudo llega a perder la voz durante las reuniones con los representantes de los órganos gubernamentales. Son muchos los puntos de desacuerdo, ya se trate de la enseñanza de la religión en las escuelas, de la devolución de bienes a la Iglesia, de la situación de la moral común, de la publicidad a los límites de la pornografía, del comercio del alcohol, de los abusos sexuales a niños. Sobre todos estos temas hay discusiones bastante complejas, pero de una u otra manera nos esforzamos en hacer lo mismo: servir juntos a la gente. Y este es precisamente el modelo ideal ortodoxo, “la armonía”, según la cual la Iglesia y el Estado, aun estando separados y sin temer afrontar cuestiones complejas, tienen que actuar al mismo tiempo por el bien de la gente, completándose siempre que sea posible.
Un modelo ideal, aunque estamos en una época de gran crisis económica y política del orden mundial. ¿Cuál es la opinión sobre esto del Patriarcado?
CHAPLIN: Ante todo, como ya he dicho, hay que comenzar a respetar las tradiciones, las instituciones estatales, las leyes y las reglas por las que se rigen las distintas sociedades, incluso cuando estas reglas, leyes y tradiciones son diametralmente opuestas a las aceptadas en Occidente –que a veces, por desgracia, tiende a considerarse el único modelo de las tendencias políticas y normativas a escala mundial–. El dinero simboliza el trabajo del hombre y los valores establecidos por éste. En el campo de la economía, entonces, hay que restablecer el nexo entre el dinero, los valores y el trabajo del hombre. Cuando el mercado se transforma de método y medio de intercambio de los frutos del trabajo en un intercambio de cifras que simbolizan garantías de garantías mediante recibos de préstamos, etc, se llega inevitablemente al crack. De esto habla toda la historia del hombre y también el momento actual.
Sabemos que posee usted el don de contar la realidad con anécdotas divertidas.
CHAPLIN: Ahí tiene la última: «Se dice que va a llegar pronto un nuevo virus informático llamado “Inquisidor”. Controlará la rectitud teológica de las páginas web y eventualmente mostrará el siguiente aviso: “¡Atención! ¡Herejía encontrada en este sitio! Cerrar inmediatamente la conexión, luego reiniciar y hacer bendecir de nuevo el ordenador”».