ITINERARIOS
Sacado del n. 08 - 2009

Las tumbas de los apóstoles

San Mateo


Jesús acoge en el grupo de sus íntimos a un hombre que era considerado un pecador público


por Lorenzo Bianchi


San Mateo

San Mateo

Mateo o Levi, como también es llamado en los Evangelios, era un publicano, un empleado (portitor) recaudador de impuestos en Cafarnaúm. Tras la llamada de Jesús se levanta de golpe, lo deja todo y lo sigue. Se sabe muy poco de su vida. Los Hechos de los Apóstoles lo mencionan inmediatamente después de la Ascensión al cielo de Jesús, y en el momento de la elección de Matías en lugar de Judas Iscariote. Es uno de los cuatro evangelistas: la tradición de la Iglesia concuerda, a partir de Papías obispo de Gerápolis, en Frigia, hacia el año 130, en atribuir a Mateo la paternidad del primer Evangelio, considerado el más antiguo, y que los estudiosos fechan (según la interpretación de lo que afirma Ireneo en relación a esto) o entre el 42 y el 44 o entre el 61 y el 67 (en este último caso sería posterior al Evangelio de Marcos, porque si el famoso fragmento 7Q5 de Qumrán perteneciera a Marcos su Evangelio habría sido escrito antes del año 50). Nos refiere el testimonio de Papías Eusebio de Cesarea: «Mateo recogió las palabras (del Señor) en hebreo, y cada quien las interpretó como pudo» (Historia eclesiástica, III, 39, 16). Eusebio nos transmite también el de Ireneo: «Mateo publicó entre los judíos, en su lengua, también un Evangelio escrito, mientras Pedro y Pablo predicaban en Roma y allí fundaban la Iglesia» (Historia eclesiástica, V, 8, 2). Y sigue diciendo Eusebio: «De todos éstos (los apóstoles y los discípulos que frecuentaron al Señor) únicamente Mateo y Juan nos han dejado un recuerdo de las pláticas del Señor, e incluso ellos, según la tradición, se pusieron a escribir obligados. Mateo, que antes había predicado a los judíos, cuando decidió ir también a otros pueblos, escribió en su lengua materna el Evangelio que anunciaba; de este modo trató de sustituir con un texto escrito lo que perdían con su partida aquellos de los que se separaba» (Historia eclesiástica, III, 24, 5-6). Así pues, mientras los otros tres Evangelios están escritos en griego, el de Mateo está escrito en su lengua materna, casi seguramente en arameo, la lengua que se hablaba entonces en Palestina. Y a los judíos dirigió su primera predicación. No poseemos la versión original del Evangelio de Mateo, sino solo su traducción al griego; una tradición refiere que en la época del emperador bizantino Zenón (474-491), cuando el arzobispo Anthemios halló en Chipre la tumba de Bernabé, encontró sobre su pecho también el Evangelio de Mateo escrito de propio puño, que luego fue regalado al emperador. Son varios los lugares de predicación que se le atribuyen a Mateo: Siria, Macedonia, Irlanda; pero la tradición antigua más consistente refiere la noticia de la predicación de Mateo en Etiopía (es decir, en la Cólquida, a orillas del Ponto Euxino), aceptada también en el Martirologio Romano que allí coloca también su martirio, recordado el día 21 de septiembre. En el mismo día, en cambio, el Martirologio jeronimiano indica el martirio de Mateo en Persia, en Tarrium, ciudad que en otros textos es situada en Etiopía: por tanto no habría contradicción entre las fuentes. Según las pasiones apócrifas y la Leyenda áurea, el martirio de Mateo fue con la espada mientras celebraba la misa. Existe también otra tradición menor, referida por Clemente Alejandrino, que habla de muerte natural. De todos modos, se desconoce la fecha de su muerte así como la ocasión en que el cuerpo de Mateo fue trasladado a Occidente: una tradición legendaria sitúa este acontecimiento hacia el 370, por medio de marineros que lo llevaron desde las costas del Mar Negro a Velia. De aquí, después de que los Sarracenos conquistaran la ciudad en el 412, fue trasladado y escondido en Lucania. En una localidad llamada ad duo flumina cerca de Casalvelino. El Martirologio Romano recuerda el 6 de mayo la llegada a Salerno del cuerpo de Mateo procedente de Lucania: donde lo llevó ese día del año 954, el rey longobardo Gisulfo I (946-977). Esta tradición se remonta al Chronicon Salernitanum, redactado en el 978 por un anónimo cronista en el monasterio de San Benito, en Salerno, y a otros dos testos medievales que concuerdan con éste. Las reliquias de Salerno, de las que no se supo nada durante más de un siglo, fueron halladas de nuevo en 1080 y colocadas en la cripta de la Catedral consagrada por el papa Gregorio VII, donde se conservan hasta hoy. La fecha de 1080 está atestiguada históricamente por la carta que el 18 de septiembre de ese año el Papa escribió al arzobispo de Salerno Alfano, en la que se menciona el hallazgo. Reliquias menores de Mateo son conocidas también en Roma. Una, llevada a Roma por el futuro papa Víctor III en 1050 como regalo a Cencio Frangipane, estaba en un relicario de plata (ahora vacío) que fue hallado durante una excavación en mayo de 1924 en el pozo debajo del altar de la cripta de la iglesia San Cosme y San Damián. También se cree que una parte del brazo de Mateo se halla en Santa María la Mayor, donde lo llevó como regalo el papa Paulo V (1605-1621).


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