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REPORTAJE DESDE TÚNEZ
Sacado del n. 10/11 - 2009

Entrevista al obispo Maroun Lahham

Un palestino en Túnez



Entrevista con Maroun Lahham por Stefania Falasca


Maroun Lahham es el segundo obispo árabe en el gobierno pastoral de la Iglesia en Túnez procedente de la tierra de Jesús. Si su predecesor Fouad Twal, actual patriarca latino de Jerusalén, recuerda siempre su ascendencia beduina, Maroun no olvida nunca que es un palestino de Jordania. No se olvida de los largos años pasados en Beit Jala, entre Belén y Beit Sahour, como rector del seminario patriarcal latino. Y tampoco ha echado en el olvido las comidas árabes que su madre le enseñaba a cocinar, «porque cuando seas cura no tendrás mujer, y habrás de arreglártelas por tu cuenta».

Monseñor Maroun Lahham [© Osservatore Romano]

Monseñor Maroun Lahham [© Osservatore Romano]

Su Catedral lleva los nombres de san Vicente de Paúl y de santa Oliva, una santa muy querida por los sicilianos. Ver confluir historias y realidades de diverso origen, parece escrito en el destino de la Iglesia en Túnez…
MAROUN LAHHAM: Entonces mandaban los franceses, pero los italianos eran muchos, ellos eran el pueblo de los fieles … Ahora, en las diez parroquias del país, los sacerdotes son 42, de muchas nacionalidades, y uno sólo de ellos es árabe, de Jordania. Antes de la independencia había cien iglesias. Con el modus vivendi de 1964, el acuerdo firmado con el Estado independiente, la Iglesia ha conservado lo que le servía al pueblo católico que quedaba, después de que la mayor parte se había ido. Lo demás lo cedió al Estado: 96 iglesias de 100, que fueron todas desconsagradas. Ahora hemos retomado algunas.
¿Dónde?
LAHHAM: En Yerba, donde hace poco fue consagrada de nuevo la iglesia. En los últimos años ha habido allí un flujo turístico enorme. Y como hay también una sinagoga, el Gobierno quería hacer un escaparate del Túnez tolerante, con la iglesia, la mezquita y la sinagoga. Y para los turistas estaba bien.
Ya no es, desde luego, el tiempo de la Tunisie catholique
LAHHAM: El cardenal Lavigerie quería recrear la gloria de Cartago, en concomitancia con la presencia colonial francesa. Se había hecho nombrar primado de toda África, con bula en latín y todo. Después de la independencia la Iglesia se redujo notablemente. Pero los que se quedaron, incluidos obispos y sacerdotes, habían optado por ayudar a este pueblo a construir su propio Estado. Casi con un sentimiento de reparación: ahora que este país está naciendo, nosotros que éramos los colonialistas debemos quedarnos aquí para ayudarlo. Muchos sacerdotes trabajaron en los ministerios, en las escuelas, en los hospitales, porque el país carecía del personal necesario.
También es verdad que algunas instituciones católicas no desparecieron nunca.
LAHHAM: La clínica Saint Augustin, por ejemplo, desarrolla su actividad desde 1933. Entonces era la primera clínica del país, y la única clínica católica de todo el Magreb.
Y además están las escuelas.
LAHHAM: Tenemos diez, con 5.000 estudiantes musulmanes y personal musulmán. Así mantenemos un contacto con miles de familias, y ellos ven una Iglesia que presta un servicio a la población. Con la esperanza de que esto ayude a que crezca una generación abierta a los demás.
Su grey se reúne de tanto en tanto de un modo, digamos, algo casual.
LAHHAM: No cabe duda de que es una Iglesia sui generis, con gente que viene de todas partes, siguiendo el gran movimiento de nuestros días. Hace unos años llegaron un centenar de familias de trabajadores del Banco africano, que ha trasladado aquí su sede porque Túnez es un país tranquilo. Ahora se habla de que Airbus va a abrir aquí una planta, que traerá otros trabajadores extranjeros. Pero ya hay más de tres mil sociedades que trabajan bajo control aduanero, y dan trabajo a más de 300.000 tunecinos. No hay comunidades cristianas autóctonas como en los países de Oriente Próximo. Los pocos cristianos del lugar son casos individuales que proceden de familias islámicas.
¿Es posible?
LAHHAM: El proselitismo está prohibido. Pero está prohibido para todos, incluso para los islámicos. Si alguien, siguiendo un camino individual, cambia de religión, incluso si deja de ser musulmán para convertirse en cristiano, no pierde los derechos civiles. Es desde luego una decisión difícil por la presión social y la hostilidad que causa dentro de su familia, pero no existen obstáculos de tipo legal ni institucional.
La Basílica primada de San Luis, en Cartago

La Basílica primada de San Luis, en Cartago

Con todo, Túnez es la tierra de Tertuliano y Cipriano, de los mártires escilitanos, de Perpetua y Felícitas. ¿Qué efecto tiene la memoria de estos nombres en la dinámica pastoral concreta?
LAHHAM: Hacemos congresos sobre Agustín, Tertuliano y dentro de un año haremos uno sobre Cipriano, en colaboración con la Cátedra Ben Alí para el diálogo interreligioso. Pero en la dinámica pastoral ordinaria, la evocación de estos grandes del pasado no ha tenido hasta ahora un gran efecto. Lo tiene sobre todo en la relación con el mundo árabe musulmán de Túnez. Ellos se reconocen en ese pasado cristiano, sienten que forma parte de su historia, y se sienten orgullosos. Esto contribuye al espíritu de moderación característico de Túnez. Saben que aquí el cristianismo no era sólo un derivado de la colonización moderna francesa.
Nos han dicho que, en el sentir común, también en la época de la colonización las religiosas eran consideradas como la parte buena de la Iglesia. Las que ayudaban a la gente y a los pobres.
. ¿Cuál fue su contribución?
LAHHAM: En el Sínodo hablé de la relación con el islam que vivimos en los países del Magreb. Cuando se habla de islam en África, se piensa solo en lo que sucede en el África negra, y se olvida que de los 350 millones de árabes musulmanes más de 200 millones están en el norte de África. Nosotros vivimos una condición distinta de la que se da en el resto de África, donde quizás en algunas situaciones hay cristianos y musulmanes en la misma familia, y son frecuentes los matrimonios mixtos. Pero también estamos lejos de la islamofobia que recorre Europa. En Oriente Próximo cristianos y musulmanes pertenecen al mismo pueblo. Las Iglesias árabes son reconocidas como realidades autóctonas preexistentes al Islam, y son reconocidas incluso por fuerzas del islam político come Hamás y Hezbolá. Nosotros, en cambio, somos como pequeñas minorías ya no coloniales aunque siempre extranjeras, presentes aquí por una serie de circunstancias, en un mundo completamente islámico. Con todo, no me parece que reine la tristeza en nuestros corazones.


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