Home > Archivo > 10/11 - 2009 > En los albores de la Corea cristiana
HISTORIA
Sacado del n. 10/11 - 2009

IGLESIA. Confucianismo, catolicismo y la experiencia de lo concreto

En los albores de la Corea cristiana


Encuentro con Francesco Ji-Young Kim, embajador de Corea del Sur ante la Santa Sede


Entrevista a Francesco Ji-Young Kim por Giovanni Cubeddu


Matteo Ricci fue misionero jesuita en China desde 1582 hasta su muerte, ocurrida en 1610. El eco de su obra llegó incluso a Corea. Hablamos de ello con Francesco Kim Ji-Young, embajador de Corea del Sur ante la Santa Sede.

El Embajador Francesco Ji-Young Kim

El Embajador Francesco Ji-Young Kim

Excelencia, comencemos bosquejando brevemente la situación de las relaciones entre Corea y China en la época de la misión de Ricci.
FRANCESCO JI-YOUNG KIM: Al principio las relaciones de la dinastía coreana de los Yi (1392-1910, n. de la r.) con la China de los Ming eran buenas, hasta el punto de que cuatro veces al año se enviaban delegaciones. De Corea salían delegaciones diplomático-comerciales en primavera, verano, otoño e invierno, y gracias a estos encuentros los contactos eran amistosos, se intercambiaban bienes necesarios, tecnología y, más en general, el saber. Sin embargo, en el siglo XVI tomó el poder en Manchuria la tribu de los Jurchen –que más tarde fundarían la nación de Keum y cambiarían su nombre por Ch’ing en 1636, después de derrotar a la dinastía Ming– y se inmiscuyó en las relaciones entre las dinastías Yi y Ming.
¿Con qué finalidad?
JI-YOUNG KIM: En realidad los Jurchen querían invadir la China de los Ming y por ello necesitaban que los Yi se mantuvieran políticamente neutrales, tanto con ellos como con los Ming. El rey Kwanghaegun, de la dinastía Yi, reinó de 1608 a 1623 y supo articular esta política neutral mediante una diplomacia bien equilibrada. Pero luego el rey Injo, que estuvo en el poder desde 1623 a 1649, renovó la actitud tradicionalmente favorable a los Ming, aunque Corea no tenía fuerza suficiente para resistir a las tribus Jurchen. Estas, en efecto, desde diciembre de 1636 hasta enero de 1637, atacaron Corea, destruyendo el norte del país.
¿En qué situación estaban los cultos existentes en el país?
JI-YOUNG KIM: Durante la dinastía Yi la religión mayoritaria era el confucianismo, en lucha contra el budismo, que había predominado en Corea durante los precedentes reinos de Koryo y Silla. Aunque el budismo y el taoísmo siguieron siendo populares en las clases más bajas, la familia real y la casta superior de los intelectuales, llamada Yangban, por lo común profesaban el confucianismo. Y los estudiosos de Confucio atribuían gran importancia a la escritura tradicional en chino antiguo, tanto en lo referido a obras literarias como a los estudios sobre la mente, la espiritualidad, las ceremonias, y así sucesivamente. Su meta era conseguir una calidad más elevada de la “vida mental”.
La influencia que los escritos de Matteo Ricci pudieron ejercer sobre los intelectuales coreanos de la época se debe también a una escuela de pensamiento conocida como Silhak. ¿Qué era?
JI-YOUNG KIM: Sencillamente era una rama del confucianismo, y su nombre significaba “aprendizaje práctico”, “concreción”. Pretendía crear un nuevo modelo de estudios y ciencias una vez superados los conflictos y problemas que seguían estando presentes en la sociedad confuciana, dado que entonces la enseñanza de Confucio se usaba abusivamente como instrumento de lucha entre las facciones políticas y entre los intelectuales de la Yangban, en detrimento del uso correcto de los recursos para el bienestar de los ciudadanos. Por ello los intelectuales no conservadores intentaron restaurar lo que se había descuidado del confucianismo, con los ojos puestos en el buen gobierno de la economía nacional, y en particular insistiendo en la enseñanza del pragmatismo, que podía incrementar la productividad y desarrollo de la vida social. Los exponentes del Silhak confutaban las argumentaciones de pura lógica por improductivas y centraban su atención en las ciencias prácticas, en favor de la vida de la sociedad y la producción.
El padre Matteo Ricci en un retrato de Emmanuele Yu Wen-Hui (llamado Pereira), 1610, sacristía de la Iglesia del Gesù, Roma; en el trasfondo, el mapa mundi realizado por el padre Matteo Ricci e impreso por Li Zhiao en Pekín en 1603, conservada en el Museo Provincial de Shenyang

El padre Matteo Ricci en un retrato de Emmanuele Yu Wen-Hui (llamado Pereira), 1610, sacristía de la Iglesia del Gesù, Roma; en el trasfondo, el mapa mundi realizado por el padre Matteo Ricci e impreso por Li Zhiao en Pekín en 1603, conservada en el Museo Provincial de Shenyang

A las intensas tensiones políticas se añadían las doctrinales.
JI-YOUNG KIM: A partir de la segunda mitad del siglo XVI la dinastía Yi tuvo que hacer frente a dificultades sociales y económicas debidas principalmente a los ataques de Japón, desde 1592 a 1598, y luego de la tribu Jurchen. Ante todo, el sistema de gobierno se vino abajo permitiendo el surgimiento de muchas facciones en lucha entre ellas: disputas y conflictos por doquier. También cambió la jerarquía social de los ciudadanos. Hasta entonces los campesinos y comerciantes eran considerados de grado inferior, mientras que ahora los intelectuales progresistas comenzaban a considerarlos elementos fundamentales para la estabilidad social de toda la nación. En segundo lugar el confucianismo no había conseguido mantener el papel de doctrina guía de la dinastía Yi, aunque algunos exponentes de la élite intelectual seguían estando ligados a la búsqueda de la pura lógica, viviendo ya como cuerpo separado de la realidad civil contemporánea. De este modo la inteligentzia coreana se fragmentó en grupos, creando varios partidos políticos.
Vayamos al tema principal: ¿cómo trató de dialogar la tradición coreana con el Occidente cristiano?
JI-YOUNG KIM: De hecho el conocimiento del pensamiento occidental bajo la dinastía Yi derivaba de los libros, escritos en chino, pertenecientes a los misioneros de la Sociedad de Jesús que desde el siglo XVI vivían en China. Antes de publicar el De Deo verax disputatio, Matteo Ricci escribió I pensieri dei credenti, en donde representaba las características comunes de las culturas orientales y occidentales, definiéndolas según categorías, y trataba luego, de manera lógicamente consecuente, de hacerlas fácilmente comprensibles. Gracias a este libro Ricci consiguió establecer un coloquio con los intelectuales de los círculos más elevados tanto de China como de Corea, centrando los modos de pensar propios de ambas culturas del Este y del Oeste. Pero además, atribuyendo importancia a las relaciones que podían establecerse entre los fieles, Ricci explicó también la doctrina de la Resurrección y de la autoridad de Dios. Fue así como, después de recibir las enseñanzas de los misioneros católicos en China y de leer sus obras, los pensadores progresistas coreanos desearon acudir también a la cultura occidental moderna, a la tecnología, a la ciencia, para reconstruir una nación coreana sana y fuerte, superando la crisis y la debilidad que siguió a los ataques de Japón. En este >A Yi Su-gwang, pues, Corea le debe la introducción de la fe cristiana. ¿Quién era este pensador?
JI-YOUNG KIM: Yi Su-gwang, conocido como Jibong –firmaba así, por el nombre de su pueblo de origen–, fue quien sacó adelante la crítica a los intelectuales de la época que solían leer y escribir obras en chino antiguo, pasando el tiempo fútilmente y evitando toda actividad productiva... Describió todos los males de la sociedad bajo la dinastía Yi, enumerándolos, e insistió en la necesidad de introducir una cultura occidental desarrollada y más saber científico, y de aumentar también los intercambios económicos. Su obra Jibong yuseol es un libro enciclopédico, publicado recogiendo los apuntes escritos durante toda su vida. Supo explicar la astronomía, la geología, la geometría, la doctrina militar y el ordenamiento civil, las religiones y más. También presentó el pensamiento católico y occidental y ofreció a sus conciudadanos, confinados en una visión confuciana del cosmos, un enfoque renovado e universal y un horizonte más amplio de los acontecimientos humanos. Toda su actitud, en el fondo, era fruto de su índole curiosa... Era realmente un hombre que miraba hacia adelante, y comprendió cuál era el nuevo mundo que encerraban los libros de Matteo Ricci. Era una personalidad tan relevante y apreciada que fue nombrado para dirigir tres distintos Ministerios y más tarde llegó a ser primer ministro. Pero también deberíamos recordar a otro intelectual del período ricciano: Yu Mong-in (1559-1623).
Usted dirá.
JI-YOUNG KIM: Su texto Erwoo yadam es un ensayo que pertenece a la literatura coreana tradicional, cuyo contenido criticaba algo, o a alguien, según criterios y valores morales del tiempo. Yu Mong-in, que se firmaba Erwoo, era de la misma generación de Matteo Ricci y analizó y discutió las tradiciones confucianas y el catolicismo. Comprendió el concepto de Dios de la fe católica paragonándolo al del Emperador del Cielo propio de la tradicional sociedad confuciana. Fue crítico, sin embargo, con la doctrina católica sobre el infierno y el paraíso pues consideraba estos conceptos un simple instrumento para “seducir” al pueblo. E igualmente confutó la prohibición del matrimonio que se hacía a los religiosos católicos considerándola un precepto contrario al sentido de humanidad. Todo ello ocurría porque Yu Mong-in, pese a sentir curiosidad por el pensamiento católico y occidental, no lo era hasta el punto de saber comprender los fundamentos de la fe católica.
Mapa de la Corea de 1682

Mapa de la Corea de 1682

Abandonemos el terreno académico: ¿quiénes fueron los primeros coreanos cristianos?
KIM JI-YOUNG: Sin lugar a Dudas Yi Seung-hun. Vivió de 1756 a 1801 y fue el primer coreano que recibió el bautismo, además de ser uno de los fundadores de la Iglesia católica coreana. En 1783 fue a Pekín con su padre, que era miembro de la delegación diplomática “invernal” hacia China. Los misioneros jesuitas le enseñaron el catecismo y luego recibió el bautismo de manos del padre Jean-Joseph de Grammont. El año siguiente volvió a Corea llevando muchas publicaciones católicas. Fue maestro y bautizó a algunos coreanos, incluido Jung Yak-yong, conocido miembro del Silhak. En 1794 algunos de sus amigos fueron condenados a la pena capital por haber organizado la entrada en Corea del padre chino Ju Moon-mo, y por el mismo motivo él mismo fue condenado al exilio en un pueblo. Fue luego condenado a muerte y ajusticiado en 1801 en la prisión Seosomoon de Seúl.
¿Cómo valoró la presencia de los cristianos la dinastía Yi?
JI-YOUNG KIM: El cristianismo, admitido de buen grado y libremente en Corea a principios de 1600, interesó durante el siglo siguiente a numerosos intelectuales progresistas, ansiosos de cultura occidental. Estos comenzaron a creer en la fe católica sin encontrar restricciones. Pero al finalizar el siglo XVIII estallaron muchos conflictos políticos y la consecuencia fue que cada facción trataba de atormentar a su adversario político. De este modo, en el siglo XIX, muchos católicos fueron ajusticiados, principalmente por grupos que odiaban al catolicismo. En 1846 se mató, cuando tenía solo 25 años, también al primer sacerdote coreano, Kim Tae-Gun, que en octubre de 1845 era devuelto a Corea desde China. Había sido ordenado en Shangai en agosto de 1845 por el obispo monseñor Ferréol. Y como él, en el último período de la dinastía Yi, los cristianos tuvieron que irse muchas veces. Los fieles coreanos de hoy pueden estar agradecidos a estos testigos.
Fue una época de encuentro entre dos universalismos.
JI-YOUNG KIM: Las miradas que recíprocamente se dirigían el confucianismo y el catolicismo encontraron en aquella experiencia nuestra coreana un terreno común a partir de la idea –y de la práctica– de lo “concreto”. El Silhak fue un experimento, sin duda, que no incluyó a todos, como hubiera querido, pero fue significativo para las relaciones entre el poder civil y el eclesiástico, y que ha sido un placer para mí poder evocar con ustedes.


Italiano English Français Deutsch Português