«Este amor al hombre propio de Cristo»
Luigi Giussani a la Fraternidad de Comunión y Liberación, 25 de abril de 1999
por don Luigi Giussani
«Por eso he querido venir a saludaros: deseo que viváis la
experiencia del padre. Padre y madre: se lo deseo a todos los responsables
de vuestras comunidades, pero también a cada uno de vosotros, porque
cada uno debe ser padre para los amigos que tiene, debe ser madre para la
gente que tiene cerca; no dándose aires de superioridad, sino con
una caridad efectiva. Nadie, en efecto, es tan afortunado y feliz como un
hombre y una mujer que se sienten hechos por el Señor padre y madre.
Padres y madres de todos aquellos con los que se encuentran. ¿Os
acordáis -lo describe el segundo libro de la Escuela de comunidad-
de cuando Jesús, andando por los caminos con sus Apóstoles
cerca de un pueblo que se llamaba Naim, vio a una mujer que lloraba tras el
féretro de su hijo muerto? Se acercó, pero no le dijo:
«Resucito a tu hijo». Sino: «Mujer, no llores»,
¡con una ternura, afirmando una ternura y un amor al ser humano
inconfundibles! Y, después, le devolvió a su hijo vivo. Sin
embargo, esto no es lo más grande, porque milagros hay muchos; pero
esta caridad, ¡este amor al hombre propio de Cristo no tiene
comparación con nada!».