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POLÍTICA INTERNACIONAL
Sacado del n. 04 - 2010

Turquía y la Santa Sede. Cincuenta aniversario de las relaciones diplomáticas

«Por qué somos musulmanes, democráticos, europeos»


Encuentro con Ahmet Davutoglu,ministro de Exteriores de la República de Turquía


Encuentro con Ahmet Davutoglu por Giovanni Cubeddu


El ministro de Exteriores turco Ahmet Davotoglu saluda a los ministros de Exteriores árabes, presentes en el encuentro celebrado en la sede de la Liga árabe en El Cairo, Egipto, el 3 de marzo de 2010 [© Associated Press/LaPresse]

El ministro de Exteriores turco Ahmet Davotoglu saluda a los ministros de Exteriores árabes, presentes en el encuentro celebrado en la sede de la Liga árabe en El Cairo, Egipto, el 3 de marzo de 2010 [© Associated Press/LaPresse]

Celebramos este año el cincuenta aniversario de las relaciones diplomáticas con la Santa Sede. Una de las cuestiones más relevantes para mi país es cómo afrontar hoy el hecho de ser al mismo tiempo un país musulmán y democrático. Este tema de modernidad y tradición parece también estar relacionado con lo que hicieron los estadistas cristiano-demócratas en el momento en que tuvieron que afrontar el problema de la construcción de Europa. Además, muchos quisieran comprender cuál es la ratio de la “nueva” política exterior turca.
Para comprender el escenario de este problema hemos de conocer las raíces históricas de Turquía y de la nación turca. La historia turca es una interesante combinación de muchas civilizaciones. Desde un punto de vista geográfico se han sucedido en Anatolia muchos pueblos: los hititas, los lidios, los griegos, los romanos, los bizantinos, los otomanos, los selyúcidas; así pues, se trata de un gran background histórico. Por su historia y geografía la nación turca, con el aventurado viaje de su pueblo desde Asia central a Europa central, ha conocido todas las civilizaciones asiáticas y mesopotámicas. Todas las civilizaciones tradicionales vinieron a mezclarse en Anatolia, produciendo una amalgama de varias culturas: la mediterránea, la griega, la mesopotámica...
En la sociedad otomana cohabitaban culturas diferentes entre sí. A diferencia de numerosos centros europeos y asiáticos, por ejemplo, las ciudades turcas de Anatolia o los Balcanes siempre han sido multiculturales; en muchas ciudades turcas se encuentran mezquitas, iglesias, sinagogas, unas junto a otras. Esto no es posible en Europa occidental o central. En cambio, en los Balcanes, bajo el imperio otomano, por ejemplo en Sarajevo o en Salónica, musulmanes, cristianos y judíos vivieron juntos durante cinco o seis siglos.
Este es el background multicultural de la sociedad turca.
Por desgracia, existe un error de apreciación, es decir, es como si existiera en las sociedades musulmanas un problema de tolerancia: esto no es cierto, especialmente en las sociedades turcas. Nuestra tradición ha sido la multiculturalidad, no la uniformidad en sentido religioso. Este estigma multicultural conlleva también un espíritu de democracia porque sin aceptar las diferencias no se puede ser demócratas. Esta anotación es importante.
En las comunidades que desean establecer una “monocultura” o una “monorreligión” no puede haber democracia, como mucho podría existir una democracia sólo de puertas afuera.
En cambio, en la sociedad turca está presente este background histórico y no se debería pensar que para Turquía es algo excepcional, casi fuera de la norma. La democracia en Turquía está arraigada en la sociedad, no ha sido importada recientemente desde fuera, forma parte de nuestra cultura. A través de los siglos, religiones y etnias diferentes han vivido aquí unas junto a otras.
Quisiera ofrecer algunos ejemplos sobre el fundamento de esta cultura democrática. No sé cuándo se celebró en las sociedades europeas la primera elección municipal verdadera; en Turquía ocurrió a principios del siglo XIX, hacia 1820, y el derecho de las mujeres a votar y a ser votadas llegó hacia 1930. Así pues, en un período en el que en algunas sociedades europeas –sin dar nombres– no podían ni siquiera votar, las mujeres eran ya miembros de nuestro Parlamento. Las primeras elecciones democráticas y multipartíticas en Turquía se celebraron en varias vueltas electorales en 1908, en 1909 y en 1912: por aquel tiempo no eran muchos los Estados europeos que garantizaban este tipo de elecciones... En 1912, en especial, las elecciones se caracterizaron por una campaña electoral fuertemente competitiva. Esta es nuestra historia. Y nosotros tenemos hoy una democracia basada en esta cultura.
Vista de la mezquita Yeni Cami, Estambul <BR>[© Laif/Contrasto]

Vista de la mezquita Yeni Cami, Estambul
[© Laif/Contrasto]

Nadie debería sentirse autorizado a identificar a los musulmanes en general o a los turcos en particular con una cultura de régimen autoritario, o con una cultura de la uniformidad o la intolerancia. Es verdad justo lo contrario: nuestra historia es una historia de tolerancia. Los judíos llegaron a Turquía en 1492, cuando fueron masacrados y expulsados de España y nosotros les dimos la bienvenida: Salónica fue durante quinientos años el centro de la cultura judía. Podría ofrecer muchos otros ejemplos para demostrar que Turquía fue un puerto seguro para muchos hombres y mujeres procedentes de Europa. En el siglo XVIII, por ejemplo, el rey sueco Carlos XII vino a refugiarse a mi país en el momento en que tuvo que luchar contra Rusia.
Esta es nuestra perspectiva: estamos defendiendo una cultura de la tolerancia, de los derechos humanos, del respeto de la multiculturalidad, del respeto de las diferentes culturas y religiones.
En Konya, mi ciudad natal, vivía en el siglo XIII un filósofo sufí que se llamaba Maulana [un apelativo que significa nuestro padre, n. de la r.] Yalal al Din Rumi. Entonces la gente escapaba de los ataques de los mongoles y de otros pueblos, se vivía un tiempo de crisis, y Rumi hizo escuchar su voz: «Quienquiera que seas, musulmán, cristiano, judío o no creyente, el lugar donde yo vivo, mi congregación, mi dergah [el lugar donde los derviches miembros de su congregación celebraban el rito de la danza de oración a Dios, n. de la r.] es para todos. Tú no deberías estar sin esperanza, deberías venir aquí, quienquiera que seas». Esto ocurría en el siglo XIII y esta es la cultura de Anatolia, mientras que en Europa un siglo después iba a comenzar la Guerra de los cien años, por las diferentes políticas religiosas. Y ya se sabe, fue una larga guerra, una guerra religiosa...
No estoy tratando de condenar a Europa, pero hemos de cambiar la percepción: la cultura de Anatolia es cultura de tolerancia, de armonía y de respeto mutuo, y hoy a los turcos no nos parece para nada paradójico ser al mismo tiempo buenos musulmanes y buenos demócratas. Puede ser sorprendente para los demás, pero para nosotros ser musulmanes significa ser demócratas. No las consideramos dos categorías diferentes. Yo estoy orgulloso de ser musulmán –pues soy musulmán practicante– porque pienso que creer en Dios, y que quienquiera que crea en Dios, da fuerza a la humanidad; pero al mismo tiempo mi cultura política es una cultura de respeto mutuo.
Todo ello se refleja en la política exterior de Turquía. Por ejemplo, estamos intentando ahora hacer de mediadores, en distintos temas, entre Israel y Siria, y entre Bosnia y Serbia. En el primer caso, una parte es judía y la otra musulmana; en el segundo, una parte es musulmana y la otra cristiana. Estamos intentando ayudar a todas las partes. Y además, en Líbano, donde he estado muchas veces, tratamos de favorecer la reconciliación nacional, porque Líbano es como si fuera nuestra casa. Los pueblos de Líbano, de Siria, de Palestina y de los Balcanes tienen todos el mismo destino y trabajamos duramente, de verdad, para conseguir la paz.
Esta es la filosofía de Rumi, la filosofía que está marcando nuestra política exterior.
Una estatua de Mustafá Kemal Atatürk, fundador de la Turquía moderna, en el centro de Ankara; al fondo, la bandera de la Unión Europea y la turca <BR>[© Associated Press/LaPresse]

Una estatua de Mustafá Kemal Atatürk, fundador de la Turquía moderna, en el centro de Ankara; al fondo, la bandera de la Unión Europea y la turca
[© Associated Press/LaPresse]

Últimamente me preguntan con frecuencia cuál es la perspectiva de la política exterior turca y el secreto de sus éxitos. En uno de sus discursos Kemal Atatürk afirmó: «Paz en casa, paz en el mundo»: esta era la filosofía de la República Turca. Durante nuestro gobierno, cuando me nombraron consejero en jefe del primer ministro, lancé personalmente la política de “ningún problema con nuestros vecinos”, que fue adoptada por el ejecutivo. Sabemos bien el riesgo de que esto puede quedarse en simple ideal. Pero queremos que este sea el principio fundamental y concreto de nuestra política exterior. Para hacer ver que Turquía desea tener buenas relaciones con sus vecinos, una vecindad basada en la paz y en la seguridad, nuestro primer ministro, nuestro presidente y todos nosotros estamos trabajando realmente duro para alcanzar este objetivo.
Hace quince años Turquía tenía dificultades con sus vecinos, pero no era por culpa nuestra: también entonces se trataba de un problema de percepción. Los griegos, los rusos, los sirios significaban para nosotros amenazas y enemigos; del mismo modo que para los sirios, los griegos y los rusos –nuestros vecinos–, Turquía era un enemigo. No teníamos la posibilidad de encontrarnos, nuestras sociedades no se conocían como era debido. Ahora hemos abolido el visado con Siria y cada día miles de personas van y vienen, libres de entrar en Siria y en Turquía. Ahora estamos trabajando para abolir el visado con Rusia. Con Grecia estamos preparando un mecanismo para celebrar reuniones conjuntas entre nuestros gobiernos. En los últimos cinco o seis meses hemos abolido los visados con más de diez países... ¿Por qué? Porque queremos permitir que la gente nos conozca, queremos que todos nuestros vecinos sean nuestros mejores amigos, queremos compartir todo lo que tenemos y mostrar nuestras buenas intenciones: este es el gran secreto.
Los problemas políticos son anomalías de la psicología y de la percepción, muchos problemas son psicológicos. Si uno piensa que todos son sus enemigos, entonces tiene que reaccionar. Pero si cree que los demás son amigos, entonces estará más preparado para la paz y no tendrá miedo, y, por otra parte, los otros no le temerán. Esta es una transformación psicológica y de mentalidad, y es realmente importante. Nosotros hemos conseguido llevarla a la práctica y no usamos dos lenguajes sino uno solo: la sinceridad es importante. Para ganarse la confianza de los demás, uno debe demostrar que también él se fía.
De este modo en la política exterior turca no hay ninguna “doblez diplomática”, una política de tipo maquiavélico orientada al poder y basada en meros intereses y no en valores. Tenemos valores a los que tendemos, algunos de estos pertenecen a nuestra cultura, otros son valores humanos universales. La política es solo un instrumento para realizar estos valores, de lo contrario no tendría ningún significado para nosotros estar en un encuentro como éste.
Hoy Turquía no está persiguiendo una política exclusivamente de intereses egoístas, sino una política de valores, que son concretamente la justicia, la igualdad, el mutuo respeto y el sentimiento de un destino común.
Recuerdo que el papa Benedicto dijo aquí en Turquía que era favorable a nuestro ingreso en la Unión Europea. ¿Cuál fue la reacción turca a esta afirmación? Puedo dar una respuesta religiosa y una respuesta política.
La respuesta religiosa es que el Papa es una personalidad espiritual y puede comprender las cosas más allá de la apariencia. Cuando hizo esta afirmación pensé que, como personalidad espiritual, él veía el gran potencial que representa Turquía para Europa.
En cuanto a la respuesta política, el Papa hizo un análisis humano y todas las personas racionales que hicieran este análisis descubrirían que son favorables a las relaciones entre Turquía y la Unión Europea, porque esa relación está basada en la racionalidad. La integración turca en la Unión Europea es un factor de refuerzo y, de aquí a veinte años, la Unión Europa con Turquía dentro representa un poder global. La Unión Europea sin Turquía significa un continente que no mira fuera, menos competitivo, menos relevante en la política global y menos inclusivo en sentido cultural. es entre las sociedades musulmanas y católicas, entre el Vaticano y la sociedad musulmana y entre Turquía y las fuerzas políticas católicas crearán un nuevo impulso y entregarán a la humanidad el mensaje de que esta cooperación podrá ser una gran oportunidad para la paz global.
Benedicto XVI con el gran muftí de Estambul, Mustafá Cagrici, durante la visita a la Mezquita Azul de Estambul, el 30 de noviembre de 2006 <BR>[© Associated Press/LaPresse]

Benedicto XVI con el gran muftí de Estambul, Mustafá Cagrici, durante la visita a la Mezquita Azul de Estambul, el 30 de noviembre de 2006
[© Associated Press/LaPresse]

En fin de cuentas, ¿qué es lo que queremos conseguir? Como musulmanes y como cristianos deseamos la paz en esta tierra, un corazón pacífico y una mente pacífica de cara a la vida eterna. Si nos estamos preparando para esta meta, entonces hemos de comprendernos los unos a los otros y no mirarnos a través de la lente de los estereotipos. Estoy seguro de que esta colaboración nos ayudará a resolver, por ejemplo, la cuestión de Jerusalén, los problemas de Líbano o de los Balcanes, los muchos problemas del continente africano, de Irán o Filipinas. A petición del gobierno de Filipinas, donde musulmanes y católicos viven juntos, hoy Turquía forma parte del Grupo de Contacto compuesto por tres países: Turquía, Japón y Gran Bretaña. Tanto la mayoría católica como la minoría musulmana de Filipinas quieren que seamos nosotros los mediadores, y esto es algo bueno...
Dondequiera que sea posible, a nivel de comunidades a nivel de Estado-nación o a nivel internacional, trabajaremos juntos, y el Vaticano está presente en todos estos niveles. Lo mismo puede decirse de los musulmanes: en algunos países existen a nivel de comunidad –como en Europa– y al mismo tiempo son fuerzas nacionales e internacionales.
Y en este escenario, la sociedad turca es importante, porque nosotros estamos en el centro de Europa, pues existen comunidades turcas en Berlín, en París, en Londres y en otros lugares. En Europa Turquía es un Estado-nación y hoy es un país en crecimiento, muy activo dentro de las organizaciones internacionales: en el Consejo de seguridad de las Naciones Unidas estamos trabajando por la paz global, en el G20 promovemos un orden económico más justo y más distributivo, y formamos parte de la Alianza de Civilizaciones –copresidida con España– para que se dé una cooperación buena y eficaz.
Así pues, hoy tenemos la gran oportunidad de contribuir juntos a la paz regional y global.


(Conversación con Giovanni Cubeddu revisada por el autor)


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