Home > Archivo > 10 - 2010 > Universalidad y romanidad
EDITORIAL
Sacado del n. 10 - 2010

Universalidad y romanidad


Roma es una ciudad universal. Puedo parecer partidista porque aquí nací y aquí vivo, pero no es este el motivo que me empuja a sentir, permítaseme la expresión, “el culto de Roma”. Hay algo universal que se respira aquí en Roma, algo sin lo que no es posible valorar en sus justos términos ni siquiera el resto del mundo


Giulio Andreotti


La Basílica de San Pedro

La Basílica de San Pedro

Benedicto XVI, en el discurso con el que anunció el consistorio del 20 de noviembre, dijo que en la lista de los nuevos purpurados queda reflejada la universalidad de la Iglesia. Un rasgo importante del tercer consistorio de su pontificado, que también puede ser definido como un “consistorio romano”, porque diez de los nuevos veinte cardenales con menos de ochenta años actúan en Roma. Pero no solo por esto: el carácter universal y romano de la Iglesia, en efecto, son armónicos e inseparables, y quienes, hoy como ayer, los consideran opuestos, no solo se equivocan sino que, pido perdón si peco de poca caridad, demuestran escasa inteligencia.
Roma es una ciudad universal. Puedo parecer partidista porque aquí nací y aquí vivo, pero no es este el motivo que me empuja a sentir, permítaseme la expresión, “el culto por Roma”. Hay algo universal que se respira aquí en Roma, algo sin lo que no es posible valorar en sus justos términos ni siquiera el resto del mundo. Y si perdemos el espíritu, quizá alado, de la universalidad, nos convertimos solo en crónica y nunca en historia.
No quisiera parecer faccioso, la autarquía nunca me gustó, pero Roma es Roma y ejerce un influjo que no hay que infravalorar, especialmente sobre los países en los que la tradición es un valor, a diferencia de otros que piensan en mirar solo y exclusivamente hacia adelante, convencidos de vivir siempre en el año cero.
Universalidad significa también que la Iglesia romana no se siente nunca una facción, una parte, sino que se concibe como Iglesia en su integridad y goza de la luz perpetua de esta especialísima procedencia y destino espiritual propios.
Una de las señales siempre actuales, aunque hoy algo infravalorada, de la universalidad de la Iglesia son los colegios eclesiásticos extranjeros de Roma. Muy distintos entre sí por historia y características, pero con un denominador común: hacer que en todas las diócesis del mundo haya alguien que conozca el significado de la universalidad de Roma y de su centralidad en la Iglesia, no solo por haberlo estudiado en los libros, sino porque lo ha vivido y lo vive como red de relaciones, amistades, experiencias, intercambios de conocimientos. Además los colegios eclesiásticos en la ciudad son un componente esencial de la grandeza de Roma: a veces los distintos puntos de la ciudad donde están situados estos colegios adquieren un valor determinante por la presencia de los propios colegios. Si, por ejemplo, no existiera en Santa Chiara el Colegio Francés, la plaza no sería la misma.
El colegio eclesiástico que conozco más es el Almo Colegio Capranica: desde los tiempos de mi infancia, cuando iba a la parroquia de la plaza Capranica, Santa María en Aquiro, y venían los alumnos más grandes del Capranica a hacernos el catecismo a los niños. Por eso el Colegio y la capillita del primer piso, dedicada a santa Inés, están en mi corazón como algo que no tiene igual.
De todos modos, como católicos romanos hemos de estar agradecidos por el carácter de universalidad, de punto de referencia, que tiene nuestra ciudad también a través de los colegios eclesiásticos extranjeros. Y por eso seguimos en 30Días prestándoles atención de vez en cuando con artículos y entrevistas.
Otra nota de reflexión sobre el consistorio del 20 de noviembre: no ha habido nuevas púrpuras en las diócesis donde ya existe un cardenal con edad para poder votar en un eventual cónclave. También esto es uno de los aspectos de la universalidad de la Iglesia, por lo que siempre se está atento a no sobrecargar la atención en un punto en detrimento de los otros. Más allá de los problemas materiales que plantearía el nombramiento de un segundo cardenal votante en una diócesis, existe siempre en la Iglesia esta preocupación de hacer que quede claro que los cardenales son de toda la Iglesia y no solo de los representantes de la Iglesia local de la que proceden. También la suma de sus personalidades, tan distintas unas de otras, adquiere un significado de mensaje universal que es algo incomparable. Por eso hay que vivir el consistorio, hoy como ayer, como apertura de horizontes.


Italiano English Français Deutsch Português missioni

» per i seminaristi
-->