Después del referéndum del 12 de septiembre
Laicidad, no religión pero sí apertura
«Somos los continuadores de las reformas de Atatürk, seguimos la senda de la laicidad que él concibió, y nadie quisiera hoy volver a los tiempos que le precedieron». Entrevista a Kenan Gürsoy, embajador de Turquía ante la Santa Sede
Entrevista a Kenan Gürsoy por Giovanni Cubeddu
Kenan Gürsoy es un filósofo, profesor de la Universidad Galatasaray, la única universidad francófona de Turquía, en la parte europea de Estambul. Autor prolífico, Gürsoy es un rostro conocido para sus conciudadanos por haber presentado programas
culturales en cadenas de televisión nacionales, y desde enero de 2010 es embajador de Turquía ante la Santa Sede. Lo hemos entrevistado para pedirle a varios meses de
distancia un comentario más meditado sobre el resultado del referéndum del pasado 12 de septiembre, con el que la mayoría de turcos aprobó un vasto paquete de reformas constitucionales.
![Kenan Gürsoy [© Afp/Getty Images]](/upload/articoli_immagini_interne/1297177572067.jpg)
¿Qué ha querido decir el pueblo turco con el referéndum del 12 de septiembre?
KENAN GÜRSOY: Como saben, nuestra Carta constitucional conservaba todavía las señales del golpe militar de 1980, y adolecía de una concepción que limitaba nuestro camino hacia la democratización del país. Dejando a un lado que fuera justo o no la decisión de votar un paquete de veintiséis enmiendas, el cincuenta y ocho por ciento de mis connacionales dijo que sí a la decisión de ser más europeos y más democráticos.
En Occidente hay dudas sobre ustedes.
Esas dudas son de tipo cultural, económico y, por desgracia, religioso: Turquía, por su historia y su importancia, despierta preocupación. Sabemos que Europa es una civilización y una comunidad de pueblos mayoritariamente cristianos... pero cada cultura está compuesta por elementos distintos, a veces incluso muy diferentes uno de otro. Y estas diferencias se asumen, coexisten dentro de la totalidad. También esto es un valor, porque la realidad nos enseña que cohabitamos en un mundo hecho de diferencias. Son muchos los valores que se exaltan, me pregunto por qué este no puede serlo.
¿El referéndum marca el final del kemalismo?
Es imposible que Turquía llegue a pensar solo por un momento algo contra el fundador Mustafá Kemal Pasha Atatürk, el padre de los turcos. Todos somos sus hijos y nietos, dentro de su espíritu fundador, y es un error decir que el referéndum es contra Kemal: nosotros somos los continuadores de sus reformas, seguimos la senda de la laicidad concebida por él, y nadie quisiera hoy volver a los tiempos de antes de Mustafá Kemal. Solo decimos que ha llegado el momento de ampliar sus reformas hacia la democratización. Sigamos la historia. Mustafa Kemal fundó la Turquía moderna tras la I Guerra Mundial, el país había sufrido mucho y había sido invadido por las potencias occidentales que él había combatido y expulsado. Pero inmediatamente después comprendió que solo mediante la occidentalización y la europeización podía crecer la nación. Que al principio el régimen kemalista fuera autoritario es una comprensible necesidad de la historia. Pero inmediatamente después, a partir de los años cincuenta, el camino de la democratización estuvo marcado por la llegada del multipartidismo. Ahora hemos llegado a la tercera fase.
Cuyo instrumento es el referéndum...
El pueblo quiere participar en la vida política, que no ha de ser una reserva solo para las élites de las grandes ciudades, las prósperas o intelectuales. Esta es la democracia.
¿Y cómo se relacionará el pueblo turco con la élite europea por ejemplo sobre el tema de la laicidad?
El comienzo del régimen kemalista estuvo caracterizado por las reformas que procedían de una elite intelectual, política y militar. Al principio la laicidad era reformadora pero autoritaria, seguía la ideología del Estado que preveía la separación entre el Estado y la religión. Aquella laicidad se transformó en laicismo, que se convirtió en la religión de Estado, y como todas las ideologías terminó afectando a la psicología del pueblo y su modo de ser en general. Esto era ayer. ¿Qué es la laicidad? Es la apertura de cada cual, de cada partido político, hacia el otro, sin pretender que el otro se uniforme a nuestras posiciones. Nos respetamos mutuamente tanto los laicos como los religiosos. Esta moralidad está en las bases de la democracia. Las diferencias yo diría que son sagradas dentro de la identidad de todo nuestro pueblo. Existen, todos nos reconocemos y nos conocemos en ellas, y por ella hay agradecimiento...
¿Seguimos todavía en el pensamiento de Mustafá Kemal?
Sí, estamos dentro de una laicidad concebida no como religión sino como apertura. Existe armonía entre unidad y diferencias, y todo ello presupone un fundamento ético que se expresa, como forma jurídica, en la democracia. Este principio ético de la unidad en la pluralidad que existe hoy en Turquía existe en nombre de la fe islámica y de las distintas confesiones presentes en el país, y en nombre de lo que nosotros llamamos “la sabiduría practica del pueblo”. Era ya así en la acción política durante el periodo otomano.
¿Qué opinion se ha formado de la Santa Sede despues de un año como Embajador?
Observando a la Santa Sede hemos descubierto un hecho relevante. Para un Estado laico la separación entre poder civil y religioso es fundamental, y la tarea de la Santa Sede es ocuparse del corazón de los creyentes, no entrometerse cotidianamente en la política de los Estados. Porque la iglesia vive como una fortaleza que defiende en su interior una tradición que existe desde hace tiempo, mientras al mismo tiempo lleva a cabo la conciliación con la modernidad, y con los problemas de los hombres, tanto si se trata del hambre, como de la pobreza, la dignidad, la bioética. En esto la posición de la Santa Sede es ejemplar a la hora de mantener vivas la tradición religiosa y la sabiduría práctica del pueblo y al mismo tiempo tener ideas precisas sobre lo que ocurre en todo el mundo. ¿Qué relación hay entre Occidente y la religión? Occidente puede ser laico pero sabe dar sus pasos gracias a una historia y una moral cristianas. Esto es hoy un problema para los turcos: sin separarnos de nuestras tradiciones y nuestra fe podemos ser, caminando hacia la democratización, un país moderno y tener una visión global ética, espiritual de la historia, en armonía con la vida del Estado republicano. Puede parecer paradójico pero la Santa Sede, que es un Estado-sede religiosa y ejerce toda su fuerza sobre el corazón y la moral de los creyentes, no desprecia ni salta por encima de los poderes civiles laicos. En la historia es un éxito extraordinario.
![Kenan Gürsoy [© Afp/Getty Images]](/upload/articoli_immagini_interne/1297177572067.jpg)
Kenan Gürsoy [© Afp/Getty Images]
KENAN GÜRSOY: Como saben, nuestra Carta constitucional conservaba todavía las señales del golpe militar de 1980, y adolecía de una concepción que limitaba nuestro camino hacia la democratización del país. Dejando a un lado que fuera justo o no la decisión de votar un paquete de veintiséis enmiendas, el cincuenta y ocho por ciento de mis connacionales dijo que sí a la decisión de ser más europeos y más democráticos.
En Occidente hay dudas sobre ustedes.
Esas dudas son de tipo cultural, económico y, por desgracia, religioso: Turquía, por su historia y su importancia, despierta preocupación. Sabemos que Europa es una civilización y una comunidad de pueblos mayoritariamente cristianos... pero cada cultura está compuesta por elementos distintos, a veces incluso muy diferentes uno de otro. Y estas diferencias se asumen, coexisten dentro de la totalidad. También esto es un valor, porque la realidad nos enseña que cohabitamos en un mundo hecho de diferencias. Son muchos los valores que se exaltan, me pregunto por qué este no puede serlo.
¿El referéndum marca el final del kemalismo?
Es imposible que Turquía llegue a pensar solo por un momento algo contra el fundador Mustafá Kemal Pasha Atatürk, el padre de los turcos. Todos somos sus hijos y nietos, dentro de su espíritu fundador, y es un error decir que el referéndum es contra Kemal: nosotros somos los continuadores de sus reformas, seguimos la senda de la laicidad concebida por él, y nadie quisiera hoy volver a los tiempos de antes de Mustafá Kemal. Solo decimos que ha llegado el momento de ampliar sus reformas hacia la democratización. Sigamos la historia. Mustafa Kemal fundó la Turquía moderna tras la I Guerra Mundial, el país había sufrido mucho y había sido invadido por las potencias occidentales que él había combatido y expulsado. Pero inmediatamente después comprendió que solo mediante la occidentalización y la europeización podía crecer la nación. Que al principio el régimen kemalista fuera autoritario es una comprensible necesidad de la historia. Pero inmediatamente después, a partir de los años cincuenta, el camino de la democratización estuvo marcado por la llegada del multipartidismo. Ahora hemos llegado a la tercera fase.
Cuyo instrumento es el referéndum...
El pueblo quiere participar en la vida política, que no ha de ser una reserva solo para las élites de las grandes ciudades, las prósperas o intelectuales. Esta es la democracia.
¿Y cómo se relacionará el pueblo turco con la élite europea por ejemplo sobre el tema de la laicidad?
El comienzo del régimen kemalista estuvo caracterizado por las reformas que procedían de una elite intelectual, política y militar. Al principio la laicidad era reformadora pero autoritaria, seguía la ideología del Estado que preveía la separación entre el Estado y la religión. Aquella laicidad se transformó en laicismo, que se convirtió en la religión de Estado, y como todas las ideologías terminó afectando a la psicología del pueblo y su modo de ser en general. Esto era ayer. ¿Qué es la laicidad? Es la apertura de cada cual, de cada partido político, hacia el otro, sin pretender que el otro se uniforme a nuestras posiciones. Nos respetamos mutuamente tanto los laicos como los religiosos. Esta moralidad está en las bases de la democracia. Las diferencias yo diría que son sagradas dentro de la identidad de todo nuestro pueblo. Existen, todos nos reconocemos y nos conocemos en ellas, y por ella hay agradecimiento...
¿Seguimos todavía en el pensamiento de Mustafá Kemal?
Sí, estamos dentro de una laicidad concebida no como religión sino como apertura. Existe armonía entre unidad y diferencias, y todo ello presupone un fundamento ético que se expresa, como forma jurídica, en la democracia. Este principio ético de la unidad en la pluralidad que existe hoy en Turquía existe en nombre de la fe islámica y de las distintas confesiones presentes en el país, y en nombre de lo que nosotros llamamos “la sabiduría practica del pueblo”. Era ya así en la acción política durante el periodo otomano.
¿Qué opinion se ha formado de la Santa Sede despues de un año como Embajador?
Observando a la Santa Sede hemos descubierto un hecho relevante. Para un Estado laico la separación entre poder civil y religioso es fundamental, y la tarea de la Santa Sede es ocuparse del corazón de los creyentes, no entrometerse cotidianamente en la política de los Estados. Porque la iglesia vive como una fortaleza que defiende en su interior una tradición que existe desde hace tiempo, mientras al mismo tiempo lleva a cabo la conciliación con la modernidad, y con los problemas de los hombres, tanto si se trata del hambre, como de la pobreza, la dignidad, la bioética. En esto la posición de la Santa Sede es ejemplar a la hora de mantener vivas la tradición religiosa y la sabiduría práctica del pueblo y al mismo tiempo tener ideas precisas sobre lo que ocurre en todo el mundo. ¿Qué relación hay entre Occidente y la religión? Occidente puede ser laico pero sabe dar sus pasos gracias a una historia y una moral cristianas. Esto es hoy un problema para los turcos: sin separarnos de nuestras tradiciones y nuestra fe podemos ser, caminando hacia la democratización, un país moderno y tener una visión global ética, espiritual de la historia, en armonía con la vida del Estado republicano. Puede parecer paradójico pero la Santa Sede, que es un Estado-sede religiosa y ejerce toda su fuerza sobre el corazón y la moral de los creyentes, no desprecia ni salta por encima de los poderes civiles laicos. En la historia es un éxito extraordinario.