Ha sido una visita histórica
por el cardenal Lluís Martínez Sistach
![Benedicto XVI con el cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona [© Osservatore Romano]](/upload/articoli_immagini_interne/1297178310255.jpg)
Benedicto XVI con el cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona [© Osservatore Romano]
Deseo reiterar mi agradecimiento al Papa por la amabilidad que tuvo con nuestra Iglesia local, y con las restantes diócesis del país, de aceptar la invitación que le formulé de venir a Barcelona para una ocasión que realmente creo que merecía la presencia del Sumo Pontífice: la dedicación a Dios de lo que muchos consideran no sólo como “la catedral de Europa”, sino también como “la catedral del mundo” o “la catedral del siglo XXI”. No sabemos ahora los acontecimientos que nos traerá el futuro, pero tenemos muchas esperanzas y las ganas de trabajar para que el día 7 de noviembre de 2010 sea un hecho que señale unas líneas de futuro para nosotros y para muchos más. Benedicto XVI ha confirmado la dimensión universal de la basílica de la Sagrada Familia, visitada anualmente por unos tres millones de personas procedentes de los cinco continentes del mundo, pero que ahora se va a consolidar con esta celebración que ha presidido el Santo Padre. Ha sido una visita histórica que esperamos y deseamos que tenga un “antes” y un “después”.
Frutos interiores, espirituales y pastorales
Siendo esto ya mucho, deseo que sea sólo el signo exterior de los muchos frutos espirituales y pastorales de la visita. Viendo la participación cálida y afectuosa del gran número de personas que recibieron al Santo Padre y la majestuosidad y la belleza de la basílica, pienso que todos hemos adquirido una mayor conciencia de la misión importantísima que tiene el Obispo de Roma y Sucesor de San Pedro al servicio de todas las Iglesias diocesanas y, por tanto, también para la de Barcelona y las otras que peregrinan en Cataluña y en el resto de España.
A ello contribuyó la edición y la difusión de más de 100.000 ejemplares publicados para la debida preparación de esta visita apostólica. Tres de estas catequesis estaban dedicadas al ministerio de Pedro y sus sucesores, dos a la figura de Gaudí y dos a la simbología del templo.
El Papa como principio y fundamento visible de la unidad de la Iglesia extendida de Oriente a Occidente, nos ha enriquecido con su presencia y su palabra en la dimensión de la catolicidad que han de vivir todos los cristianos. A raíz de esta visita ya ha habido signos del despertar de vocaciones sacerdotales, y no dudo que los habrá para la vida consagrada y para las misiones. A todos nos ayuda a vivir más intensamente nuestra vocación evangelizadora, que es propia de todo bautizado. Hoy es urgente evangelizar, presentar los contenidos de la Buena Nueva del Señor, y propiciar un encuentro personal de los hombres y mujeres, jóvenes y adultos, con la persona de Jesús. Porque, como nos ha dicho Benedicto XVI en su encíclica Dios es Amor, se es cristiano por el encuentro con una persona, Jesucristo, que da un nuevo horizonte a la vida.
Valoración de nuestra historia y nuestra cultura
Juan Pablo II comentó las finalidades de los viajes apostólicos, diciendo que «eran visitas realizadas a cada Iglesia local, y sirven para mostrar el lugar que ocupan en la constitución de la Iglesia. Cada viaje del Papa es una auténtica peregrinación al santuario viviente del Pueblo de Dios». (Discurso a la Curia, 28 de junio de 1980). Benedicto XVI ha visitado a este santuario viviente que es la Iglesia de Barcelona, una asamblea de personas que en la confesión de la fe hacen visible la presencia de Cristo en medio de los hombres (Cf. Lumen Gentium, 26).
El Papa nos ha demostrado que ama a nuestra Iglesia local de Barcelona y ha manifestado la valoración que hace de nuestra historia y de nuestra cultura, como se ha puesto de relieve, por ejemplo, en el uso que ha hecho durante la visita de la lengua catalana, junto al castellano y al latín.
Benedicto XVI ha mostrado entre nosotros su piedad sólida. Su misma voz parecía que se eclipsaba detrás de su «fe humilde y gozosa». Para esto vino sobre todo el Papa a Barcelona: para enseñarnos que es bueno vivir de cara a Dios. Él nos ha animado a creer que, apoyados en la fe, podemos «mostrar al mundo el rostro de Dios que es amor: el único que puede responder al anhelo de plenitud del hombre». Nos ha dicho que «ésa es la gran tarea: mostrar a todos que Dios es Dios de paz y no de violencia, de libertad y no de coacción, de concordia y no de discordia. Dios es la verdadera medida del hombre».
Por eso, el Papa no ha dudado en proclamar, en Santiago y en Barcelona, la “la gloria del hombre”, en la línea del magisterio de San Ireneo de Lyon que, ya en el siglo II de la era cristiana, nos dejó aquella sentencia de un rico contenido teológico: «Gloria Dei homo vivens», «la gloria de Dios es el hombre viviente» o «la gloria de Dios es la vida del hombre».
![Benedicto XVI da la comunión a una niña [© Osservatore Romano]](/upload/articoli_immagini_interne/1297178310286.jpg)
Benedicto XVI da la comunión a una niña [© Osservatore Romano]
El Papa nos ha dicho también que Dios es “amigo de la vida”. Dios es amigo de los hombres y nos invita a ser amigos suyos. «Si dejamos entrar a Cristo en nuestro corazón, experimentaremos el gozo de compartir su misma vida».
Pido a Dios que la palabra y los gestos del Papa encuentren un eco generoso en muchos jóvenes y les animen a seguir a Cristo y a colaborar con él en la obra de la Iglesia en el mundo de hoy. Los jóvenes buscan dar un sentido a la vida, buscan un mensaje auténtico y encuentran en el Papa un referente en el cual descubren unos contenidos que les llenan de sentido y que les conduzcan a la fuente, que es Jesucristo.
También espero que, como fruto de la visita del Santo Padre, sean muchos los que descubran que Antoni Gaudí, el creador de este gran templo que es único en el mundo, además de ser un arquitecto genial, fue también un cristiano ejemplar y consecuente. Su figura tiene un aire profundamente franciscano en lo espiritual. Vivió en los últimos años al pie de la obra de su vida: el templo de la Sagrada Familia. Soltero y pobre, como uno de aquellos desconocidos “maestros de obra” a los que debemos nuestras catedrales.
Gaudí crea un “Cántico de las criaturas”, de San Francisco de Asís. En su obra, que reforma el Gótico, dándole más esbeltez, más apertura a la naturaleza, más presencia de las “cosas benignas”, criaturas de Dios –desde los vegetales a los frutos y a los animales más insignificantes para el observador distraído– y dándole sobre todo más luz, que es el símbolo de la divinidad.
Los tres grandes “libros” de Gaudí
Cabía esperar de los labios del Papa teólogo –y los admiradores de Gaudí estaban atentos a ello– alguna feliz formulación sobre el “admirado maestro”. Es una verdadera antología de elogios a Gaudí la que cabe escoger entre las palabras del Papa en la bellísima homilía que pronunció en la Basílica de la Sagrada Familia. Personalmente, me ha parecido magistral una formulación de Benedicto XVI que en Barcelona ya citamos como “la de los tres libros en que se inspiró Gaudí”: la naturaleza, la Biblia y la liturgia.
Sin embargo, será mejor citar textualmente este párrafo que dice así: «¿Qué hacemos al dedicar este templo? En el corazón del mundo, ante la mirada de Dios y de los hombres, en un humilde y gozoso acto de fe, levantamos una inmensa mole de materia, fruto de la naturaleza y de un inconmensurable esfuerzo de la inteligencia humana, constructora de esta obra de arte. Ella es signo visible del Dios invisible, a cuya gloria se alzan estas torres, saetas que apuntan al absoluto de la luz y de Aquél que es la Luz, la Altura y la Belleza misma. En este recinto, Gaudí quiso unir la inspiración que le llegaba de los tres grandes libros en los que se alimentaba como hombre, como creyente y como arquitecto: el libro de la naturaleza, el libro de la Sagrada Escritura y el libro de la Liturgia. Así unió la realidad del mundo y la historia de la salvación, tal como nos es narrada en la Biblia y actualizada en la Liturgia».
Uno de los estudiosos de la simbología del templo ha escrito que toda la basílica es un gran himno de alabanza a Jesucristo. Gaudí contemplaba la naturaleza como la obra creada por Dios, y como tal era para el arquitecto una maestra, a la vez que con su trabajo de artista y arquitecto colaboraba muy íntimamente con el Creador. Era también un creyente que a medida que construía la Sagrada Familia, e iba desestimando muchos encargos para nuevas construcciones, se convertía más y más en su vida cristiana, alimentándose diariamente con la lectura de la Sagrada Escritura, libro por excelencia de su fe y de su inspiración artística. Gaudí tenía en su mesita de noche un libro de Dom Guéranger, Abad de Solesmes, L’Année liturgique, que leía constantemente y se intuye con facilidad al contemplar la Basílica de la Sagrada Familia, inspirada en el capítulo 47 del profeta Ezequiel y en los capítulos 21-22 del libro del Apocalipsis, así como en la belleza de la liturgia.
El acto más emotivo de la visita apostólica
La celebración de la dedicación de la basílica puso de relieve toda la riqueza litúrgica y eclesial del rito y fue seguida con mucha participación y unción espiritual por los que estaban dentro y fuera de la basílica, siguiendo el rito por medio de las numerosas pantallas panorámicas instaladas en las calles adyacentes al templo. Tanto fue así que, un atento observador del rito, como el padre Federico Lombardi, portavoz y director de la oficina de información de la Santa Sede, no dudó en declarar: «La liturgia de esta mañana es la expresión más solemne que he visto en cinco años de pontificado».
La visita del Santo Padre ha traído a mi memoria, en referencias a Gaudí, un hecho y un deseo. El hecho es que, en vida del arquitecto, visitó las obras de la Sagrada Familia, entonces sólo en sus comienzos, el nuncio del Papa en España, que se llamaba Francesco Ragonesi. Entusiasmado por lo que le explicaba el maestro sobre su gran proyecto, el nuncio le dijo. «¡Es usted el Dante de la arquitectura!». Un elogio tan sobrio como admirable.
El deseo es que un día no lejano, si ésta es la decisión de la Iglesia, el marco incomparable de la nueva Basílica, acoja la solemne beatificación del arquitecto cuyo sepulcro se conserva en la cripta del templo. La belleza y originalidad de un templo único en el mundo por su estilo, su monumentalidad y su rica simbología bíblica, teológica, litúrgica y catequética, será el marco adecuado para el primer arquitecto que alcanzaría el honor de los altares. Admiremos a Gaudí y su arte, lo cual es un acto de justicia, pero no nos olvidemos de encomendarnos a él para que este deseo, un día, pueda convertirse en realidad.