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IRÁN
Sacado del n. 12 - 2010

La paz sin nosotros es imposible


Desde Irak y Afganistán a la crisis palestino-israelí, desde las relaciones con Europa al diálogo entre islam y cristianismo. El punto de vista de la República Islámica de Irán en un artículo del viceministro de Exteriores para Europa


por Alí Ahani, viceministro de Asuntos Exteriores


De izquierda a derecha, el presidente pakistaní, Asif Ali Zardari, el presidente iraní, Mahmoud Ahmadineyad, y el afgano, Hamid Karzai, en la cumbre de la Economic Cooperation Organization (ECO), en Estambul, el 23 de diciembre de 2010 [© Afp/Getty Images]

De izquierda a derecha, el presidente pakistaní, Asif Ali Zardari, el presidente iraní, Mahmoud Ahmadineyad, y el afgano, Hamid Karzai, en la cumbre de la Economic Cooperation Organization (ECO), en Estambul, el 23 de diciembre de 2010 [© Afp/Getty Images]

La colaboración con Europa
Las relaciones con Europa se remontan a la antigüedad, siempre ha habido varios ámbitos de colaboración, con sus altos y bajos. Hoy los intereses comunes reales nos piden que usemos todo nuestro potencial, superando algunos enfoques políticos por parte europea. Pongamos el comercio. Hace años el volumen de los intercambios con Europa representaba el 60% del intercambio comercial total iraní, hoy es el 40%. Los europeos han sido sustituidos por otros. Y si Europa mantiene esta tendencia el volumen se seguirá reduciendo. El intercambio con China, que antes sumaban dos mil millones de dólares, ahora es de treinta mil millones. Los empresarios no esperan.
Otro ámbito de colaboración es la energía. Europa depende sobre todo de Rusia, y la UE trata de diversificar las fuentes de abastecimiento. Irán es una fuente de petróleo y gas con la que Europa puede contar, y sin embargo la ignora, por decisión política. El proyecto Nabucco [el gasoducto que llevará gas de Asia a Europa, evitando a Irán, n. de la r.] lo demuestra. Los propios expertos piensan que no considerar la gran fuente energética del gas iraní hará que en el futuro Nabucco no sea rentable.
El diálogo con los europeos ha estado siempre vivo, en cuanto a derechos humanos, inversiones, lucha contra la droga, la emigración, el ambiente. Hoy el dossier nuclear lo ha bloqueado todo, o por lo menos lo ha debilitado notablemente.

Las crisis actuales
Consideremos ahora las crisis actuales: Irak, Afganistán, Pakistán, proceso de paz palestino-israelí. Áreas en las que los Estados Unidos y los gobiernos europeos no son capaces de encontrar una medida.
Todas estas crisis las queremos atenuar. Tras la ocupación americana de Irak nuestra postura quedó inmediatamente clara: contra la invasión y a favor del proceso democrático en el país. Al Irak democrático fuimos nosotros los primeros en reconocerlo como Estado, a pesar de las críticas de ciertos países árabes que nos acusaban de colaborar con EE UU, cuando para nosotros era una decisión de principio a favor de la democracia. Tuvimos contactos con los distintos grupos presentes en el país, favoreciendo un gobierno de coalición nacional, afirmando además que las potencias de ocupación han de dejar cuanto antes el país. Afortunadamente el proceso político ha avanzado en esta dirección, y sobre esta base hemos apoyado siempre al gobierno iraquí. Los problemas no han terminado, pero la dirección emprendida por el país es justa.
Afganistán tiene una complejidad propia. Hay tres factores que han empeorado aún más esta crisis ya de por sí compleja: el extremismo, el terrorismo y la droga. Factores que, además, están relacionados. Después de nueve años de ocupación militar me pregunto si la estabilidad y la seguridad han mejorado. Mi respuesta es que no.
Pensemos en la droga: antes de la ocupación se producían 200 toneladas al año, el pasado año se llegó a 7.000 toneladas, el 90 por ciento de las cuales desembarca en Europa. A las preguntas sobre la actividad de lucha contra los estupefacientes los americanos replicaban que su presencia se debía al terrorismo, no a la lucha contra la droga. Para ellos no era un problema, evidentemente. Para Europa, sí. Hemos propuesto insistentemente a los europeos iniciar una colaboración para bloquear los flujos de opio en su origen. Nos han respondido positivamente, pero luego no han hecho nada.
El contexto afgano se hace cada vez más preocupante. El extremismo se acentúa. Nuestra opinión es que la solución de la crisis afgana hay que encontrarla en el ámbito regional. Quién está fuera de esto no conoce las raíces de las crisis, y solamente con los militares europeos y americanos la lucha al terrorismo no tiene éxito. Por eso hemos emprendido a nivel regional una iniciativa con Afganistán y Pakistán, a nivel de jefes de Estado y ministros de Exteriores, celebrando varias reuniones, y tenemos intención de intensificar esos coloquios. Creemos que podemos llegar a soluciones concretas. El apoyo de la comunidad internacional, de la ONU y de los países europeos, podría contribuir positivamente: lo esperamos. Y sin duda Italia podría tener un papel en proyectos comunes de reconstrucción de Afganistán y la creación de puestos de trabajo, de modo que en el país se cree un ambiente económico más favorable.
Paralelamente se pueden adiestrar las fuerzas afganas de seguridad, de policía y del ejército: así se resuelve la crisis.
Irán comparte con Afganistán 940 quilómetros de frontera, en treinta años han entrado en nuestro país tres millones de refugiados, regulares e irregulares, y nosotros hemos corrido con los enormes gastos de la acogida para poderlos ayudar. En este momento hay 330.000 niños afganos que estudian en Irán, y cinco mil universitarios. Todo esto y además los problemas sociales que crean aquí, violencias, homicidios...
Crear estabilidad en Afganistán es nuestro interés nacional. Por eso estamos abiertos a la colaboración con los europeos.
En la cuestión medio-oriental hasta ahora la UE no ha tenido un papel determinante, es donante y espectador. Se espera que después del Tratado de Lisboa pueda encontrar un lugar como actor independiente. El contexto medio-oriental es intricado, ha habido muchos proyectos de paz y me pregunto por qué ninguno de ellos ha dado nunca frutos.
Una de estas razones es el enfoque de Israel, que no cree en la paz e ignora las resoluciones de las Naciones Unidas, por no hablar de la cuestión de las colonias y del asedio de Gaza. También en este caso quien proyecta la paz no ha considerado las raíces de la crisis, entre las cuales está, en gran evidencia, el destino de los refugiados palestinos, que deben poder volver a sus lugares de origen y decidir con voto democrático su propio futuro. Si esto ocurre es un buen augurio para el futuro de Oriente Medio. No podemos ignorar a los protagonistas concretos. En Teherán siempre hemos criticado cuando la UE apunta con el dedo a Hamás y las fuerzas palestinas, considerándolos terroristas y no interlocutores. Pero son ellos los verdaderos protagonistas del escenario palestino, y cualquier proyecto de paz no puede más que pasar por ellos.
Sobre el intento de paz del gobierno americano, por el momento somos escépticos. ¿Cómo puede el gobierno americano prestar una atención adecuada a los problemas si se alinea con las posiciones de Israel y los lobbies judíos internos, especialmente en el tema del regreso de los refugiados y la situación palestina en general? Considerando todo esto, no se puede llegar a ninguna solución.
Esto es lo que pensamos nosotros, puede que nos equivoquemos, pero trato de expresarme con franqueza.

De izquierda a derecha, el ministro de Exteriores brasileño, Celso Amorim, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente iraní, Mahmoud Ahmadineyad, el primer ministro Turco, Recep Tayyip Erdogan, y el ministro de Exteriores turco, Ahmet Davotoglu, con motivo de la firma del acuerdo para el intercambio de uranio escasamente enriquecido con combustible nuclear, en Teherán, el 17 de mayo de 2010 [© Associated Press/LaPresse]

De izquierda a derecha, el ministro de Exteriores brasileño, Celso Amorim, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente iraní, Mahmoud Ahmadineyad, el primer ministro Turco, Recep Tayyip Erdogan, y el ministro de Exteriores turco, Ahmet Davotoglu, con motivo de la firma del acuerdo para el intercambio de uranio escasamente enriquecido con combustible nuclear, en Teherán, el 17 de mayo de 2010 [© Associated Press/LaPresse]

Las relaciones con la Santa Sede
Y llegamos a las relaciones con la Santa Sede. En mis recientes reuniones con su excelencia Mamberti y el cardenal Tauran he comprendido que hay excelentes posibilidades de colaboración. La visita del cardenal Tauran a Irán, con motivo de la séptima sesión del Coloquio interreligioso entre la Iglesia católica y el islam, es buena prueba de ello. Con la Santa Sede compartimos la opinión sobre importantes cuestiones globales. Uno de los problemas que aflige a la humanidad es su alejamiento de la religión. Ambos notamos que aumenta la distancia entre la sociedad y la religión, que a veces existe fobia contra la religión, como en el proyecto de aquel pastor estadounidense que quería quemar ejemplares del Corán. La Santa Sede, en la persona del cardenal Tauran, adoptó una clara postura de condena, neutralizando la iniciativa de ese señor, mientras que por desgracia algunas autoridades europeas premian a personajes que ofenden al islam y a la religión en general. Es un camino peligroso. Para impedir estos fenómenos se requiere un compromiso común. Hemos compartido la declaración final del Sínodo de los obispos de Oriente Medio sobre el juicio sobre la ocupación de tierras ajenas, y la necesidad del desarme mundial.
Acogemos favorablemente el diálogo entre el islam y el cristianismo. Las minorías religiosas han de ser respetadas. Así como nos esperamos que los derechos de las minorías islámicas en Europa sean respetados es igualmente obvio que se respeten también las minorías cristianas presentes en Oriente Medio y en otros países. Nosotros insistimos en la convivencia pacífica fundada en el respeto; Irán es un ejemplo de convivencia pacífica entre musulmanes y cristianos. Estos últimos, como también los judíos, gozan de pleno respeto y tienen sus representantes en el parlamento, sus iglesias y sinagogas, gozan de libertad de culto. Eso debe ser así en todo el mundo.

La cuestión de Turquía
Sabemos que algunos países europeos se oponen a la entrada de Turquía en la Unión Europea. Hemos de ser realistas. Sabemos que esa oposición tiene motivaciones históricas que nos trasladan al tiempo de los otomanos... La realidad de hoy, sin embargo, ha creado una situación según la cual Turquía podría convertirse en un Estado miembro. La pregunta es si esto es beneficioso para Europa. Está claro que la presencia de Turquía en la Unión Europea ayudará a ésta a comprender mejor el mundo islámico. En resumidas cuentas, es beneficioso para la Unión Europea. Pese a las reservas de algunos países.



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