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12 - 2010 >
«Donde Benito brilla hasta el día de hoy por sus milagros» san Gregorio Magno
«Donde Benito brilla hasta el día de hoy por sus milagros»
san Gregorio Magno
El actual abad del antiguo monasterio benedectino recorre su historia: los primeros asentamientos monásticos de Benedicto, los tesoros artísticos y documentales, las peregrinaciones
por dom Mauro Meacci
![El interior de la iglesia superior del Sacro Speco con sus frescos de escuela sienesa de la segunda mitad del siglo XIV [© Massimo Quattrucci]](/upload/articoli_immagini_interne/1298993171978.jpg)
El interior de la iglesia superior del Sacro Speco con sus frescos de escuela sienesa de la segunda mitad del siglo XIV [© Massimo Quattrucci]
El monasterio del monje Romano, colocado precisamente sobre el Sacro Speco, se llamaba y se llama San Blas. Durante los siglos fue utilizado varias veces como eremitorio; ahora está habitado por una comunidad de hermanas salesianas.
Después de casi tres años de vida retirada, san Benito comenzó a reunir a numerosos discípulos, alojándose en algunos pabellones de la villa neroniana situada más abajo, cerca de la presa que formaba el cauce sublacense; allí surgirá el monasterio de San Clemente. Estos discípulos procedían de todas las categorías sociales del tiempo: rústicos, nobles del patriciado romano e incluso “bárbaros”.
Al crecer el número de monjes, san Benito los reagrupó, según la simbología del colegio apostólico, en doce pequeños monasterios, todos ellos habitados por doce religiosos con un abad al frente.
De todos estos monasterios conocemos el nombre, y también conocemos de casi todos su exacta ubicación. Sin embargo, no podemos decir mucho sobre su historia, y es fácil imaginar que bien pronto cayeron en la ruina.
Entre estos destaca el monasterio de Santa María de Morrabotte, que, éste sí, se conservará durante los siglos, habitado por ermitaños o por pequeños núcleos de monjes siempre en relación con el cenobio sublacense. En especial en el siglo XIII vivió en él un gran ermitaño: el Beato Lorenzo Loricato (†1243), famoso por la austeridad y por la heroicidad de la vida penitente. Este lugar, conocido también como monasterio o ermita del Beato Lorenzo, ha seguido ejerciendo una fascinación particular también en tiempos recientes y en él encontraron refugio religioso e inspiración personajes del mundo monástico y no monástico. Recuerdo entre otros a don Luigi Giussani, a quien le encantaba ir a la ermita con sus jóvenes; o al pintor americano Bill Congdon, que eligió la ermita como retiro espiritual y como lugar de su producción artística.
Después de que san Benito se fuera a Montecassino, hacia 529, la vida monástica sublacense se concentrará cada vez más en el monasterio de San Silvestre, colocado algo más arriba que el de San Clemente, en un lugar con mucha agua, pero menos húmedo y más soleado. Este monasterio, que después se llamará Santa Escolástica, se desarrollará progresivamente hasta su actual configuración. Su construcción evolucionó siguiendo el perfil del monte Taleo: el primer núcleo del monasterio estaba colocado en el claro que actualmente ocupa el patio de la Asunción; a continuación, en los siglos VIII-IX el edificio se desarrolló hacia el sur, hacia el borde del valle: es este el núcleo románico que quedó coronado con la edificación de la torre del campanario del abad Umberto, en 1052, y con el claustro cosmatesco, del siglo XII. Posteriormente el monasterio se amplió hacia occidente con la construcción del claustro gótico del siglo XIV-XV y luego se añadió el claustro renacentista comenzado en el siglo XVI por el abad Cirilo de Montefiascone (1577-1581). Recientemente las zonas frente a Santa Escolástica han sido restauradas y alojan una amplia hospedería. Esta secular evolución y la presencia en este edificio de los más variados modelos arquitectónicos hizo exclamar al papa Pablo VI: «Este monasterio es un museo de arquitectura».
Es imposible resumir la historia del cenobio sublacense en pocas líneas: sin duda alguna, a partir del siglo IX fue protagonista indiscutido de la historia del centro del Lacio y en especial del alto valle del río Aniene. La comunidad monástica y los abades, en los vaivenes de la historia, han ejercido en los habitantes de este territorio una profunda influencia espiritual, cultural y social que ha tenido en algunas instituciones una expresión concreta. Quiero detenerme en la biblioteca y el archivo sublacense, que siguen siendo aún hoy instrumento indispensable para comprender la identidad de nuestra gente. Hacia el siglo XV la biblioteca poseía unos diez mil manuscritos, colocándose de este modo entre las mayores de la época, y el scriptorium se preciaba ya de una secular y reconocida actividad. El archivo iba recogiendo, como polvo fecundo, miles y miles de documentos que aún hoy nos hablan no solo de la vitalidad de la historia monástica sublancense, sino también de la de una tierra que en aquellos tiempos era rica y poblada. En este contexto, en 1464, llegaron a Subiaco dos clérigos alemanes, Corrado Sweynheym y Arnoldo Pannartz, cultores expertos del nuevo arte de la tipografía, y aquí, el 29 de octubre de 1465, terminaron la impresión del celebérrimo Divinae institutiones de Firmiano Lattanzio, el primer libro impreso en Italia.
Siguiendo el itinerario de los Diálogos gregorianos, que después de describir la vida de san Benito en Montecassino, vuelven al Speco, donde «brilla hasta el día de hoy por sus milagros» (Dialogorum libri II, 37), quiero yo también volver allí donde todo inició.
Poco sabemos del destino de aquella cueva después de que Benito bajara a la villa neroniana. La tradición dice que cerca de ella siguieron viviendo ermitaños y subían peregrinos atraídos por la fama de santidad de aquel lugar. Ya en el siglo IX había admirables frescos que adornaban aquellas paredes rupestres, y queda como testimonio de ello un resto en la cueva llamada de los pastores. Alrededor del siglo XI se comenzaron a construir edificios más amplios y en fin, a partir del siglo XIII, una pequeña comunidad empezó a vivir allí establemente, manteniendo siempre relación con la comunidad de Santa Escolástica y bajo la guía del abad sublacense. Los edificios adquirieron bien pronto la grandiosidad que aún hoy es posible admirar, y a lo largo del tiempo se enriquecieron con una serie de ciclos de frescos que representan una plástica y espléndida celebración de la vida y la gloria del Santo nursino hoy venerado como patrón de Europa.
¡Cuántos peregrinos y devotos han subido hasta allá arriba! De ellos queda huella en las miles de grafitos que, hay que decirlo, afean los frescos, pero que expresan el afecto y el deseo de colocarse bajo la protección de san Benito en el lugar que, justamente, Petrarca definió “limen paradisi” y que tuvo siempre la protección de papas insignes, entre ellos Inocencio III, cuya imagen campea en la parte inferior de la iglesia del Sacro Speco.