CRISIS. Entrevista al arzobispo Fernando Filoni
Irak para los iraquíes
«A los demás países y a las Naciones Unidas le corresponde favorecer a los iraquíes, sin ocupar su lugar. No convertir a Irak en el objeto de sus propios apetitos económico-políticos, sino en el sujeto de un crecimiento como país soberano». El nuncio apostólico en Bagdad cuenta el caos tras la caída del régimen y explica cómo ven los católicos el futuro de su país
por Gianni Valente

Fernando Filoni
El diplomático vaticano, natural de Pulla, nombrado nuncio en Bagdad en enero de 2001, evita intervenir en el debate sobre la permanencia o la retirada de las tropas estadounidenses y de sus aliados en Irak. Pero en sus respuestas es fácil ver el realismo y el sentido práctico y pastoral de su punto de vista. Las mismas capacidades que demostró durante su largo periodo de misión en Hong Kong, cuando desde 1992 a 2001, como consejero cultural de la nunciatura de Filipinas seguía con gran discreción desde la antigua colonia británica las delicadas cuestiones de la Iglesia en China.
Excelencia, causó admiración su decisión de permanecer en Bagdad bajo los bombardeos, mientras los diplomáticos de todo el mundo escapaban…
FERNANDO FILONI: No hay nada excepcional. Vivir en Bagdad durante la guerra fue una decisión conforme a la misión de una representante pontificio. El cual, como decía Pablo VI, al residir en las naciones, participa, es más, entra en su vida. Nuestra condición misma nos ha llevado a compartir el destino de la población iraquí con todos sus sufrimientos, injusticias y esperanzas.
¿Cuáles han sido los momentos más difíciles?
FILONI: Los días de los feroces bombardeos fueron muy duros, y también los del saqueo de la ciudad. Hemos vivido los problemas de toda la población: falta de agua y electricidad, inseguridad por la locura anárquica que parecía arrollarlo todo, desarticulando todo factor de organización de la convivencia social. La degradación civil y moral fue impresionante: venganzas, robos, incendios, secuestros, apropiaciones indebidas, destrucción. Cualquiera, tuviera o no tuviera un motivo, podía hacer lo que quisiera; ninguna autoridad podía impedírselo porque no había autoridad. Sólo en las mezquitas o en las iglesias algunos religiosos amenazaban con penas y castigos divinos.

Un grupo de mujeres de Bagdad protestando contra los soldados americanos porque falta agua, electricidad y géneros de primera necesidad
FILONI: A un año de distancia, continúa el grave envilecimiento del tejido civil y moral de la población. Se están difundiendo como una plaga endémica los secuestros de personas para pedir rescates, normalmente contra profesionales o comerciantes. Y los secuestradores piden por el rescate cifras astronómicas. Conozco el caso de un médico cristiano al que le han pedido medio millón de dólares. Ahora, aterrado, no sale de casa y piensa irse de Irak. Puedo también hablar de robos, asaltos a mano armada, homicidios, venganzas, degradación de las calles, suciedad e incuria, hospitales incompetentes, construcción de viviendas sin permiso. Y, sobre todo, el desempleo muy alto, raíz de muchos de estos males. La policía no tiene autoridad. La dignidad de un pueblo ha sido ultrajada; sus tradiciones ancestrales ignoradas, su alma dividida.
De lo que pasa en Irak los medios de comunicación informan casi solamente sobre los hechos más sangrientos, los episodios en los que participan las tropas de la coalición o los rehenes extranjeros. Pero ¿qué ha cambiado en la vida diaria de los iraquíes antes y después de Sadam?
FILONI: La precariedad cotidiana se percibe en todos los aspectos: la gente no sale de casa después del atardecer; no hay familia (en una acepción del término más amplia respecto a los criterios occidentales) que no lamente víctimas o daños; conseguir comida es difícil, ha aumentado la mendicidad. La escuela es precaria; los padres tienen miedo de mandar sus hijos a escuela.
Y, sin embargo, en todo este caos se siguen haciendo negocios…
FILONI: El primero ha sido el de las antenas y decodificadores satelitares, luego la creación (y repentina extinción) de decenas de periódicos y revistas, la adquisición de modelos de automóvil (sobre todo de segunda mano) que antes estaban reservados al establishment, la puesta en marcha de pequeños negocios. El coste de la vida se ha triplicado, y también los salarios. El deseo de bienes, no siempre respaldado por recursos económicos, se centra en los electrodomésticos más modernos, también porque no hay impuestos sobre las importaciones. El último negocio es el de los teléfonos móviles. Pero la red normal o no funciona o funciona sólo localmente. Ha cambiado la moneda. La gente aprecia el nuevo dinar que muestra cierta estabilidad, en torno a 1430 ID por un dólar… En síntesis, se dan todas las contradicciones sintomáticas de una sociedad a merced de sí misma. Falta una autoridad legítimamente constituida. Un iraquí que hable a los iraquíes. Alguien que sepa indicar de verdad adónde va el país.
Los Estados Unidos han dicho que la guerra contra Sadam servía para poner en marcha procesos de democratización, para exportar la democracia a Irak y a Oriente Próximo. ¿Ha entendido la población iraquí esta intención?
FILONI: Lo de la democracia es un tema complejo que no puede prescindir del sentido que se tiene de democracia en el mundo árabe, según una percepción que no corresponde a los modelos occidentales. La gente iraquí tiene un sentimiento de sus propios derechos, que se engloban en el contexto de su tradición y de su mentalidad, donde etnia y familia son los ámbitos irrenunciables en los que se ejercen y salvaguardan los derechos del individuo. En Occidente se presta más atención al derecho del individuo; aquí el individuo tiene valor en cuanto miembro de una familia y de una etnia que lo protege y que él por su parte defiende. La democracia tiene un sentido menos filosófico, abstracto y más ligado al contexto antropológico. Espero que no quieran imponer aquí una democracia con características americanas, británicas o italianas.
¿Cómo viven los cristianos esta fase de transición caótica? ¿Con qué espíritu miran al futuro?
FILONI: Los cristianos comparten completamente los problemas de la población iraquí, de la que son parte integrante. Como minoría no puede negarse que ahora viven con cierta preocupación por el futuro. En el pasado, el régimen había establecido algunas garantías para ellos, pero ¿cómo será el futuro? A finales de abril de 2003, todos los obispos, católicos y no católicos, firmaron una declaración, que sigue siendo el texto de referencia para describir la posición ideal a la que aspiran los cristianos en Irak: ningún privilegio, respeto de los derechos religiosos, participación libre en la vida civil, social y política sin distinción de credo; respeto y buenas relaciones con la religión de la mayoría de la población y cooperación con las autoridades constituidas, sin interferencias. La población cristiana apreció el tenor.

Un oleoducto ardiendo en Samarra, ciudad a cien kilómetros al norte de Bagdad
FILONI: Hay algunas decenas de pequeños partidos políticos de los cristianos. También a ellos los obispos recomiendan el respeto de los derechos y la superación de las fracciones étnico-religiosas entre caldeos, asirios, sirios, armenios, etc. El criterio es establecer un techo común, bajo el cual cada uno tenga la libertad de conservar sus particularidades. Siendo una minoría, los cristianos pueden tener futuro sólo si consiguen olvidar estas fracciones que son fruto de divisiones étnicas, rituales y doctrinales históricas.
¿De qué manera concreta los representantes de las comunidades cristianas participan en la obra de reconstrucción del tejido social y civil?
FILONI: Hoy los cristianos participan con su presencia proporcional en las administraciones de ciudades como Mosul y Kirkuk, tienen un representante en el Consejo de gobierno y un ministro en el Gobierno de transición, actualmente responsable del sector de transportes. Para el futuro los responsables de las comunidades esperan hacerse de nuevo con las escuelas e instituciones culturales nacionalizadas por el régimen anterior. Efectivamente, el Consejo de gobierno, con la Decisión n. 87 del pasado 5 de noviembre decretó la devolución de los edificios y el restablecimiento de los derechos. Pero toda la Iglesia, según las distintas posibilidades de cada uno, participa en la reconstrucción del país. Actualmente funcionan siete dispensarios entre Bagdad, Basora y Mosul, que ofrecen gratuitamente asistencia médica y medicinas a la población; se distribuyen los donativos recibidos; se ayudan a las familias sin trabajo desde hace tiempo; se reconstruyen parcialmente viviendas damnificadas por la guerra; se administran algunos jardines de infancia en las parroquias; se ponen en marcha programas de asistencia sanitaria para las familias necesitadas; se hacen venir medicinas desde el extranjero que en Irak no se encuentran. Además, se están poniendo en marcha las obras para construir un hospital en Mosul y dos escuelas para la formación de enfermeras…
¿Qué dificultades encuentra usted en su actividad de representante diplomático? ¿Quiénes son sus interlocutores oficiales?
FILONI: Los interlocutores oficiales, desde el punto de vista diplomático, son las autoridades locales. Según van tomando el control de la situación se desarrollan los contactos. La Santa Sede tiene relaciones diplomáticas con Irak desde 1966, pero la presencia del delegado apostólico se remonta a 1850.
En Occidente muchos exaltan el cristianismo como factor de identidad cultural, como para contraponerlo al despertar del fundamentalismo islámico. Se propone en varias versiones la ecuación “cristianismo igual a Occidente”. ¿Qué impresión causan estos discursos vistos desde Bagdad?
FILONI: Puedo decir que el Papa goza de gran estima también entre los musulmanes. Los periódicos publican sus llamamientos y refieren sus iniciativas más significativas. La oposición del Papa contra la guerra suscitó afecto y admiración. Es muy popular y la gente le está agradecida. Le cuento un pequeño hecho, pero significativo. Después de la guerra, se estaban llevando con un camión alimentos y agua al conocido barrio pobre de Bagdad, Sáder City. El camión fue detenido, pero cuando la gente supo que eran ayudas del Papa, dijo: aceptamos estas ayudas y se lo agradecemos. Un respetable jefe chií me dijo hace algún tiempo: «Ahora el Papa puede venir a Irak». Un ayatolá me ha escrito palabras de estima porque, después del reciente terremoto en Irán, el Papa había pedido que se ayudara a los musulmanes iraníes.
Las imágenes sobre las torturas en las prisiones iraquíes están escandalizando a la opinión pública mundial. ¿Qué reacciones ha podido ver entre la población?
FILONI: Indignación y desilusión. Frente a estos hechos, muchos hacen una comparación, casi obvia: los hechos negativos que sucedían antes, y que todos conocemos, vuelven a suceder hoy, en los mismo lugares y, hecho aún más grave, cometidos por quien decía que quería borrar ese pasado. La credibilidad ha quedado comprometida y dudo que pueda restablecerse completamente. La población iraquí se siente herida en su dignidad y no olvidará fácilmente estos gravísimos hechos.
Según usted, ¿qué puede pasar después del 30 de junio? ¿Tendrá lugar el traspaso de poderes? Y a largo plazo, ¿hay un futuro para Irak?
FILONI: Yo creo que sí. Irak tiene futuro, ante todo porque es un país que dispone de recursos para construirselo. Me refiero a los recursos económicos, pero también a una larga tradición cultural. Aquí nacieron civilizaciones en las que ha bebido todo el Occidente; la cultura es una raíz y esta raíz no está muerta.
Luego tiene un futuro si los propios iraquíes lo desean. Son ellos los que deben dejar a un lado odios y rencores, reconciliarse, superar las divisiones étnicas y religiosas exasperantes, encontrar líderes iluminados y con espíritu de servicio, que pongan en primer lugar los intereses de la gente y del propio país, que dejen atrás veinte años de guerras desastrosas, derroches económicos, injusticias de las que no se ha librado nadie.
¿Qué deben hacer los demás países y la comunidad internacional para dar una posibilidad real a este futuro?
FILONI: Los demás países y las Naciones Unidas tienen la tarea de favorecer a los iraquíes, sin ocupar su lugar. No convertir a Irak en el objeto de sus propios apetitos económicos-políticos, sino en el sujeto de un crecimiento como país soberano, respetado en la comunidad internacional.