Entrevista a Piero Parolin sobre la relación entre la Iglesia y el Gobierno de Hanoi
Paso a paso por la senda de Ho Chi Minh
«No podemos por menos que desear que haya disponibilidad a volver al espíritu que animó a Ho Chi Minh, quien –en la célebre ordenanza número 234 de 1955– no ponía límites a la Iglesia acerca de los nombramientos de los obispos, el ingreso en los seminarios o las actividades de las congregaciones religiosas». Habla el subsecretario de la Sección para las relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado vaticana
por Giovanni Cubeddu

Jean-Baptiste Phan Minh Mân es recibido en Ciudad Ho Chi Minh a su regreso tras ser creado cardenal por Juan Pablo II durante el consistorio del 21 de octubre de 2003
Monseñor Pietro Parolin, subsecretario de la Sección para las relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado, encabezó a finales de abril la delegación vaticana que fue a Vietnam, de la que formaban parte Monseñor Luis Mariano Montemayor, consejero de nunciatura en la Secretaría de Estado, y monseñor Barnabé Nguyên Van Phuong, jefe de oficina de la Congregación para la evangelización de los pueblos. Con esta visita se continuaba la costumbre de un encuentro anual interrumpida en 2003 «por motivos puramente organizativos», explica Parolin, «debido a una serie de cambios en la segunda Sección de la Secretaría de Estado». Su opinión meditada, después de las entrevistas vietnamitas, es que se trató de un viaje positivo, de una relación que está mejorando.
El neocardenal Pham Minh Mân ha propuesto públicamente que para reglamentar la materia de la libertad religiosa se vuelva a lo que estableció el padre fundador del Vietnam comunista, Ho Chi Minh. ¿Qué opina usted?
PIETRO PAROLIN: He de decir que se trata de una propuesta válida. El cardenal se ha movido con sensatez y su iniciativa merece apoyo. Es imposible, por tanto, no desear que haya disponibilidad a volver al espíritu que animó a Ho Chi Minh, quien –en la célebre ordenanza número 234 de 1955– no ponía límites a la Iglesia acerca de los nombramientos de los obispos, el ingreso en los seminarios o las actividades de las congregaciones religiosas. Por lo demás en las conversaciones oficiales, hemos oído varias veces citar una reciente resolución del Comité central del Partido comunista, en la que los católicos vietnamitas son considerados como «ciudadanos a todos los efectos» y se asegura la voluntad del Gobierno de «responder a las exigencias espirituales de esa parte de la población que profesa una fe religiosa». Esta postura del Partido comunista la consideramos, por supuesto, positiva. Otro concepto que fue reafirmado en varias ocasiones como expresión de la voluntad de los interlocutores vietnamitas es que en las relaciones con la Iglesia católica ha llegado la hora de dejar atrás el pasado y mirar con confianza al futuro.
¿Qué puede decirnos de su viaje a Vietnam?
PAROLIN: La delegación de la Santa Sede, como en las anteriores misiones, perseguía dos objetivos: dialogar con las autoridades gubernamentales para promover las relaciones recíprocas y tratar las cuestiones de las relaciones entre Iglesia y Estado, y, al mismo tiempo, visitar a la comunidad católica. Así tuvimos el gusto de reunirnos con el presidente de la Conferencia episcopal, los miembros del Consejo permanente de ésta y los obispos de las provincias eclesiásticas de Hanoi. Estuvimos en la diócesis de Xuân Lôc y de Ban Mê Thuôt. Estas diócesis no habían recibido nunca la visita de las anteriores delegaciones de la Santa Sede, y haber podido hacerlo fue, en cierto sentido, una sorpresa. Xuân Lôc, en el sur, es la mayor diócesis del país, donde los católicos representan cerca del treinta por ciento de la población. Ban Mê Thuôt se encuentra en los altiplanos centrales. Donde viven unas cuarenta minorías étnicas conocidas con el nombre de “montagnards” y donde, como es sabido, hay tensiones; sobre lo que sucedió a principios de abril recibimos información de las autoridades locales. En Hanoi celebramos una misa en el seminario mayor y en la casa de las Hermanas Amantes de la Cruz, y en Thanh Pho Ho Chi Minh se organizó un encuentro con los representantes del clero, de la vida religiosa, de los laicos y de las instituciones católicas de la archidiócesis. A nivel gubernamental, se llevaron a cabo dos sesiones de trabajo con la Oficina para los asuntos religiosos y visitas de cortesía al viceministro de Asuntos Exteriores, al vice presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Comité central del Partido Comunista de Vietnam y, durante la visita a las diócesis, a las autoridades locales. Nos recibieron con respeto y diría que casi con cordialidad, actitudes que tratamos siempre de corresponder. Pienso que los coloquios con las autoridades de la Oficina para los asuntos religiosos fueron útiles, aunque todavía hay cuestiones que esperan una respuesta.

Un sacerdote bendiciendo a un grupo de peregrinos vietnamitas en el santuario de Nuestra Señora de Le Vang, en la provincia de Quang Tri
PAROLIN: Desde las primeras visitas de la delegación de la Santa Sede hasta hoy han pasado quince años y no cabe duda de que se han hecho progresos. Hemos sabido que en algunas regiones las autoridades han solicitado la colaboración de las religiosas para cuidar a los enfermos de sida; en otras, se han autorizado nuevos ingresos en Institutos religiosos. Son síntomas de una actitud más abierta hacia la Iglesia católica. Creo, sin embargo, que queda aún mucho camino por hacer. Por tanto, espero que se profundice y continúe el diálogo, y que con el diálogo crezcan la comprensión y la confianza. La Iglesia sólo pide que pueda ejercer libremente su misión, poniéndose generosamente al servicio del país y de sus habitantes.
¿Y respecto a los límites gubernamentales a los nombramientos episcopales?
PAROLIN: La delegación de la Santa Sede estuvo en Vietnam también para tratar con las autoridades gubernamentales sobre los nombramientos de los obispos que, a causa de las sabidas circunstancias, sigue actualmente en Vietnam un procedimiento excepcional. Naturalmente tenemos la esperanza de que también en este caso se llegue a la normalización. Durante esta última visita hubo resultados que se darán a conocer en el momento oportuno. También afrontamos otras cuestiones que merecen atención.
¿Hay un episodio de este viaje a Vietnam que recuerda de manera especial?
PAROLIN: Creo que lo que más nos conmovió ocurrió en Ban Mê Thuôt. Por la tarde celebramos la santa misa en la capilla del obispado y la mañana siguiente teníamos previsto hacer una visita privada a la Catedral. En cambio, cuando llegamos nos encontramos con una iglesia casi repleta de fieles, que se habían reunido espontáneamente al enterarse de la presencia de la delegación de la Santa Sede. Fue una experiencia muy intensa, que se repitió poco después en la casa de las Hermanas de María Reina de la Paz, una Congregación diocesana que trabaja sobre todo con los “montagnards”. He de decir que todos los encuentros con la Iglesia estuvieron caracterizados por el entusiasmo, la profunda espiritualidad, el clima de intensa comunión eclesial y los sentimientos de unión, devoción y fidelidad al Sucesor de Pedro: cosa que la delegación ha tenido el gusto de transmitir al Santo Padre al regresar a Roma.