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DOCUMENTO
Sacado del n. 05 - 2004

Sobre la guerra contra Irak


El texto del discurso pronunciado en el Senado italiano el 20 de mayo por el senador Giulio Andreotti, durante el debate sobre la situación en Oriente Medio. El grupo “Por las autonomías”, del que forman parte también los senadores vitalicios Andreotti y Francesco Cossiga, presentó la moción, junto con los senadores vitalicios Emilio Colombo y Rita Levi Montalcini, que fue aprobada por gran mayoría


por Giulio Andreotti


Señor presidente,
señor presidente del Gobierno,
senadores:

El documento que nuestro pequeño grupo “Por las autonomías”, junto con dos autorizados colegas, Rita Levi Montalcini y Emilio Colombo, ha presentado para la conclusión del debate tiene como objetivo contribuir a la búsqueda de puntos de orientación, en una fase de la política internacional terriblemente inquietante y confusa, en la que tanto en Irak como en Palestina existe una trágica situación de crisis. Nadie, desde luego, siente nostalgia por el Muro de Berlín, pero tras la disolución del imperio soviético y la desaparición del grupo de países no alineados se ha producido un peligroso desequilibrio internacional, en el que observamos la singular tentación de EE UU de adjudicar o revocar el título de amigos o de canallas. Cuidado. La señora Condoleezza Rice se quejaba de que nos hayamos olvidado de su aportación decisiva en la victoria contra las dictaduras europeas. No es así. No hemos olvidado ni siquiera su determinante participación en la Primera guerra mundial. Pero esto no es suficiente para justificar la guerra contra Irak cuando, por lo menos por los datos de que disponemos, han resultado infundados los motivos aducidos, es decir, la existencia de un arsenal de armas de destrucción masiva.
Soldados ingleses se enfrentan a la guerrilla urbana en Basora; abajo, un grupo de iraquíes se manifiesta contra la presencia americana frente a la cárcel de Abu Ghraib, en Bagdad

Soldados ingleses se enfrentan a la guerrilla urbana en Basora; abajo, un grupo de iraquíes se manifiesta contra la presencia americana frente a la cárcel de Abu Ghraib, en Bagdad

La soberanía de los Estados no puede quedar sujeta a atropellos, y precisamente para defender el de Kuwait a manos de Sadam se organizó, bajo el control de la ONU, la movilización de los años noventa.
Las desgracias provocadas cotidianamente en este momento, que es difícil considerar una “posguerra”, pesan sobre todos por igual. Nos sentimos destrozados por los soldados italianos muertos en Irak, pero con el mismo sufrimiento lloramos, junto con sus familias, a los 787 militares americanos y al enorme número de iraquíes caídos en esta “inútil matanza”.
Es obligatorio reconocerles a los iraquíes –pueblo de antigua civilización– el derecho a decidir su propio ordenamiento y a gobernarse sin protectorados y sin confusiones entre la libertad civil y la pertenencia religiosa: riesgo existente aquí mucho más que en otras partes del mundo. Es necesario que la ONU –como a usted, presidente Berlusconi, se le aseguró en los días pasados– adquiera responsabilidades directas mediante formas para conseguir la transición a un sistema auténticamente representativo. Fuera de este preciso y radical proyecto sería impensable la legitimización, o, de todos modos, la oportunidad política y humana de la presencia de soldados italianos. Ni nuestra vocación ni nuestro ordenamiento constitucional aceptan los regímenes de ocupación.
Dolorosamente dramático es también el otro foco de crisis. Hemos de pedir con firmeza a la Unión Europea que refuerce su empeño y tome iniciativas de paz mediante el diálogo para llegar a una efectiva convivencia de los israe­líes con los Estados vecinos, comprendido el Estado palestino reconocido también en los Acuerdos de Oslo. Es necesario que los fundamentalismos de ambas partes lleguen a la convicción de que, sembrando muerte no podrán seguir bloqueando las negociaciones para llegar a un acuerdo, como ha venido ocurriendo hasta ahora.
Pero es necesario volar alto y ofrecer a los jóvenes nuevas perspectivas de vida.
En esta tristísima coyuntura hay que encontrar algo que eleve los espíritus. Pienso –cosa que someto a la reflexión del gobierno para que lo promueva– en una gran campaña de educación a la paz que retome entre otras cosas las ideas de la reducción de armamentos, que, con la administración Reagan-Bush padre, y con la solidaridad de la OTAN, llevar­on a la drástica disminución de los arsenales nucleares.
Nosotros, los de la llamada Primera República, estamos orgullosos de haber trabajado por esta política.
Señor presidente del Gobierno, tanto usted como el gobierno vienen con frecuencia al Senado (así como a la Cámara de Diputados) a informar y a escuchar a la mayoría y a la no mayoría. En la historia de la democracia británica queda como algo memorable la época de los tremendos bombardeos alemanes, cuando parecía que todo estaba realmente perdido. La Cámara de los Comunes se reunía cotidianamente y Winston Churchill iba todos los días a dar y recibir ánimos.
Que nadie se olvide de que Italia es una República parlamentaria.
Giulio Andreotti

Giulio Andreotti


Paz mediante el diálogo


El texto de la moción

El Senado, cada vez más preocupado por la grave situación en Oriente Medio, y especialmente por la aún no resuelta cuestión palestina y por la dramática crisis iraquí,
hace un llamamiento a la necesidad de que se presenten propuestas por parte de la Unión Europea en el marco de la política exterior común, sancionada por Maastricht y reconfirmada en el borrador de la Constitución, por desgracia aún desatendida;
reconfirmado que el área del respeto de los derechos humanos y de la representatividad de la voluntad de los pueblos ha de ser la defensa sin nunca lesionar la soberanía, considera que

1) ha de reconfirmarse la estrategia de paz mediante el diálogo para poder llegar a una efectiva convivencia del Estado de Israel con los Estados vecinos, incluido el Estado palestino reconocido en los Acuerdos de Oslo;
2) ha de reconocerse a los iraquíes –pueblo de antigua civilización– el derecho a decidir su propio ordenamiento y a gobernarse sin interferencias ni protectorados, y sin confusiones entre libertades civiles y diferencias religiosas;
3) han de ser apoyados los esfuerzos de la ONU –incluido los del secretario general en persona– y actuar en consecuencia tras las responsabilidades de que se haría cargo la ONU mediante formas que excluyan los prejuicios de interés. Sólo en este marco internacional puede considerarse la presencia militar italiana;
4) ha de promoverse una gran campaña mundial de educación a la paz que retome también la temática de la reducción de armamentos que con la administración de Reagan-Bush dieron comienzo a una perspectiva –por desgracia luego abandonada– de guerra a la guerra.


VOTACIÓN Votos favorables 165
Votos en contra 9
Abstenciones 97


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