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ARTE
Sacado del n. 09 - 2004

El último Bernini y el Salvator mundi


Ha sido hallada en Roma la última obra maestra de Bernini. Un busto marmóreo del Salvador, que el artista esculpió poco antes de su muerte “para su devoción” y que definió su “Benjamín”


por Pina Baglioni


El <i>Salvator mundi</i>, Gian Lorenzo Bernini, h.1679 , convento de San Sebastián Extramuros, Roma

El Salvator mundi, Gian Lorenzo Bernini, h.1679 , convento de San Sebastián Extramuros, Roma

Con los hombros cubiertos por un manto con efectos de raso, el hermoso rostro enmarcado por una poblada cabellera y la mano derecha bendiciendo, un busto de mármol que representa al Señor está escondido en un oscuro nicho de una de las entradas del convento de San Sebastián extramuros, en la Vía Appia Antigua de Roma.
Al parecer no es una estatua cualquiera. Gracias a una serie de coincidencias, ocurridas en agosto de 2001, algunos historiadores de arte reconocieron el Salvator mundi, la última obra de Gian Lorenzo Bernini, el «gran maestro del barroco», el artista “global” capaz de reprender a cualquiera con un perentorio «No me hable de nada que sea pequeño», y que, sin embargo, «al final de su extraordinaria existencia», escribe Claudio Strinati, especialista del barroco romano, y superintendente de los Bienes artísticos e históricos de Roma, «cerró su parábola en una muda meditación» que le llevó a reali­zar «para su devoción» un hermoso busto de Cristo considerado afectuosamente por el viejo artista su “Benjamín”.
Pero a finales del siglo XVII esta obra extraordinaria desaparece. En más de treinta años de estudios, por lo menos desde 1972, varias veces se llega a la convicción de haberla encontrado. De modo que su búsqueda, terminada a las puertas del convento romano de San Sebastián, ha sido bastante enrevesada.
El pasado febrero el Salvator mundi fue expuesto por primera vez como obra auténtica de Bernini en la exposición “Velázquez, Bernini, Luca Giordano. Las cortes del Barroco”, en las Caballerizas del Quirinal de Roma. Terminada la exposición, el busto que representa a Cristo volvió a su oscura y solitaria morada del Appia Antigua, lejos de nuevo de la mirada de la gente.
<I>Estudio para el “Salvator mundi”</I>, Gian Lorenzo Bernini, dibujo al carboncillo, h.1679 , Instituto Nacional italiano para la Gráfica, Roma

Estudio para el “Salvator mundi”, Gian Lorenzo Bernini, dibujo al carboncillo, h.1679 , Instituto Nacional italiano para la Gráfica, Roma

¿Cuándo y por qué Gian Lorenzo Bernini esculpió el Salvator mundi? «… Y ahora […] corre el año 82 de su edad […] con óptima salud, habiendo trabajado el mármol hasta el año 81, en que terminó con un Salvador para su devoción». Esto refiere una biografía de Bernini, escrita en 1680 por el hijo del artista Pier Filippo y conservada en la Biblioteca Nacional de París. Esta referencia, que por primera vez ha sido tomada en consideración en los estudios sobre el Salvador, la ha ofrecido cortésmente a 30Días el arquitecto Francesco Petrucci, conservador del Palacio Chigi de Ariccia, un pueblo a pocos kilómetros de Roma. El nuevo documento forma parte de un artículo de Petrucci titulado “El busto del Salvador de Gian Lorenzo Bernini: el hallazgo de una obra maestra”, que será publicado próximamente en el Bolletino d’Arte.
Bernini muere a la edad de 82 años, el 28 de noviembre de 1680, y realiza la estatua un año antes. En otra biografía, la que redactó Filippo Balducci en 1682, se afirma que la estatua fue realizada para la reina Cristina de Suecia, pero que ésta, aunque la apreció, la rechazó porque no podía darle a Bernini un objeto de igual valor. De todos modos, al morir el artista, la reina Cristina recibió como herencia el Salvator mundi. Escribe Balducci que en este último periodo de su vida el artista, entregado «más a conseguir el reposo eterno que a adquirir nueva gloria mundana […] se puso con gran aplicación a representar la efigie […] de nuestro Salvador Jesucristo, obra que llamó su Benjamín, y que fue la última que su mano dio al mundo […] En esta divina imagen puso todos los esfuerzos de su piedad cristiana». Y por otra biografía de su hijo Domenico, editada en 1713, sabemos que «cercano ya a la muerte el Caballero […] quiso ilustrar su vida […] realizando una obra […] con la que termina sus días. Esta fue la imagen de medio cuerpo de nuestro Salvador, pero mayor que el natural, con la mano derecha bastante levantada, como en el acto de bendecir. En ella resumió y encerró todo su Arte».
La escultura, pues, fue dejada en herencia a la reina Cristina de Suecia, gran amiga de Bernini. La reina, que murió en 1689, la dejó a su vez en herencia al papa Inocencio XI Odescalchi.
La última noticia del Salvator mundi se remonta, según Francesco Petrucci, a 1773, y no a 1713, como se afirma en los varios estudios sobre el tema. Por recientes investigaciones realizadas en el archivo de la familia Odescalchi, la obra resulta citada en la Perizia Odescalchi del 16 de enero de 1773.
Luego, no se vuelve a saber nada de la célebre estatua.
Las únicas huellas de la obra maestra son un Estudio para el Busto del Salvador, del mismo Bernini, conservado en el Instituto Nacional italiano para la Gráfica de Roma, en el Fondo Corsini, y una copia encargada, no se sabe a quién, por el francés Pierre Cureau de la Chambre, un amigo de Bernini conocido durante su estancia en París en 1665.

Un detalle del <I>Salvator mundi</I>

Un detalle del Salvator mundi

Los varios Salvator mundi
En 1972 se vuelve a hablar del Salvator mundi. Lo hace el estudioso americano Irving Lavin, profesor de Historia del Arte en el Istitute for Advanced Studies de Princeton. Sus intuiciones y hallazgos abren el “caso” del busto del Salvador. En un ensayo de 1972 publicado en la revista Art Bulletin, Lavin da la noticia de la presencia, en el Chrysler Museum de Norfolk, en Virginia (Estados Unidos), de «un busto de mármol de un Cristo que bendice que corresponde tan perfectamente a las descripciones de las fuentes y al dibujo Corsini que podría identificarse tanto con la copia de Cureau como con el original». El gran estudioso admite cierta tosquedad de la obra respecto al patrón berniniano, y la define «equivocada». Pero justifica sus defectos con la edad del artista y con los problemas que Bernini padeció en su brazo derecho durante el último periodo de su vida. Por lo que concluye: «Estos elementos, que aparentemente lo excluirían, atestiguan la autenticidad de la escultura de Norfolk, si consideramos el sujeto y las circunstancias especiales en las que el Salvador fue creado».
Salvo pocas excepciones, la crítica aceptó unánimemente la hipótesis de Lavin. Un año después el estudioso estadounidense recibió una indicación importante de un colega: existe otro busto del Salvator mundi y está en la catedral de Sées, en Orne, Normandía. Irving Lavin después de ver dicha obra escribe en un en­sayo: «Casi con seguridad puede identificarse con la copia perdida del Salvador mencionada por una fuente contemporánea… la copia que encargó Pierre Cureau de la Chambre (1640-1693), amigo del artista». El amigo francés de Bernini era el abad de Saint-Barthélemy, la iglesia del palacio real de París. La fuente de la que habla Lavin es el Eloge de le Cavalier Bernin, escrito en febrero de 1681 por Cureau tras enterarse de la muerte del artista. En un escrito sucesivo el abad francés daba a conocer que la copia del Salvador se la había llevado a su casa. Ni una palabra sobre el autor de la copia ni sobre su procedencia.
Así pues, a principios de los años setenta el mundo del arte estaba razonablemente seguro de haber encontrado en los Estados Unidos el Salvator mundi original y en Francia su copia. Pero a finales de los años noventa se vuelve a hablar de la famosa estatua.
En mayo de 1999, con motivo de las celebraciones del cuarto centenario del nacimiento de Bernini, se inaugura en el Museo de Palacio Venecia de Roma la exposición “Gian Lorenzo Bernini director de escena del barroco” , el asesor es Maurizio Fagiolo dell’Arco, gran especialista del barroco romano y de Bernini. Colabora también Francesco Petrucci. La exposición da una gran sorpresa: en la última sala, dedicada a los últimos años de Bernini, está expuesto el Salvator mundi procedente de la catedral de Sées, en Normandía. El busto que Lavin consideraba una copia. Pero en las páginas del catálogo de la exposición Fagiolo dell’Arco y Francesco Petrucci lanzan otra hipótesis: el busto de Sées es tan bello que podría ser el original y no la copia.
El hecho es que los estudiosos italianos escriben y publican sus escritos habiendo visto el busto sólo en fotografía. Pero cuando lo ven de cerca, empiezan a tener dudas. Durante una conferencia Fagiolo dell’Arco expone sus perplejidades: «El estudio de la obra de cerca, y no mediante fotografías, me convenció de que tenía delante una obra de taller, aunque, eso sí, muy hermosa».

Detalle de la mano del Salvator mundi conservado en Roma

Detalle de la mano del Salvator mundi conservado en Roma

El Salvator mundi no salió nunca de Roma
En agosto de 2001 tiene lugar en la ciudad italiana de Urbino una exposición dedicada al papa Clemente XI Albani. Entre las fotos publicadas en el catálogo hay una de un busto de Cristo que bendice. La ficha, redactada por dos jóvenes estudiosos, dice que la escultura se encuentra «en el Monasterio de San Sebastián extramuros, en la sacristía [de la Capilla] Albani» y se atribuye a Pietro Papaleo, un escultor palermitano que trabajó en San Sebastián extramuros ente 1705 y 1710. Francesco Petrucci, que ha ido a ver la exposición, hojea el catálogo y se queda asombrado ante la hermosa fotografía. El busto es demasiado bello como para que lo haya esculpido un artista mediocre como Papaleo. En el artículo que publicará próximamente, y del que da un avance a 30Días, refiere: «Organicé para el 7 de febrero de 2002 una visita con Fagiolo [al convento de San Sebastián, n. de la r.], que compartió mi entusiasmo por la obra, y en seguida reconocimos que se trataba de una suma obra maestra digna de la fama del perdido Salvador de Bernini».
Claro que había que saber cómo y cuándo la estatua había llegado al convento de San Sebastián. La historia del convento es muy complicada: durante el periodo napoleónico, la época en que el busto podría haber salido de Palacio Odescalchi, los cistercienses fueron expulsados. Regresaron después de la tormenta revolucionaria para irse definitivamente en 1826, cuando el papa León XII entregó el convento a los Frailes Menores observantes de la Provincia romana. Después de la Segunda Guerra Mundial el busto estaba en la sacristía de la Capilla Albani, entonces usada como museo. Entre 1954 y 1960 el local quedó anexionado a la iglesia de San Sebastián y la estatua fue colocada en una entrada del convento, en un nicho. Y allí permaneció hasta hoy, en un estado de semiclandestinidad.
Volviendo a la identificación del busto, en marzo de 2002 Maurizio Fagiolo dell’Arco publica el volumen Berniniana, Novità sul regista del Barrocco, en el que escribe: «Sigue aún abierto, por lo menos desde mi punto de vista, el problema de la última escultura monumental de Bernini, el Salvator mundi». Y refiriéndose a la estatua hallada en Roma, la considera absolutamente digna de ser introducida en los estudios berninianos porque son muchos los elementos que apoyan su autenticidad: el tratamiento prodigioso del mármol, típico de Bernini. La mano de Cristo que bendice es idéntica a la de la estatua del Constantino en la Escalera Regia de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, y a la del busto de Clemente X en la Galería Nacional de Arte antiguo de Roma; además las medidas del busto coinciden al milímetro con las del inventario Odescalchi. En su Berniniana Fagiolo dell’Arco anuncia que en breve realizará una publicación científica de la obra. Mientras tanto envía la reproducción fotográfica del Salvator mundi del convento de San Sebastián a Jennifer Montagu, insigne especialista de escultura barroca, que queda fascinada con la escultura, una obra maestra que, según la estudiosa, nada tenía que ver, por calidad y belleza, con la estatua de Sées y mucho menos con la de Norfolk, en Virginia.
Maurizio Fagiolo dell’Arco muere el 11 de mayo de 2002 sin poder escribir su libro sobre el Salvator mundi.
Sin titubeos y con gran prisa Irving Lavin afirma sin reservas un año después que el busto original de Bernini es el del monasterio de Appia Antigua. Cambiando de idea con respecto al 72, cuando afirmaba que el Salvator mundi original era el que se hallaba en Norfolk, Virginia.
En 2003 publica el artículo La mort de Bernin: vision de rédemption, que forma parte del catálogo de la exposición Baroque vision jésuite. Du Tintoret à Rubens (Somogy, París, 2003, págs 105-119), donde Lavin dice respecto al Salvator mundi: «Durante muchos años el original de esta célebre obra, conocido gracias a cierto número de estudios preparatorios y a varias copias, se consideró perdido […] Esta escultura […] fue hallada recientemente en la sacristía de la capilla del papa Clemente XI Albani (1700-1721) en San Sebastián extramuros».
Llegados a estas alturas, el caso de la “paternidad” del Salvator mundi parece resuelto. Independientemente de esto la historia del Salvator mundi nos da una imagen de Bernini inédita, conmovedora: la de un hombre poderoso que tuvo Roma a sus pies durante más de medio siglo, amado, admirado, mimado por cuatro papas, decenas de cardenales, e incluso por el Rey Sol, y que al final de su vida lo único que quiere es esculpir la imagen de Jesús, su Benjamín, para «su devoción».


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