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ECUMENISMO
Sacado del n. 10 - 2004

ANGLICANOS. Encuentro con el arzobispo de Canterbury

«No sucede nada interesante en la Iglesia si no es por obra de Jesús»


Rowan Williams, primado de la Comunión anglicana, habla de lo que hoy puede atraer hacia la fe cristiana: «Ver los ojos de alguien que mira al Señor… la inicial gratitud y reconocimiento por el simple hecho de Jesús». Entrevista


por Gianni Valente


El arzobispo de Canterbury Rowan Williams

El arzobispo de Canterbury Rowan Williams

Cuando aún no había cumplido dos años Rowan Williams contrajo la meningitis y estuvo a punto de morir. Dijeron los médicos que un niño tan frágil debía llevar una vida tranquila para sobrevivir. Nada que ver con el duro trabajo que le ha tocado desde que en 2002 fue elegido arzobispo de Canterbury, el 104 de la historia, y primado de una Comunión anglicana amenazada hoy más que nunca por discrepancias doctrinales y presagios de declive. Y, sin embargo, este galés de 54 años, al que 30Días ha entrevistado durante el congreso sobre Thomas Merton organizado por la Comunidad de Bose del 8 al 10 de octubre, no tiene el aspecto de una persona angustiada. Hoy que tantos eclesiásticos se agitan por reafirmar y defender la importancia y el espacio de los valores religiosos en la sociedad postmoderna, él es consciente de que caminar con Jesús «comporta el peligro de no tener nada que decir que el poder pueda oír, el peligro de convertirse en una nulidad en el esquema de alguien». Y cita a los primeros cristianos, los cuales sabían muy bien que «pertenecer al Dios de Jesús es otra cosa respecto a ser un ciudadano, alguien con derechos claros y un status reconocidos públicamente».

Usted es arzobispo de Canterbury desde hace casi dos años, y han sido años turbulentos para la Comunidad anglicana. Son conocidos sus estudios sobre el cristianismo del siglo IV y sobre la crisis arriana. ¿Le han ayudado a examinar la situación presente del cristianismo en el mundo?

ROWAN WILLIAMS: Quizás a veces construimos una imagen demasiado idealizada de las épocas pasadas, como si todo fuera bien en la vida de la Iglesia. En cambio, si estudiamos la historia, vemos que a veces durante enteros decenios la Iglesia estuvo profundamente dividida. Pero esto no quiere decir que en esos periodos no hubiera verdades que descubrir. El estudio que durante tantos años he realizado sobre el siglo IV me ha ayudado a ver que las personas pueden seguir siendo santas incluso en medio del torbellino de los acontecimientos en tiempos de tribulación. Y que no podemos pensar que es posible deducir en qué parte está la verdad contando el número de personas. Porque durante aquella crisis san Atanasio se había quedado casi sólo defendiendo la verdadera fe frente al arrianismo. En algunas situaciones es preciso esperar con paciencia. Atanasio estaba muy cerca de la vida monástica de su época. Esto para mi es un indicio de que los que entregan su vida a la vocación monástica a menudo saben ver más lejos.
La Catedral de Canterbury

La Catedral de Canterbury

También ha exaltado usted la virtud de la paciencia de los primeros obispos en tierra británica…
WILLIAMS: El obispo Restituto participó en el Concilio de Arles en el 314. En los últimos años debía tener confianza en el futuro de su Iglesia porque parecía que todo iba bien. La persecución había acabado, el emperador era amigo de los cristianos. Si hubiera vivido cien años después, habría visto el fin de esa inicial civilización cristiana cuando los piratas bárbaros destruyeron todo. Cuando llegó Melitos, enviado por Gregorio Magno, parecía que ya no había huellas de presencia cristiana. Tuvo que permanecer mucho tiempo en Francia, esperando momentos mejores, que permitieran volver a comenzar. Por eso he dicho que los obispos de Londres han tenido siempre que ser tenaces y pacientes…
El nuestro parece ser un tiempo de prueba para el cristianismo. Y, sin embargo, parece un tiempo religioso y espiritual. ¿Cómo explica usted esta paradoja?
WILLIAMS: Unos de los rasgos sobresalientes de nuestra cultura es que somos individualistas y con una actitud consumista en relación con las cosas. Tampoco en la religión buscamos lo que es verdadero, lo que es real, sino lo que nos ofrece bienestar, lo que podemos usar para sentirnos a gusto. Un sentimiento espiritual que dé tranquilidad a nuestra vida. No un anuncio que irrumpe en la vida como una novedad, cambiando las cosas. En muchas partes de Occidente, además, las personas rechazan el hecho de pertenecer a organizaciones colectivas. Si la Iglesia está en crisis respecto a su propia membership, los partidos políticos están aún peor…
El estudio que durante tantos años he realizado sobre el siglo IV me ha ayudado a ver que las personas pueden seguir siendo santas incluso en medio del torbellino de los acontecimientos en tiempos de tribulación.Y que no podemos pensar que es posible deducir en qué parte está la verdad contando el número de personas. Porque durante aquella crisis san Atanasio se había quedado casi sólo defendiendo la verdadera fe frente al arrianismo
El cristianismo parece como algo pasado que ya no atañe a la vida, o incluso se ve como un peso. Las Iglesias reaccionan tratando de reafirmar su propia importancia en la sociedad, y multiplican sus intervenciones públicas acerca de cualquier tema.
WILLIAMS: Cuando oigo preguntas como esta me siento acusado. Todos se esperan del arzobispo que hable en público de muchas cosas. Es algo que ahora me toca hacer y no es fácil. Cuando me encuentro con los jóvenes, veo que lo que puede atraerlos a la fe no son las intervenciones de los jefes de la Iglesia. Cuando era obispo en Gales me dediqué mucho a los jóvenes de la diócesis, y durante muchos años tuvimos una excelente pastoral dirigida a ellos, que consistía principalmente en entretenerles y hacer que se divirtieran. Luego llegó un nuevo capellán, organizó en seguida un retiro de oración con los jóvenes de la diócesis para la Semana Santa. Un joven que había venido como agnóstico, al final pidió el bautismo. De ese simple hecho he intuido que ver los ojos de otros que miran al Señor es lo único que te hace tomar en serio a la Iglesia. Si la Iglesia tiene a veces algo útil que decir sobre la cultura y la política, que lo haga, estupendo. Pero la cuestión no acaba ahí…
¿Qué es para usted la Iglesia?
WILLIAMS: Recientemente he escrito sobre la cristiandad de los comienzos, y lo que en mi opinión describe la Iglesia en los primeros siglos es que era una comunidad que vivía siguiendo a otro Rey. Bien mirado, en los tiempos modernos damos mucha importancia a las convicciones teóricas de las personas, a lo que tienen en sus cabezas, pero no pensamos nunca en la pertenencia real a Cristo, dentro de una comunidad. La Iglesia no existe por decisión mía o de un número de personas, sino por la acción de Dios. Nosotros, nuestras opiniones, nuestras perspectivas, no dictamos ley sobre lo que la Iglesia es en el presente. La experiencia de esta ausencia de control es en sí misma saludable. Mientras que a veces las Iglesias parecen nerviosas por esto, por lo incontrolable de Jesucristo, del hecho de que Él no es prisionero de nuestras ideas. Ahora hace falta, más que en otros momentos, reconocer esto. Reconocer que estamos en la Iglesia como invitados, porque hemos sido llamados. De no ser así la Iglesia no sería más que una polémica sociedad humana.
El arzobispo durante la liturgia del lavatorio de los pies en la Catedral de Canterbury, 17 de abril de 2003

El arzobispo durante la liturgia del lavatorio de los pies en la Catedral de Canterbury, 17 de abril de 2003

Desde luego las polémicas no faltan.
WILLIAMS: El hecho es que la Iglesia no es la comunidad de personas que están de acuerdo con nosotros y comparten las mismas ideas. Son personas que nosotros no elegimos. Que quizá no nos gustan, pero que Jesús mismo elige y cambia. No sucede nada interesante en la Iglesia si no es por obra de El, que puede redimir nuestros desastres humanos, que ha prometido estar con nosotros hasta el fin de los tiempos, y ha dicho que miremos y pidamos ayuda a los pequeños, a los pobres, a los niños.
Me ha llamado la atención una frase de un discurso suyo en la que dice que «la ortodoxia fluye, mana de la gratitud, y no lo contrario». ¿Qué quería decir?
WILLIAMS: El pensamiento de los primeros cristianos, incluso a nivel teológico doctrinal, surgió del hecho de que veían que Jesús les llevaba a una nueva vida. Las primeras palabras del cristianismo fueron las usadas para dar gracias a Dios. La doctrina teológica surgió reflexionando sobre esto. Si falta esta inicial gratitud y este reconocimiento por el simple hecho de Jesús, no se resuelven desde luego nuestros problemas insistiendo sólo en la disciplina…
Por otra parte, circulan teologías según las cuales la encarnación de Cristo garantiza a priori la salvación a todo el género humano y a todo el mundo, de manera automática. ¿Está de acuerdo con estas tesis?
WILLIAMS: Mi desacuerdo con algunas corrientes de la teología americana de la creación se basa en el hecho de que según ellos todo está ya decidido, no dejan espacio a la posibilidad de que el hombre pueda decir que no. No conozco el corazón de los demás, pero conozco el mío y sé que soy capaz de causar desastres. Mi profesor de Universidad me repetía siempre que ninguna teología puede estar en pie si no tiene en cuenta la posibilidad del fracaso.
La Iglesia no existe por decisión mía o de un número de personas, sino por la acción de Dios. Nosotros, nuestras opiniones, nuestras perspectivas, no dictamos ley sobre lo que la Iglesia es en el presente. La experiencia de esta ausencia de control es en sí misma saludable. Mientras que a veces las Iglesias parecen nerviosas por esto, por lo incontrolable de Jesucristo, del hecho de que Él no es prisionero de nuestras ideas. Ahora hace falta, más que en otros momentos, reconocer esto
Es sabido que usted es un apasionado de las vidas de los santos. ¿Cuáles son sus santos preferidos?
WILLIAMS: Me gustan sobre todo santa Teresa y san Juan de la Cruz. He tenido siempre cierta predilección por la espiritualidad carmelita. Leía a santa Teresa cuando tenía quince años. No la comprendía, pero sentía que me gustaba. Luego he leído también a Edith Stein. De las Iglesias de Oriente, le he tomado cariño a san Serafín de Sarov. El año pasado tuve la posibilidad de visitar su tumba en Rusia.
También cita a menudo a san Agustín.
WILLIAMS: Agustín creó la disciplina del autoanálisis, de la autocomprensión, mostrando cómo estamos modelados por nuestra memoria. Hoy, en la era postmoderna, nos inducen a pasar de sensación en sensación, quemamos experiencias tras experiencias, y ya no hay historia. Mientras que él nos muestra que es la historia la que hace a la persona. También en la relación con la realidad civil, Agustín nos ha enseñado que debemos buscar el bien de la ciudad en que vivimos, del lugar en el que estamos, trabajando por la justicia, sin identificar nunca el éxito de esta sociedad con el reino de Dios. Participación y, al mismo tiempo, desapego. Como decía antes, somos de otro Rey. En fin, a veces digo que san Agustín puede ser considerado también como el fundador del psicoanálisis y de la política moderna…
Es conocida su pasión por la liturgia.
WILLIAMS: La liturgia nos recuerda siempre que caminamos hacia el juicio, que nuestras vidas están en un nuevo contexto donde nosotros entramos como huéspedes. Una liturgia que solamente fuese la proyección de mis ideas sería algo efímero. De la liturgia que se celebra en la Comunidad de Bose, por ejemplo, me gusta que no tiene prisa, se toma el tiempo que le hace falta, está llena de referencias bíblicas y es sencilla.
¿Qué piensa del primado petrino?
WILLIAMS: Es evidente que desde el inicio hubo un carisma especial, un servicio especial ejercido por el obispo de Roma para toda la Iglesia. Pero en el momento en que esto se convirtió en algo legal y rígidamente definido desde el punto de vista teológico, como resulta en las definiciones del Concilio Vaticano I, me resulta difícil no tener reservas. Por ejemplo, respecto a la infalibilidad como carisma espiritual individual. Como escribía el teólogo anglicano Austin Farrer, la infalibilidad no debería ser considerada como una «licencia de imprimir hechos». Desde que este Papa invitó en la encíclica Ut unum sint a debatir sobre el tema, todos, anglicanos, católicos y los demás, tenemos una buena ocasión para examinar críticamente cada uno nuestra propia historia. Los anglicanos estamos experimentado lo difícil que puede ser vivir en una Iglesia que no tiene un centro de autoridad definido. No quiero ser un papa, solamente tengo en cuenta el problema. Sé lo importante que es en la Iglesia tener una verdadera responsabilidad el uno hacia el otro. En la Iglesia de Occidente la necesidad de una autoridad central se ha concretado históricamente en el papado.
Rowan Williams en las Grutas vaticanas contempla la maqueta de la tumba de Pedro, 
4 de octubre de 2003

Rowan Williams en las Grutas vaticanas contempla la maqueta de la tumba de Pedro, 4 de octubre de 2003

¿Se trata sólo de una construcción histórica? ¿No surge el papel de la Iglesia de Roma del martirio de los apóstoles Pedro y Pablo?
WILLIAMS: Cuando mi mujer y yo fuimos a Roma y bajamos a ver la tumba de Pedro nos conmovimos de verdad. El testimonio apostólico de Pedro, atestiguado en todo el Evangelio, se cumple allí, con su martirio. Y cuando se habla de ministerio petrino, se habla de esto, yo creo que es esto. Hans Urs von Balthasar, un teólogo que me apasiona, escribió sobre el ministerio petrino en los años de Pablo VI, cuando todo el mundo criticaba y atacaba a este papa. Y escribió: «Ahora comprendo qué es realmente el ministerio petrino».
En las convulsiones del presente, están aumentando en Occidente las alarmas sobre el islam, que según unos está llevando a cabo un ataque sistemático contra la civilización occidental y sus raíces cristianas. ¿Qué piensa de estas interpretaciones del momento histórico actual?
WILLIAMS: Uno de los compromisos que he asumido como arzobispo es el de continuar el diálogo con el islam a altos niveles que comenzó mi predecesor. Hace unas semanas estuve en Egipto, y hablé de la doctrina de la Trinidad en la Universidad islámica de Al Azhar. En este país, por ejemplo, existe una colaboración estrecha entre nuestras comunidades y las comunidades islámicas. Yo no veo como perspectiva obligatoria el choque de civilizaciones. La civilización cristiana le debe algo al mundo islámico, así como la civilización islámica le debe mucho a la cristiandad. Judíos, cristianos y musulmanes tienen una larga historia en común. Cuanto más reconozcamos esta historia de convivencia, mejor será para el futuro. Tampoco es verdad que todo Oriente Próximo es islámico. Las antiguas Iglesias de Oriente están allí desde la época de la predicación apostólica. Antes de la guerra en Irak hice intervenciones públicas y hablé privadamente incluso con miembros de nuestro Gobierno para señalar el peligro que a causa de la guerra correrían los cristianos de Oriente Próximo, que acabarán por pagar el resentimiento creciente hacia el mundo occidental.
En esta espiral de violencia que envuelve al mundo, los que pagan a menudo son los niños. Usted ha hablado de ello muchas veces…
WILLIAMS: Considero que uno de los peores nuevos males de los últimos dos decenios, un mal propiamente satánico, es el ataque contra los niños. Los de Beslán, los iraquíes o egipcios. Los palestinos y los israelíes. O los inocentes niños soldado de África. Es un enlace difícil de hacer, pero también la opción del aborto la tomamos muy a la ligera… Ya no hay esperanza ni confianza en el futuro de los niños, y estos hechos nos lo reflejan.


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