DIPLOMACIA. Entrevista al ministro de Asuntos Exteriores Ignacio Walker
Crecimiento con equidad
«No somos populistas ni neoliberales». El ministro chileno de Asuntos Exteriores, que acaba de realizar su primer viaje a Roma donde se ha entrevistado con el Papa, habla de la política realista de su país y del momento positivo de América Latina. Explica también que es posible no apoyar a los Estados Unidos en Irak sin ser vistos como enemigos
por Roberto Rotondo
Ignacio Walker, nuevo ministro de Asuntos
Exteriores chileno, ha comprobado personalmente aquello de que todos los
caminos llevan a Roma. Walker, de 48 años, abogado, profesor de Filosofía de la
política, había dejado a finales de septiembre el Parlamento chileno al ser
nombrado embajador de Chile en Italia; pero no llegó a presentar sus
credenciales al Quirinal porque el 1 de octubre tuvo que regresar a su país ya
que había sido nombrado ministro de Asuntos Exteriores en substitución de
Soledad Alvear, que había anunciado su candidatura a las presidenciales de
2005. De todos modos, una semana después, el neoministro estaba de nuevo en
Roma con motivo de su primer viaje oficial, que preveía varias entrevistas en
las dos orillas del Tíber: en la Farnesina, sede del Ministerio de Exteriores
italiano, con el ministro Frattini y el viceministro Baccini; en Montecitorio
con el presidente de la Cámara de Diputados, Pier Ferdinando Casini; en el
Vaticano, el 6 y el 7 de octubre, donde, antes de ser recibido en audiencia
privada por Juan Pablo II, inauguró junto con el pontífice y el cardenal Angelo
Sodano, secretario de Estado y antiguo nuncio en Chile, una gran estatua de
santa Teresa de los Andes, que fue colocada en una de las hornacinas exteriores
de la fachada posterior de la Basílica de San Pedro. La santa, una carmelita
descalza nacida en Santiago en 1920 que murió de tifus en convento a la edad de
20 años, fue canonizada por Juan Pablo II en 1993 y es muy venerada en Chile.
«En un momento de tanta violencia y muerte, destaca la figura de esta santa:
una joven con las mismas esperanzas, los mismos temores y los mismos sueños de
todos los jóvenes», dijo después de la inauguración el cardenal de Santiago de
Chile, Errázuriz Ossa, subrayando que Teresa de los Andes es la primera santa
latinoamericana que tiene una estatua en la Basílica de San Pedro.

Excelencia, ha cambiado de cargo, pero
Roma sigue ocupando el primer puesto de su agenda…
IGNACIO WALKER: Es verdad y, como católico y como ministro de Exteriores de mi Gobierno, me alegro de que mi primera visita oficial al extranjero haya sido a Roma. Como democristiano han tenido un valor simbólico personal la inauguración de la estatua de Santa Teresa de los Andes y la entrevista con el Santo Padre: fueron momentos inolvidables, que me hicieron ver el cariño y el afecto que el papa Juan Pablo II siente por Chile. Recuerdo también que el 29 de octubre de este año es el vigésimo aniversario de la firma del tratado de paz entre Chile y Argentina, en el que Juan Pablo II desempeñó un papel decisivo. Pero lo más importante para mi Gobierno, que está formado por una amplia alianza de fuerzas de inspiración cultural y política muy distinta, es que este viaje ha confirmado el excelente estado de las relaciones entre Chile y el Vaticano.
Hablemos de Chile, un pequeño país si lo comparamos con los gigantes Brasil y Argentina, pero con una situación económica, social y financiera en ciertos aspectos mejor. Los benévolos lo definen la “Suiza de América Latina”, los críticos, el “kamikaze del neoliberalismo”. Estos últimos dicen que el nuevo tratado de libre comercio con Estados Unidos es una señal de sumisión a las políticas neoliberales estadounidenses y puede poner en crisis las relaciones económicas con los demás países latinoamericanos del Mercosur. ¿Qué responde usted?
WALKER: Este acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, así como el que firmamos con la Unión Europea (aunque en este último caso es también de asociación política y cooperación), el que hemos firmado con Corea del Sur, los que vamos a firmar con Nueva Zelanda, Singapur, y en un futuro eventualmente con la India y China, forman parte de la estrategia de apertura externa de una pequeña economía como es la chilena, que con sus 15 millones de habitantes tiene todo que ganar con la integración económica en el mundo.
Todo esto no significa ser esclavos del modelo económico neoliberal. También en Asia hay grandes aperturas externas, ahí están China y Vietnam, pero no significa ser neoliberal. Abrir la economía, controlar la inflación, reducir el déficit fiscal no significa ser neoliberales, significa ser personas serias, ser un Gobierno serio. Si dejamos este camino podemos solamente elegir entre volver al liberalismo exasperado que conocimos bajo Pinochet –con los llamados Chicago boys, que apostaban básicamente por el crecimiento económico sin reglas ni humanidad– o caer en la trampa del neopopulismo, una experiencia ya vivida en nuestro continente y cuyo legado no ha sido positivo. Nosotros tenemos una tercera estrategia de desarrollo que hemos llamado “crecimiento con equidad”, que trata de conciliar crecimiento económico y equidad social. El resultado de esto, después de catorce años de gobierno de la Concertación, es que hemos duplicado el producto económico y hemos reducido a la mitad la pobreza, del 40% al 20%. Nuestra estrategia rompió con el esquema liberal, sin perjuicio de reconocer que hay ciertas megatendencias, como la apertura económica externa, que son comunes a todos los países.

¿Hay zonas de Latinoamérica que pueden
caer en el abismo de una crisis financiera como la argentina de hace tres años
o la mexicana? ¿Pueden las especulaciones del neoliberalismo exasperado de los
años noventa causar otros daños?
WALKER: No es un problema de neoliberalismo, no es un problema del consenso de Washington, no es un problema de los dictados del Banco Mundial o del Fondo Monetario Internacional, el problema que hemos vivido en América Latina, entre otros, es el de la volatilidad de los mercados financieros que ha causado un conflicto severo. Es el caso de México, de Argentina y también de Brasil donde el presidente Cardoso en 8 años tuvo que hacer frente a tres o cuatro crisis financieras externas. Hoy todos se preguntan cómo hacer más gobernable la globalización, pero la globalización no es sinónimo de neoliberalismo, son dos cosas distintas. La globalización es un fenómeno muy complejo que requiere instituciones políticas. El talón de Aquiles de la globalización es la debilidad de sus instituciones y nosotros tenemos que ser capaces de darles la fuerza que necesitan, sin adoptar una actitud de antiglobalización superficial. Volviendo a su pregunta, la economía argentina ha crecido este año un 8%, aunque deber recuperar la caída del 15% que tenía antes. Y además se está estabilizando políticamente. México ha tenido una transición a la democracia muy notable con el paso del presidente Ernesto Zedillo al presidente Vicente Fox, después de 70 años de predominio absoluto del PRI. Hay, por tanto, signos alentadores. Otro ejemplo es Brasil, que por primera vez tiene un sistema de partidos muy sólido. Bueno, yo creo que hay problemas estructurales, de inserción económica internacional, pero hay margen para las políticas propias y no estamos condenados a llevar un traje que nos es impuesto desde fuera.
América Latina parece ir políticamente hacia la izquierda. Un socialdemócrata gobierna en Chile, un socialista en Argentina, un sindicalista en Brasil, y en Venezuela hay una izquierda populista, por no hablar de Cuba. ¿Qué opina?
WALKER: Yo creo que es un proceso mucho más complejo. No es necesariamente un tránsito hacia la izquierda. Por de pronto, no es la izquierda que conocíamos anteriormente, la izquierda influenciada por la revolución cubana. Hay un proceso de renovación en el socialismo, en la izquierda de América Latina muy interesante. En Chile los democristianos somos aliados de los socialistas democráticos y hemos formado la Concertación, una coalición, que podemos definir como centro-izquierda, de fuerzas reconciliadas que fueron prácticamente enemigas. Y esto ha sido posible gracias también a un cierto cambio de la izquierda.
Creo, por tanto, que los esquemas tradicionales de izquierda y derecha, de capitalismo y socialismo, no son adecuados para explicar una realidad tan compleja como América Latina, muy heterogénea. Hay muchos tópicos en torno a la cuestión del tránsito hacia la izquierda. Por ejemplo, Brasil está siguiendo desde hace 10 años un modelo muy interesante, que yo no definiría como un modelo de izquierdas. Antes Cardoso y ahora Lula han formado gobiernos pluralistas, con un sistema de partidos que tiene en cuenta muchas experiencias y culturas distintas. Usted dice que el de Lula es un Gobierno de izquierdas, pero los primeros que dicen que no lo es y que se quejan con Lula son los militantes más radicales del Partido de los Trabajadores.
El tratado de libre comercio con Estados Unidos no fue óbice para que hace unos meses Chile se pronunciara en la ONU contra la guerra en Irak. ¿Se han enfriado las relaciones con Estados Unidos después de ese no?
WALKER: Nuestro voto respecto a la guerra de Irak fue una cuestión de principio. El presidente Lagos, conversando con el presidente Bush, dijo que Chile no estaba disponible para una acción que no fuera multilateral y con la legitimidad que le da Naciones Unidas, tal como fue la liberación de Kuwait hace unos años. Lo que nosotros objetábamos es el concepto de guerra preventiva y de acción unilateral; y tomamos esa decisión cuando paralelamente estábamos negociando el tratado de libre comercio. Primaron los principios por encima de los intereses, pero en la convicción, como a la postre quedó confirmado, de que también íbamos a poder firmar ese tratado de libre comercio, y hoy día ya está incorporado. Las relaciones con Estados Unidos hoy en día están en muy buen nivel, a pesar de que hubo un desacuerdo y sobre una cuestión no menor.

Chile, en cambio, está presente en
Bosnia y Haití al lado de las fuerzas militares de algunos países de la Unión
Europea. ¿Cuál es el significado de esta presencia en las misiones de paz y de
seguridad internacional?
WALKER: Es una expresión del multilateralismo. Chile ha tomado muy en serio las operaciones de paz. Hoy día estamos en Haití con un contingente de 400 militares y con una estrategia que quiere contribuir al desarrollo del país. Tenemos misiones y operaciones de paz también en Chipre y en Pakistán. En fin, creemos en la política de seguridad y en las operaciones de paz cuando cuentan con el respaldo de Naciones Unidas.
¿Qué perspectivas políticas y económicas abre el Acuerdo de asociación con la Unión Europea? ¿Qué piensan ustedes de la UE? ¿Es realmente, como se dice, un gigante económico y un enano político?
WALKER: Para nosotros el acuerdo con la Unión Europea, que es un tratado de asociación política, de libre comercio y de cooperación, tiene un sentido estratégico fundamental. Para nosotros la Unión Europea no es un enano político. Por el contrario, es una potencia económica y política. Lo que pasa es que en esta época parece que existe sólo el poder económico y militar de Estados Unidos, considerado la única superpotencia. Yo creo que la Unión Europea se está consolidando como una potencia política y económica y el hecho de haberse extendido de 15 a 25 países demuestra que hay una perspectiva de desarrollo. El hecho de que se dé una Constitución demuestra que Europa ha decidido no sólo recuperar una identidad cultural, sino tratar de influir en los temas políticos y económicos del mundo. El horizonte de los problemas se ensancha para los políticos europeos y algunos esquemas quedan superados. De ahí el debate sobre el Consejo de Seguridad de la ONU y sobre cómo eliminar le derecho de veto que es una herencia de la guerra fría. Gran parte de mi entrevista con el ministro Frattini versó sobre este tema.
La última pregunta. En mayo se celebrará en Santiago de Chile una reunión a nivel ministerial de los países que forman parte del “Grupo para el desarrollo de la democracia, de los derechos humanos y de la comunidad de las democracias”. Vivimos en un mundo en el que democracia y derechos humanos son conceptos a menudo pisoteados o instrumentalizados para otros fines. ¿Qué aportación para la paz y la comprensión puede ofrecer la cita de Santiago?
WALKER: El régimen político democrático debe su legitimidad a su capacidad de garantizar y respetar los derechos humanos de la mejor forma. Esa fue nuestra lección en Chile. Revalorizamos la democracia a partir de lo que vivimos en materia de derechos humanos. Es el fundamento ético de la democracia lo que está en juego cuando hablamos de derechos humanos. La reunión de Varsovia del año 2000, el plan de acción de Seúl del año 2002 y ahora la reunión de mayo de 2005 en Santiago, sobre la comunidad de democracias, es uno de los intentos, entre otros, no sólo de comprometernos con la democracia, sino de ampliar sus horizontes. Cuando vemos, por ejemplo, que la India, la democracia más grande del mundo, acaba de realizar un proceso electoral notable; que Indonesia, que tuvo 35 años de dictadura durísima, ha tenido un proceso democrático muy importante, para lo que es la realidad de Indonesia; cuando vemos la forma en que fue elegido hace dos años el presidente Lula en Brasil, con el 62% de los votos, en un proceso ejemplar; percibimos que hay signos alentadores. Con esta iniciativa de la comunidad de las democracias queremos contribuir a afianzar el régimen democrático para que no sólo sea un régimen político que se expresa en el momento del voto o en instituciones, sino que se haga carne en los ciudadanos y en las ciudadanas, en sus derechos y en sus formas de participación real en la vida de sus países.

El presidente socialista Ricardo Lagos en el momento de nombrar a Ignacio Walker ministro de Asuntos Exteriores
IGNACIO WALKER: Es verdad y, como católico y como ministro de Exteriores de mi Gobierno, me alegro de que mi primera visita oficial al extranjero haya sido a Roma. Como democristiano han tenido un valor simbólico personal la inauguración de la estatua de Santa Teresa de los Andes y la entrevista con el Santo Padre: fueron momentos inolvidables, que me hicieron ver el cariño y el afecto que el papa Juan Pablo II siente por Chile. Recuerdo también que el 29 de octubre de este año es el vigésimo aniversario de la firma del tratado de paz entre Chile y Argentina, en el que Juan Pablo II desempeñó un papel decisivo. Pero lo más importante para mi Gobierno, que está formado por una amplia alianza de fuerzas de inspiración cultural y política muy distinta, es que este viaje ha confirmado el excelente estado de las relaciones entre Chile y el Vaticano.
Hablemos de Chile, un pequeño país si lo comparamos con los gigantes Brasil y Argentina, pero con una situación económica, social y financiera en ciertos aspectos mejor. Los benévolos lo definen la “Suiza de América Latina”, los críticos, el “kamikaze del neoliberalismo”. Estos últimos dicen que el nuevo tratado de libre comercio con Estados Unidos es una señal de sumisión a las políticas neoliberales estadounidenses y puede poner en crisis las relaciones económicas con los demás países latinoamericanos del Mercosur. ¿Qué responde usted?
WALKER: Este acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, así como el que firmamos con la Unión Europea (aunque en este último caso es también de asociación política y cooperación), el que hemos firmado con Corea del Sur, los que vamos a firmar con Nueva Zelanda, Singapur, y en un futuro eventualmente con la India y China, forman parte de la estrategia de apertura externa de una pequeña economía como es la chilena, que con sus 15 millones de habitantes tiene todo que ganar con la integración económica en el mundo.
Todo esto no significa ser esclavos del modelo económico neoliberal. También en Asia hay grandes aperturas externas, ahí están China y Vietnam, pero no significa ser neoliberal. Abrir la economía, controlar la inflación, reducir el déficit fiscal no significa ser neoliberales, significa ser personas serias, ser un Gobierno serio. Si dejamos este camino podemos solamente elegir entre volver al liberalismo exasperado que conocimos bajo Pinochet –con los llamados Chicago boys, que apostaban básicamente por el crecimiento económico sin reglas ni humanidad– o caer en la trampa del neopopulismo, una experiencia ya vivida en nuestro continente y cuyo legado no ha sido positivo. Nosotros tenemos una tercera estrategia de desarrollo que hemos llamado “crecimiento con equidad”, que trata de conciliar crecimiento económico y equidad social. El resultado de esto, después de catorce años de gobierno de la Concertación, es que hemos duplicado el producto económico y hemos reducido a la mitad la pobreza, del 40% al 20%. Nuestra estrategia rompió con el esquema liberal, sin perjuicio de reconocer que hay ciertas megatendencias, como la apertura económica externa, que son comunes a todos los países.

El nuevo ministro de Asuntos Exteriores con Juan Pablo II el 7 de octubre en el Vaticano
WALKER: No es un problema de neoliberalismo, no es un problema del consenso de Washington, no es un problema de los dictados del Banco Mundial o del Fondo Monetario Internacional, el problema que hemos vivido en América Latina, entre otros, es el de la volatilidad de los mercados financieros que ha causado un conflicto severo. Es el caso de México, de Argentina y también de Brasil donde el presidente Cardoso en 8 años tuvo que hacer frente a tres o cuatro crisis financieras externas. Hoy todos se preguntan cómo hacer más gobernable la globalización, pero la globalización no es sinónimo de neoliberalismo, son dos cosas distintas. La globalización es un fenómeno muy complejo que requiere instituciones políticas. El talón de Aquiles de la globalización es la debilidad de sus instituciones y nosotros tenemos que ser capaces de darles la fuerza que necesitan, sin adoptar una actitud de antiglobalización superficial. Volviendo a su pregunta, la economía argentina ha crecido este año un 8%, aunque deber recuperar la caída del 15% que tenía antes. Y además se está estabilizando políticamente. México ha tenido una transición a la democracia muy notable con el paso del presidente Ernesto Zedillo al presidente Vicente Fox, después de 70 años de predominio absoluto del PRI. Hay, por tanto, signos alentadores. Otro ejemplo es Brasil, que por primera vez tiene un sistema de partidos muy sólido. Bueno, yo creo que hay problemas estructurales, de inserción económica internacional, pero hay margen para las políticas propias y no estamos condenados a llevar un traje que nos es impuesto desde fuera.
América Latina parece ir políticamente hacia la izquierda. Un socialdemócrata gobierna en Chile, un socialista en Argentina, un sindicalista en Brasil, y en Venezuela hay una izquierda populista, por no hablar de Cuba. ¿Qué opina?
WALKER: Yo creo que es un proceso mucho más complejo. No es necesariamente un tránsito hacia la izquierda. Por de pronto, no es la izquierda que conocíamos anteriormente, la izquierda influenciada por la revolución cubana. Hay un proceso de renovación en el socialismo, en la izquierda de América Latina muy interesante. En Chile los democristianos somos aliados de los socialistas democráticos y hemos formado la Concertación, una coalición, que podemos definir como centro-izquierda, de fuerzas reconciliadas que fueron prácticamente enemigas. Y esto ha sido posible gracias también a un cierto cambio de la izquierda.
Creo, por tanto, que los esquemas tradicionales de izquierda y derecha, de capitalismo y socialismo, no son adecuados para explicar una realidad tan compleja como América Latina, muy heterogénea. Hay muchos tópicos en torno a la cuestión del tránsito hacia la izquierda. Por ejemplo, Brasil está siguiendo desde hace 10 años un modelo muy interesante, que yo no definiría como un modelo de izquierdas. Antes Cardoso y ahora Lula han formado gobiernos pluralistas, con un sistema de partidos que tiene en cuenta muchas experiencias y culturas distintas. Usted dice que el de Lula es un Gobierno de izquierdas, pero los primeros que dicen que no lo es y que se quejan con Lula son los militantes más radicales del Partido de los Trabajadores.
El tratado de libre comercio con Estados Unidos no fue óbice para que hace unos meses Chile se pronunciara en la ONU contra la guerra en Irak. ¿Se han enfriado las relaciones con Estados Unidos después de ese no?
WALKER: Nuestro voto respecto a la guerra de Irak fue una cuestión de principio. El presidente Lagos, conversando con el presidente Bush, dijo que Chile no estaba disponible para una acción que no fuera multilateral y con la legitimidad que le da Naciones Unidas, tal como fue la liberación de Kuwait hace unos años. Lo que nosotros objetábamos es el concepto de guerra preventiva y de acción unilateral; y tomamos esa decisión cuando paralelamente estábamos negociando el tratado de libre comercio. Primaron los principios por encima de los intereses, pero en la convicción, como a la postre quedó confirmado, de que también íbamos a poder firmar ese tratado de libre comercio, y hoy día ya está incorporado. Las relaciones con Estados Unidos hoy en día están en muy buen nivel, a pesar de que hubo un desacuerdo y sobre una cuestión no menor.

De izquierda a derecha, el presidente chileno Ricardo Lagos, el presidente brasileño Inácio Lula da Silva y el argentino Néstor Kirchner
WALKER: Es una expresión del multilateralismo. Chile ha tomado muy en serio las operaciones de paz. Hoy día estamos en Haití con un contingente de 400 militares y con una estrategia que quiere contribuir al desarrollo del país. Tenemos misiones y operaciones de paz también en Chipre y en Pakistán. En fin, creemos en la política de seguridad y en las operaciones de paz cuando cuentan con el respaldo de Naciones Unidas.
¿Qué perspectivas políticas y económicas abre el Acuerdo de asociación con la Unión Europea? ¿Qué piensan ustedes de la UE? ¿Es realmente, como se dice, un gigante económico y un enano político?
WALKER: Para nosotros el acuerdo con la Unión Europea, que es un tratado de asociación política, de libre comercio y de cooperación, tiene un sentido estratégico fundamental. Para nosotros la Unión Europea no es un enano político. Por el contrario, es una potencia económica y política. Lo que pasa es que en esta época parece que existe sólo el poder económico y militar de Estados Unidos, considerado la única superpotencia. Yo creo que la Unión Europea se está consolidando como una potencia política y económica y el hecho de haberse extendido de 15 a 25 países demuestra que hay una perspectiva de desarrollo. El hecho de que se dé una Constitución demuestra que Europa ha decidido no sólo recuperar una identidad cultural, sino tratar de influir en los temas políticos y económicos del mundo. El horizonte de los problemas se ensancha para los políticos europeos y algunos esquemas quedan superados. De ahí el debate sobre el Consejo de Seguridad de la ONU y sobre cómo eliminar le derecho de veto que es una herencia de la guerra fría. Gran parte de mi entrevista con el ministro Frattini versó sobre este tema.
La última pregunta. En mayo se celebrará en Santiago de Chile una reunión a nivel ministerial de los países que forman parte del “Grupo para el desarrollo de la democracia, de los derechos humanos y de la comunidad de las democracias”. Vivimos en un mundo en el que democracia y derechos humanos son conceptos a menudo pisoteados o instrumentalizados para otros fines. ¿Qué aportación para la paz y la comprensión puede ofrecer la cita de Santiago?
WALKER: El régimen político democrático debe su legitimidad a su capacidad de garantizar y respetar los derechos humanos de la mejor forma. Esa fue nuestra lección en Chile. Revalorizamos la democracia a partir de lo que vivimos en materia de derechos humanos. Es el fundamento ético de la democracia lo que está en juego cuando hablamos de derechos humanos. La reunión de Varsovia del año 2000, el plan de acción de Seúl del año 2002 y ahora la reunión de mayo de 2005 en Santiago, sobre la comunidad de democracias, es uno de los intentos, entre otros, no sólo de comprometernos con la democracia, sino de ampliar sus horizontes. Cuando vemos, por ejemplo, que la India, la democracia más grande del mundo, acaba de realizar un proceso electoral notable; que Indonesia, que tuvo 35 años de dictadura durísima, ha tenido un proceso democrático muy importante, para lo que es la realidad de Indonesia; cuando vemos la forma en que fue elegido hace dos años el presidente Lula en Brasil, con el 62% de los votos, en un proceso ejemplar; percibimos que hay signos alentadores. Con esta iniciativa de la comunidad de las democracias queremos contribuir a afianzar el régimen democrático para que no sólo sea un régimen político que se expresa en el momento del voto o en instituciones, sino que se haga carne en los ciudadanos y en las ciudadanas, en sus derechos y en sus formas de participación real en la vida de sus países.