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IGLESIA
Sacado del n. 10 - 2004

IGLESIA. Habla el presidente del Consejo pontificio para el diálogo interreligioso

Lo que más tememos son los cristianos agresivos


Entrevista al cardenal Michael Louis Fitzgerald sobre el diálogo diario entre religiones


por Giovanni Cubeddu


Fieles en una iglesia católica de Colombo, Sri Lanka

Fieles en una iglesia católica de Colombo, Sri Lanka

«Decía Pablo VI que la Iglesia dialoga con todos. Tiene que haber un diálogo fuera de la Iglesia con los que tienen creencias distintas o no tienen ninguna, y uno dentro de la Iglesia para buscar la unidad. El diálogo con quien no tiene nuestra misma fe no significa relativismo o indiferentismo religioso, sino –enseña san Pedro en su primera carta– dar con respeto testimonio de la gozosa esperanza que nos da tener fe en Jesús». Hay por desgracia «cristianos agresivos, irrespetuosos, que son un daño para todos», dentro y fuera de la Iglesia. Comienza así nuestra charla con Michael Louis Fitzgerald, presidente del Colegio pontificio para el diálogo interreligioso, que desea hacer en seguida una afirmación sencilla y clara: «Inmediatamente después de los atentados de este verano contra las iglesias cristianas y católicas en Irak, condenamos unánimemente, junto con nuestros amigos del Comité islámico-cristiano de enlace, dichas acciones terroristas. Creemos que no se puede ni se debe hablar de enfrentamiento entre islam y cristianismo».
En mayo de este año cumplió 40 años el Consejo pontificio para el diálogo interreligioso, cuya institución fue anunciada por Pablo VI el día de Pentecostés de 1964. En esas fechas se celebró la asamblea plenaria en la que los miembros del Consejo, procedentes de todo el mundo, intercambiaron informaciones y opiniones sobre la realidad cotidiana del diálogo interreligioso. Estos coloquios internos entre protagonistas raramente conquistan el interés de los medios de comunicación, pero realmente son los únicos que hacen comprender la realidad cotidiana del diálogo interreligioso, antes que cualquier teoría. Merece la pena, pues, proponerlos, sobre todo ahora. «Se debatió en la plenaria acerca del estado de las relaciones con todas las mayores religiones y del trabajo pastoral que hay que hacer sobre las sectas y los nuevos movimientos religiosos, pero –subraya monseñor Fitzgerald– después de la lectura del informe general sobre las actividades realizadas desde la última plenaria de 2001, pasamos obviamente casi todo el día hablando del islam».

Algunas intervenciones merecen ser recordadas. Por ejemplo, la del cardenal africano Pengo.
MICHAEL LOUIS FITZGERALD: Nos explicó que en su país, Tanzania, organizan desde hace tiempo reuniones y seminarios con los musulmanes, pero normalmente se habla más de cuestiones sociales o políticas que de temas religiosos o teológicos, y el cardenal confesaba que no tenía la impresión de que a los musulmanes les interesase mucho conocer el cristianismo. Quizás a algunos, tal vez a los más extremistas, que quieren conocer mejor el tema para luego alimentar las polémicas. Hay que encontrar un modo de proceder más provechoso.
¿Cuál?
FITZGERALD: El camino es el de las pequeñas comunidades cristianas. En África, al igual que en América Latina y en Asia, la parroquia es a menudo un lugar de encuentro de muchas comunidades pequeñas y diversas, personas que viven en el mismo barrio o trabajan juntos, que leen y meditan juntos el Evangelio, y rezan por los problemas de todos los días. «Que estas comunidades no se cierren en sí mismas» pedía el cardenal y, dado que viven en un ambiente donde un amigo, un colega de trabajo o el vecino de casa es frecuentemente de otra religión, lo pueden invitar. Además, cuando la pequeña comunidad local de cristianos piensa proponer la solución de un problema, es oportuno que invite a participar en el debate a los que no son cristianos. Se reafirmó que «si el servicio al pueblo se lleva a cabo todos juntos, es mucho mejor, y contribuye a crear una amistad sincera».
Una escuela coránica en Sumatra, Indonesia

Una escuela coránica en Sumatra, Indonesia

También Asia es un continente que sufre contraposiciones religiosas. Fue ejemplificativa la intervención del cardenal Darmaatmadja de Yakarta…
FITZGERALD: En Indonesia hay conflictos y dificultades con el islam que hemos definido «horizontales y verticales». Los primeros conciernen a grupos étnicos distintos y opuestos, y esto sucede cuando la población emigra de una isla a otra. Pero si una etnia musulmana desembarca en una isla de cristianos, el choque no es de civilizaciones, no es religioso, sino que es de intereses. El conflicto vertical, en cambio, lo causa la insatisfacción frente al Gobierno central. Si faltan libertad y democracia la insatisfacción es mayor y es más fácil para los poderes exteriores instigar a la guerra civil a grupos y comunidades hasta ese momento pacíficos. Tampoco en este caso se puede invocar la batalla de las creencias. Tan verdad es que los líderes religiosos indonesios se reunieron para examinar atentamente los conflictos, y de ahí nació un movimiento moral. El año pasado recibimos en el Vaticano a los responsables de los mayores grupos musulmanes de Indonesia, junto con el cardenal Darmaatmadja, el secretario del Consejo de las Iglesias protestantes, los jefes hindúes y budistas, que vinieron en delegación a ver al Papa para compartir una valoración sobre la guerra en Irak: no es un conflicto entre cristianos y musulmanes. Recibir a una delegación del país que cuenta con la población musulmana más numerosa del mundo fue importante.
Por lo que dice parece que el debate de la plenaria sobre las relaciones con el islam siguió sólo una dirección.
FITZGERALD: No. Muchos miembros de nuestro Consejo pontificio revelaron las dificultades creadas en el mundo por grupos cristianos. Hay casos asombrosos de grupos que –en India, Sri Lanka, Indonesia y en otros muchos países– predican a Jesús de una manera, por usar un eufemismo, no apropiada. En Sri Lanka, por ejemplo los obispos católicos se han visto obligados a hacer una declaración pública para distanciarse de estos cristianos, que reivindican su fe en Jesucristo de una manera que no tiene respeto de nadie, ya sea cristiano, de otra religión o ateo.
La Iglesia no es inmune al integrismo…
FITZGERALD: Hay, cómo decir, “cristianos agresivos”. Es gente que gusta alimentar la sospecha de que quien tiene una personalidad abierta al diálogo no es un buen cristiano. Cuando Pablo VI escribía la Ecclesiam Suam tenía presente la necesidad no sólo del diálogo ecuménico e interreligioso, sino también el diálogo en nuestra Iglesia católica. No es posible esperar que construya puentes de paz en el mundo quien se siente poseedor de la verdad dentro de la Iglesia y es intransigente. Quien desde estas posiciones se hace –por algún motivo– abanderado del diálogo con el mundo no es creíble. Además, el diálogo más bello y eficaz es el que mantiene la comunidad eclesial. El diálogo es la vida cotidiana de los cristianos.
Recuerdo una definición del padre Thomas Michel: «Somos los mejores evangelizadores cuando no somos conscientes de serlo». El diálogo, es decir, la vida de fe del cristiano, no es un hecho de la conciencia o de “autoconciencia” de la fe. Esta es la enésima afirmación de sí, no es la vida de los cristianos. La vida de los cristianos es Jesús. Quien dialoga no tiene el objetivo “inmediato” de convertir a su interlocutor, pero íntimamente desea arrodillarse un día con su interlocutor ante Jesús. Se lo dije un día al embajador de Irán que sería feliz de compartir con él mi fe.

Al final de nuestro coloquio aprendemos una vez más qué es el diálogo y el testimonio cristiano para monseñor Fitzgerald. Buscando en la biblioteca de su casa Las florecillas de san Francisco de Asís, cuenta que «un día san Francisco, que quería ir a predicar, le pidió a su hermano que le acompañase. Se pusieron en camino, caminaron mucho, pasaban por lugares y casas, saludaban a los que encontraban y a los conocidos, hasta que su hermano le dijo impaciente: “Francisco, ¿cuándo comenzamos a predicar?”. A lo que respondió: «¿Y qué hemos estado haciendo todo el día?”».


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