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Sacado del n. 11 - 2004

Montini y el Rosario

«Oración de los pequeños para causas grandes»


«El más tierno balbuceo de niño en el nombre de su madre. La piedad más sencilla, más tierna, más infantil: he aquí el remedio para los grandes pesares sociales». Los apuntes autógrafos del joven Montini sobre el santo Rosario


por Gianni Valente


Pablo VI rezando ante la gruta de la Virgen de Lourdes en los Jardines vaticanos

Pablo VI rezando ante la gruta de la Virgen de Lourdes en los Jardines vaticanos

Una reciente publicación arroja nueva luz sobre la devoción personal del papa Pablo VI al santo Rosario. Se trata de apuntes breves, inéditos, del joven Montini, publicados en el Notiziario nº 47 del Instituto Pablo VI de Brescia, con comentario de don Gianni Colzani, profesor de Misiología en la Universidad Pontificia Urbaniana. Pocas páginas de notas que el futuro Papa redactó en 1928, 1934 y 1937, usándolas como base de algunas predicaciones sobre el Rosario.
En aquellos años, el sacerdote lombardo, ordenado en 1920, trabajaba en la Secretaría de Estado, y hasta 1933 fue también asistente nacional de la Federación Universitarios Católicos Italianos (FUCI). Con el estilo fragmentado y alusivo típico de los apuntes sueltos, lleno de abreviaturas, Montini capta con genial agudeza los rasgos que hacen que el simple rezo del Rosario sea tan precioso para la fe y la vida del pueblo cristiano. A partir de la repetición de las fórmulas, que hace que la piadosa práctica sea familiar a la trama misma de la condición humana en su aspecto cotidiano. «Donde hay vida corpórea (humana) la repetición es vida», escribe Montini en sus apuntes del 34. Y don Colzani añade en su comentario: «La repetición, a veces tachada de monotonía, en realidad se explica con la dinámica de la vida. En la vida corpórea, la repetición es tan fundamental que se vuelve insustituible. Es la respiración repetida. Es el paso del caminar». Y también el balanceo monótono de la madre que acuna a su hijo. La oración, al igual que estos gestos acostumbrados, no necesita encontrar originales. Porque no es una ocupación para profesionales de la investigación espiritual. Péguy, pensando quizás en la parábola del fariseo y del publicano dice que el rico cuando reza habla, el pobre pide. Se reza para pedir cosas que sirven en la vida: la paz en la familia y en el mundo, la curación de una persona querida, la salud del alma y del cuerpo. Y que el Señor nos mire de cerca mostrándonos su rostro. Y si el mismo Jesús nos ha dicho que no seamos como «los paganos, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados» (Mt 6,7), para Montini la repetición de fórmulas como el Padrenuestro y el Avemaría preserva de la tentación de transformar la oración en discurso lleno de palabras. «Contemplación objetiva, biográfica de Cristo», mirada que se detiene en los hechos realizados por el Señor. «Sus hechos, algunos tan humanos y comunes, otros tan grandes y divinos, son modelos aún vivos, cercanos, concretos, nuestros». Justamente con su ritmo repetido de invocaciones, el Rosario emana «un deseo de acercarnos prácticamente a estos hechos como Aquella que más se acercó, María».
Montini, arzobispo de Milán, visita la Santa Casa 
en el santuario de Loreto

Montini, arzobispo de Milán, visita la Santa Casa en el santuario de Loreto

Llama la atención que en los apuntes de Montini respecto al santo Rosario y, más en general a la vida cristiana, las expresiones ligadas al campo semántico de la facilidad y de la sencillez sea­n las que más se repiten. El cristianismo es una historia sencilla. Y en el goce de esta historia es gratuitamente predilecto quien conserva lo que Montini llama «espíritu de infancia y sencillez». Esos que él mismo, en los primeros decenios del siglo XX, tiene ante sus ojos y llama «gente buena; gente que reza con piedad amorosa, gente curada». Ese pueblo que «de los misterios conoce quizás el enunciado».
En la dulce insistencia de las cuentas desgranadas el Rosario se convierte en «oración de los pequeños para causas grandes» y «raro remedio de males inmensos». En uno de los apuntes más largos y con referencias implícitas a las cruzadas contra los albigenses, Montini escribe: «Puede hacerse el cuadro histórico del momento en que la Virgen le enseña a santo Domingo a rezar el rosario; raro remedio de males inmensos. Pudo parecer que el remedio tenía que ser político, guerrero (como por desgracia lo fue por mano de Simón de Monfort [conde Simón IV de Monfort, 1150-1218: fue especialmente feroz con los herejes albigenses, n. de la r.] y como desgraciadamente se siente magnificar en las predicaciones del Rosario); en cambio, el remedio es el más tierno balbuceo de niño en el nombre de su madre. La piedad más sencilla, más tierna, más infantil: he aquí el remedio para los grandes pesares sociales» (precisamente de 1937).
Intuiciones preciosas y actuales para nuestros tiempos con sus presagios de nuevas cruzadas.


Giovanni Battista Montini

Giovanni Battista Montini


LOS APUNTES AUTÓGRAFOS DE GIOVANNI BATTISTA MONTINI

deducet te [Sal 44,5]
Rosario
(La belleza del Ros[ario])
Observaciones:
¿una fiesta por una oración?
¿una oración que es una guirnalda de flores?
¿una guirnalda que es la vida de Cristo?

(La moralidad del Rosario)
Las virtudes que requiere esta oración:
– el espíritu infantil y filial, la sencillez
– la contemplación objetiva, biográfica de Cristo
– la confianza en María

(La teología del Rosario)
Las enseñanzas:
a) – la intercesión de María
– con la oración insistente
b) – mihi vivere Christus est [Fil 1,21]
– el ciclo de Su vida
– y de la nuestra, acercada a la suya como fue la de María
c) – la piedad popular, sencilla, doméstica

(La piedad del Ros[ario])
Cómo se ha de rezar el Rosario
Hasta dónde llega el arte – la libertad – la ternura en la oración



(A las Clarisas, Roma, 7.X.1928)

I Rezar el Rosario
la oración de los sencillos
– facilidad
– repetición puede ser vida (¡aún!
la respiración
el paso
la rosa [)]

II Meditar
la oración de los comprensores
el alma fija
los cuadros
a Jesús con María

III Imitar
la oración de los Santos
– su vida, la nuestra
– como María
– El gozo es la regla
– El dolor es la providencia
– La gloria es el término
(el que canta su mal espanta)

– Se acostumbra a comenzar defendiendo el Rosario de su carácter popular e infantil
– En cambio no hay que defenderlo así, sino que se
debe [hacer] la apología del espíritu de infancia y
de sencillez.

– La repetic[ión]. Donde hay vida corpórea
(humana) la repetición es vida.


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