Christódulos visto de cerca
Un wojtyliano en Atenas
por Gianni Valente
Christódulos Paraskevaides nació en
1939 en Xhánthi de una familia de desplazados procedente de la Tracia oriental,
tras el intercambio de poblaciones entre Grecia y Turquía que tuvo lugar en
1924. Estudió en el instituto Leonteion de Atenas, regido por la congregación
católica de los Hermanos marianistas. Luego obtuvo la licenciatura en Teología
y el doctorado en Derecho canónico. Monje desde principios de los años sesenta,
compartió con un grupo de coetáneos en el monasterio de Barlaam, en Meteora, la
experiencia de un monaquismo misionero y atento a los problemas sociales.
Elegido obispo metropolitano de Demetrias cuando tenía sólo 35 años, se dio a
conocer como predicador impetuoso, líder estimado por los jóvenes, animador de proyectos sociales. Desde abril de
1998, cuando fue elegido arzobispo de Atenas con un amplio consenso, está
marcando con su estilo “decisionista” la imagen pública de la Iglesia ortodoxa
y su relación con la sociedad griega. Interviene continuamente en los temas de
debate público, en defensa de los valores morales, multiplicando sus
apariciones televisivas, sin eludir choques y polémicas con los ambientes
políticos. Ha aumentado los comités del Sínodo, instituyendo otros doce que se
dedican a cuestiones de actualidad (bioética, asuntos europeos, ecología,
etc.); ha abierto una oficina de representación de la Iglesia griega ante la
Unión Europea en Bruselas, dirigida por el obispo Athanasios; ha dado vida a la
Organización “Solidaridad” para coordinar las iniciativas asistenciales de la
Iglesia griega en el extranjero. Gracias a estas intervenciones lleva adelante
con energía estajanovista su estrategia para contrarrestar la exclusión de la
Iglesia y reafirmar su influjo como fuerza motriz en la sociedad griega. Una
batalla que lleva a cabo con instrumentos y tácticas modernas, recurriendo a
veces al argot y modos de los jóvenes para atraerlos o valorizando movimientos
y confraternidades pietistas tradicionalmente mal vistas por la jerarquía.
Un programa que, por la agenda de
los temas tratados (por ejemplo la insistencia en las raíces cristianas de
Europa) y los modos de realización, presenta afinidades interesantes con los
clichés del pontificado wojtyliano.
En los últimos meses, la vena agonística de Christódulos afloró en la disputa entre la Iglesia de Grecia y el Patriarcado ecuménico de Constantinopla, en relación al derecho y modalidad de nombramiento de los obispos de las 36 diócesis griegas de los “nuevos territorios” (Tracia y regiones del noreste), que dependen canónicamente de Constantinopla y desde el punto de vista pastoral y administrativo de Atenas. La crisis se arregló con un compromiso procedural durante la pasada primavera, gracias también a la mediación del gobierno griego. Pero en el Sínodo de la Iglesia de Grecia ese casi-cisma que pudo darse con la Iglesia madre de Constantinopla ha alimentado el malestar y las reservas contra el protagonismo de Christódulos. El voto sinodal contrario a su viaje a Roma se explica también así.
En los últimos meses, la vena agonística de Christódulos afloró en la disputa entre la Iglesia de Grecia y el Patriarcado ecuménico de Constantinopla, en relación al derecho y modalidad de nombramiento de los obispos de las 36 diócesis griegas de los “nuevos territorios” (Tracia y regiones del noreste), que dependen canónicamente de Constantinopla y desde el punto de vista pastoral y administrativo de Atenas. La crisis se arregló con un compromiso procedural durante la pasada primavera, gracias también a la mediación del gobierno griego. Pero en el Sínodo de la Iglesia de Grecia ese casi-cisma que pudo darse con la Iglesia madre de Constantinopla ha alimentado el malestar y las reservas contra el protagonismo de Christódulos. El voto sinodal contrario a su viaje a Roma se explica también así.