Con humilde determinación
Giulio Andreotti entrevista a Colin Powell. Los Estados Unidos y el resto del mundo en un diálogo abierto
Giulio Andreotti

Colin Powell
COLIN POWELL: Estamos más allá de la era del equilibrio de los poderes políticos. Estamos en una nueva era caracterizada por la causa común de la libertad. La estabilidad y la paz vienen hoy de relaciones abiertas y de cooperación con las naciones con las que compartimos valores comunes. Existe una enorme diferencia cuando trabajamos juntos. Desde hace más de medio siglo los éxitos clave de las relaciones transatlánticas –personificados en la OTAN y cada vez más en la relación entre Estados Unidos y la Unión Europea– son asombrosos: paz en Europa, victoria en la guerra fría, victoriosas transiciones democráticas y de mercado en gran parte del antiguo bloque soviético y creación de un sistema económico global más estable mediante mecanismos como Bretton Woods y la WTO. Nuestra agenda común con Europa es más amplia que nunca: promover el mercado libre, combatir el terror, llevar la paz a Oriente Próximo.
El año 2004 ha conocido una expansión histórica tanto en la OTAN como en la Unión Europea, así como iniciativas para ayudar a las naciones de Oriente Próximo y del Norte de África con reformas y modernización. Esto es señal de la fuerza de nuestros valores e ideales comunes y del camino para construir una estabilidad democrática y oportunidades para la gente en todo el mundo. Cuando consideramos el camino aún por recorrer y superamos los desafíos que encontramos, está claro que el éxito puede sólo llegarnos de nuestro trabajo en común.

Arriba, un grupo de mujeres de Bagdad protesta contra los soldados americanos por las graves dificultades derivadas de la falta de agua, electricidad y géneros de primera necesidad; abajo, Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov firman el tratado de reducción de armamentos, Washington 1987
POWELL: El control eficaz de las armas contribuye a alcanzar nuestro objetivo de reducir la amenaza de las armas de destrucción masiva para nuestra nación y para el mundo. En los últimos quince años hemos reducido las cabezas nucleares estrátegicas existentes, pasando de más de diez mil a menos de seis mil en diciembre de 2001, y hemos eliminado casi el 90% de las armas nucleares no estratégicas de Estados Unidos. Mi país, además, no realiza tests nucleares desde 1992, y ha eliminado más de 200 toneladas de material fisil de sus depósitos, material suficiente para construir por lo menos ocho mil armas nucleares.
Uno de los grandes resultados del primer gobierno de Bush fue la negociación del Tratado de Moscú, que significará la reducción para antes del 2012 de dos tercios de las cabezas nucleares estratégicas existentes, con lo que quedarán entre 1700 y 2200 cabezas.
Con los grandes cambios en lo relativo a la seguridad internacional que siguieron tras el final de la guerra fría, la comunidad internacional ha de adaptar su control de los armamentos y las políticas de no proliferación para hacer frente a las nuevas amenazas, en especial el terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva. El presidente Bush ha promovido activamente nuevas ideas para responder a la amenaza de la proliferación, como la Proliferation Security Initiative. Siguiendo la resolución 1540 del Consejo de Seguridad de la ONU, propuesta por los Estados Unidos, seguiremos respondiendo a la amenaza de la proliferación con nuestros socios de todo el mundo.
ANDREOTTI: Todos hemos celebrado el final del embargo contra Libia por parte de Estados Unidos y, con retraso, de la Unión Europea. Es una prueba de que la histórica línea del diálogo político-diplomático con el mundo árabe puede seguir funcionando estupendamente. ¿Qué piensa usted?
POWELL: Al comienzo de este proceso con Libia el presidente se comprometió a responder a las acciones concretas libias en buena fe, notando que Libia «puede volverse a ganar un lugar seguro y respetable entre las naciones y, con el tiempo, mejores relaciones con los Estados Unidos». Se han requerido años de diplomacia determinada a la vez que una indudable firmeza americana en Afganistán e Irak antes de que Libia tomase una decisión histórica y diera pasos significativos e irreversibles para eliminar sus armas de destrucción masiva. Así se convierte en un modelo que nosotros esperamos que imiten las demás naciones. La acción de Libia está recibiendo una compensación económica, política y diplomática.
La coordinación entre Estados Unidos y Gran Bretaña sobre Libia ha sido muy estrecha, siendo un factor que contribuyó al éxito de nuestras respectivas políticas; esto es algo que continúa siendo así.
Nosotros, de todos modos, seguimos manteniendo nuestras reservas sobre Libia. Continuaremos el diálogo con Libia sobre los derechos humanos, sobre la modernización económica y política y sobre el desarrollo político regional. Saludamos favorablemente el compromiso de Libia con Amnesty International. Compartimos las preocupaciones de la Comunidad europea sobre la crisis de los médicos búlgaros. El compromiso diplomático y la cooperación en la enseñanza, en la sanidad, en la preparación científica son los cimientos para nuevas relaciones más fuertes. Como declaró el presidente en diciembre de 2003 «si Libia se propone en el futuro realizar una reforma interior, América estará dispuesta a ayudar a su pueblo a crear un país más libre y próspero».

Powell con el presidente de la OLP, Abu Mazen, Jericó, 22 de noviembre de 2004
POWELL: Seguiremos aprovechando todas las oportunidades que se presenten para seguir avanzando en el proceso de paz para la región. Como ya dijo el presidente, el objetivo de que dos Estados –Israel y Palestina– vivan uno al lado del otro en paz y seguridad puede alcanzarse sólo de un modo: por el camino de la democracia, de las reformas y del Estado de derecho. Todo lo que nosotros esperamos alcanzar requiere que América y Europa colaboren estrechamente. Juntos somos los pilares del mundo libre. Afrontamos las mismas amenazas y compartimos el mismo credo en la libertad y en los derechos del individuo.
En definitiva, nuestro éxito dependerá de si somos o no capaces de alcanzar una colaboración con aquellos pueblos y aquellos líderes de la región que ven su interés personal entrelazado con la modernización económica y con una mayor apertura política. Esto no será desde luego un proceso fácil ni rápido. Pero es esencial comenzar y perseguir reformas regionales con el mismo vigor, con el mismo propósito y con la misma autoridad que nosotros ponemos en la reconstrucción de Irak, en la ayuda a los israelíes y palestinos a alcanzar una solución en dos Estados y en la lucha contra el terrorismo y la difusión de armas de destrucción masiva.

George W. Bush con Vladímir Putin
POWELL: Como todos los americanos que han visto las imágenes de Beslán, yo sentí que aquel era el mismo tipo de maldad y terror que habíamos experimentado en nuestro propio suelo el 11 de septiembre, o en España el 11 de marzo. Nosotros comprendemos la rabia del pueblo ruso tras la matanza de los terroristas en Beslán. Compartimos su dolor y nuestros corazones están unidos a todos aquellos que han sufrido. Poner en peligro la vida de niños y matarlos tan deliberadamente no puede tener ninguna justificación política o religiosa. La maldad que hemos visto en Beslán ha de combatirse y rechazarse. Nos ha vuelto a recordar que en esta batalla no puede haber ningún tipo de compromiso. El pueblo ruso ha de afrontarlo de la manera más enérgica, directa y vigorosa posible para proteger a sus ciudadanos como nosotros estamos haciendo para proteger a los nuestros. Los Estados Unidos están firmemente al lado de Rusia en la lucha contra cualquier forma de terrorismo. Este ataque no ha hecho más que infundir nueva energía a nuestros esfuerzos para seguir en la lucha.
POWELL: Me he visto con el presidente Hu muchas veces. Me ha parecido muy preparado en las discusiones sobre nuestras relaciones, que se han ido ampliando con los años. Creo que reconoce que China ha de jugar un papel cada vez más responsable en la lucha por la paz, la prosperidad y la seguridad en Asia y en el mundo entero.

Powell con el presidente chino Hu Jintao en Pekín, el 25 de octubre de 2004
Son muchos más los temas sobre los que concordamos que sobre los que no estamos de acuerdo –los coloquios a seis mediante los cuales estamos tratando de desnucleizar la península coreana y la lucha contra el terror, por ejemplo–. Los derechos humanos son un tema sobre los que existen divergencias significativas; de todos modos, me alegré de que el ministro de Exteriores chino se comprometiera, durante mi reciente visita a Pekín, a reforzar nuestro diálogo bilateral. Nos gustaría ver más progresos en China en lo que atañe a la libertad religiosa; he expresado nuestra esperanza de que los ciudadanos chinos tengan bien pronto el derecho de expresar libremente su culto, garantizado por la Constitución china. Espero con ansia el día en que la Santa Sede establezca relaciones con las autoridades chinas y pueda administrar los sacramentos a los muchos miles de católicos chinos.
POWELL: Queremos socios globales fuertes y dinámicos que trabajen con nosotros para responder a los problemas y los desafíos planetarios. Apoyamos las políticas que alientan el buen gobierno, alivian la pobreza y luchan contra las enfermedades, para que los Estados no caigan y puedan salir de estos males y contribuir a la prosperidad global.
Para combatir el HIV/Sida en los países más afectados hemos favorecido la creación de un Fondo global en la ONU y poseemos nuestro propio Plan de emergencia para la ayuda contra el sida. Hemos creado un programa innovador para el desarrollo y para aliviar la pobreza, el Millennium Challenge Account. Los países en vías de desarrollo con una política de gobierno justo, que invierten en su pueblo y fomentan la libertad económica, se beneficiarán de estos fondos. Las naciones que eligen estas vías para el futuro tendrán a América a su lado. Estamos contentos de que muchas de ellas hayan progresado y estén trabajando duramente con nosotros para resolver las crisis regionales, y en algunos casos estén adquiriendo un papel relevante de guía. Por ejemplo, Nigeria y otros Estados africanos forman parte de un contingente de la Unión africana en Sudán, y países latinoamericanos y asiáticos están ayudando al mantenimiento de la paz en Haití.
Sobre la reforma de las Naciones Unidas, estamos dispuestos a tomar en consideración propuestas sobre cómo puede modificarse la ONU para afrontar los desafíos actuales. La “Comisión de alto nivel sobre amenazas, desafíos y cambios” nombrada por el secretario general Annan acaba de publicar su informe. Saludamos favorablemente el serio esfuerzo que ello representa y analizaremos con cuidado sus recomendaciones. El parámetro principal mediante el cual vamos a analizar las propuestos para las reformas institucionales y estructurales de la ONU será la eficacia. Para que puedan salir adelante las reformas de las Naciones Unidas, además, será necesario alcanzar un amplio consenso dentro de la organización y en los grupos regionales.
ANDREOTTI: Usted se ha comprometido personalmente en la crisis sudanesa, en las negociaciones entre el Norte y el Sur y ahora en Darfur. ¿Por qué? ¿Es su fuerte compromiso sudanés un test de lo que Estados Unidos quieren llevar a cabo más en general en África?
POWELL: Nosotros nos habíamos comprometido en Sudán a acelerar el final de una guerra civil que existía desde hacía veintiún años y que había costado miles de vidas. Posteriormente tuvo lugar la tragedia humanitaria en Darfur, sobre la que se tenía que actuar inmediatamente. Podríamos estar a punto de conseguir la pacificación en Sudán gracias a la reciente firma de una declaración entre el gobierno y la oposición en la que se afirma su compromiso a firmar un tratado de paz general para finales del 2004. Quiero ser optimista y pensar que al final habrá un gobierno de unidad nacional y de reconciliación en Sudán, con nuevos vínculos políticos y económicos con el mundo. El nuevo Sudán depende de que las partes mantengan sus promesas.

Ayudas humanitarias en Darfur

Powell en el Vaticano el 2 de junio de 2003 con el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado vaticano (el primero de la izquierda), el entonces secretario para las Relaciones con los Estados Jean-Louis Tauran, hoy cardenal (a la derecha) y Jim Nicholson entonces embajador americano ante la Santa Sede (en el centro)
A la hora de afrontar estos retos nuestras relaciones diplomáticas con la Santa Sede –basadas en la primacía de la libertad humana– jugarán un papel cada vez más importante. A mi modo de ver muchos de los retos que hoy son centrales son desafíos morales: si se piensa combatir el mal del tráfico de personas, de proteger la libertad religiosa donde quiera que se vea amenazada, o eliminar el azote del HIV/Sida, todo ello ha de afrontarse con claridad moral y la capacidad de traducir esa claridad en acción. Si seguimos trabajando juntos, creo que los Estados Unidos y la Santa Sede pueden ayudar a construir un mundo de libertad, esperanza y paz. Ya hemos hecho mucho para elevar la condición humana, pero reconocemos humildemente que todavía sigue habiendo mucho que hacer. Con humildad y determinación creo que seguiremos promoviendo la causa de la dignidad humana frente a los muchos desafíos que hoy afronta el mundo.
POWELL: Para conseguir mejores resultados, la cooperación para el desarrollo entre los donantes y los beneficiarios es esencial. La cooperación entre las naciones donantes elimina las duplicaciones y asegura que la asistencia llegue hasta el destinatario. La cooperación con los países en vías de desarrollo asegura que se responda a las causas de los problemas, no sólo a los síntomas visibles. Este esfuerzo requiere no sólo conocimiento técnico del desarrollo, sino también colaboración y conocimiento cultural para comprender y afrontar estos problemas básicos.
Nuestro compromiso para la asistencia humanitaria en todo lugar donde haya vidas en peligro sigue en pie. De hecho, hemos aumentado notablemente nuestros presupuestos para favorecer el desarrollo tradicional sobre todo desde que creamos el nuevo Millennium Challenge Account, que ayuda a los países que están poniendo en práctica el buen gobierno. En aquéllos que no ponen en práctica reformas, difícilmente producirán desarrollo los programas convencionales. De hecho, la asistencia puede hasta tapar inestabilidades subyacentes o contribuir a la inseguridad del Estado. Es crucial aplicar recursos de manera atenta, con finalidades a corto plazo específicas y flexibles que estén abiertas a los cambios que puedan producirse.
ANDREOTTI: Por último, en el mundo sorprende que en Estados Unidos sea tan fácil comerciar con armas ligeras. ¿Qué piensa usted?
POWELL: En nuestro país muchas personas son especialmente sensibles al Segundo punto de nuestra Constitución, que garantiza explícitamente el derecho de los ciudadanos a llevar armas. Nosotros creemos en la libertad personal mientras no viole los derechos de los demás, la seguridad pública, o el bien general. Nuestra atención se concentra en la lucha contra el crimen y en el castigo de todos aquellos que con armas de fuego puedan cometer crímenes.