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CHINA
Sacado del n. 12 - 2004

La Iglesia ante los nuevos escenarios

El futuro visto desde Shanghai


Los nombramientos de los obispos. Las relaciones con las comunidades clandestinas. La esperanza en un acuerdo entre Pekín y el Vaticano. Entrevista al obispo Aloysius Jin Luxian, nonagenario y optimista


por Gianni Valente


La Nanjing road de Shanghai

La Nanjing road de Shanghai

A Aloysius Jin Luxian le falta poco para llegar a los noventa. En Shanghai, donde los negocios y el dinero marcan el ritmo del cambio, sus ojos de patriarca ven desde hace tiempo eso que los analistas profetizan como el “siglo chino”.
En su larga vida de sacerdote chino pensaba que ya lo había visto todo. La detención en la noche del 8 de septiembre de 1955, en la misma redada en la que cayó el heroico obispo de Shanghai Ignatius Gong Pinmei, que Juan Pablo II creó cardenal in pectore en el consistorio de 1979. Dieciocho años en la cárcel y nueve confinado. Y luego los años desgraciados de la Revolución cultural, el inesperado florecer de la Iglesia en China. Hasta la consagración episcopal que en 1985 lo puso a la cabeza de la diócesis de Shanghai, con el reconocimiento de la filogubernamental Asociación patriótica de los católicos chinos y sin haber recibido el mandato apostólico, es decir, la aprobación del Papa.
Pero ahora, la carrera china al futuro plantea cuestiones inéditas a su corazón de pastor. En esta febril aceleración hacia la modernidad, ¿cuál será el destino de los brotes de vida cristiana que florecen en el exterminado planeta del antiguo Celeste Imperio? Lejos de aquí algunos dan la alarma: la anunciada irrupción de China en el escenario mundial acabará por debilitar las raíces cristianas de Occidente. Él, como buen jesuita, sigue los diestros pasos de su hermano de hábito Matteo Ricci. El Italicus maceratensis que hace ya 400 años, haciéndose «bárbaro por amor de Cristo» para entrar «en este otro mundo de China», había descubierto con alegría que la dulce gracia de Jesucristo va por el mundo de corazón en corazón, sin preocuparse de fronteras entre civilizaciones.
El obispo Aloysius Jin Luxian

El obispo Aloysius Jin Luxian


Excelencia, llegó noticia de que había pasado un largo periodo en el hospital. ¿Cómo vivió ese tiempo? ¿Cómo está ahora?
ALOYSIUS JIN LUXIAN: Efectivamente estuve ingresado desde el 21 de abril al 16 de septiembre por graves problemas cardíacos. El hecho de que convivo desde hace años con la diabetes complicó la situación y los cirujanos no pudieron intervenir (bypass o intervenciones análogas). En esta situación casi desesperada, pensé que había llegado mi hora y muchos pensamientos me pasaron por la cabeza: la precariedad de una vida que, por mucho que dure, nos parece siempre breve; la necesidad de pedir perdón a Dios y a los hermanos por todos los errores que pueda haber cometido con ellos y, por lo que respecta al proyecto que más deseo, el no haber alcanzado un acuerdo, a nivel religioso, entre mi gobierno y el Vaticano. Grande es mi asombro por haber salido del hospital en discretas condiciones. De ello, no cabe duda, debo darle gracias a Dios, en cuyas manos están todas las vidas (y esto lo percibo de manera particular respecto a mi vida), y a los médicos que me han prodigado toda clase de cuidados, con resultados tangibles.
Shanghai se ha convertido en el símbolo de lo que los expertos llaman el “siglo chino”…
JIN: Es verdad, Shanghai es como una ciudad símbolo para el futuro de China. Todo el mundo habla de nuestro país por el rápido desarrollo que está viviendo en todos los niveles. Por mi parte podría compararlo con un avión durante el despegue: sale a la carrera, los motores al máximo de su potencia lo están elevando en el aire, pero todavía queda tiempo y espacio para alcanzar la estabilidad del vuelo. Existen, obviamente, todas las premisas para un buen vuelo, pero, como decía, la fase es la del despegue. Se trata de un camino largo porque, si por un lado podemos ver una fuerte expansión especialmente en la zona de Shanghai y en todo el este del país, queda todavía una amplia zona occidental subdesarrollada con los graves problemas del hambre, del analfabetismo, del desempleo y, por tanto, de la pobreza. Hay 30 millones de personas que padecen hambre en nuestro país y, como sucede en todos los países en vías de industrialización, se produce un fuerte desequilibro entre pobres y ricos, desequilibrio que será aún más vistoso en el futuro inmediato, pero espero que pueda afrontarse gradualmente.
Sobre el nombramiento de obispos en China considero que la solución mejor consiste en buscar siempre, con franqueza y paciencia, un acuerdo entre las varias autoridades civiles y religiosas. Lo ideal sería que nuestra diócesis proponga a un candidato en torno al cual pedir el acuerdo de las autoridades gubernamentales chinas y de las del Vaticano
Shanghai es también una ciudad importante para la historia de la Iglesia. Desde hace tiempo se habla de su sucesión. ¿Han identificado ya al joven que puede sucederle en el gobierno pastoral de la diócesis?
JIN: Estoy cerca de los noventa años y sigo a la cabeza del gobierno de esta enorme y querida diócesis de Shanghai, a pesar de mis condiciones de salud tan precarias. El nombramiento de mi sucesor es un problema que está implicando a nuestra diócesis, al Gobierno y al Vaticano. El candidato ha sido identificado y cuenta –algo nada despreciable– con la aprobación de las autoridades gubernamentales y vaticanas. Sin embargo, dicha persona teme que se trate de un cargo demasiado gravoso y no ha manifestado aún su consentimiento. Yo rezo y les pido a todos ustedes que recen al Espíritu Santo para que se llegue pronto a una definición de esta situación o a encontrar una alternativa posible.
El nombramiento de obispo sigue siendo un punto delicado en las relaciones entre el Gobierno chino y la Santa Sede. En los últimos tiempos ha habido hechos nuevos al respecto. Según usted, ¿existen soluciones provisionales para acercarse a las peticiones de control del Gobierno sin comprometer los derechos del Papa en este terreno?
JIN: Sobre el nombramiento de obispos en China considero que la solución mejor consiste en buscar siempre, con franqueza y paciencia, un acuerdo entre las varias autoridades civiles y religiosas. Lo ideal sería que nuestra diócesis proponga a un candidato en torno al cual pedir el acuerdo de las autoridades gubernamentales chinas y de las del Vaticano. Tras lograr este objetivo, se puede proceder a la consagración del nuevo obispo, siempre que el candidato acepte el cargo. Espero que así se haga en Shanghai.
En Occidente sigue existiendo el estereotipo según el cual en China hay dos Iglesias, una fiel al Papa y otra fiel al Gobierno. ¿Qué piensa usted?
JIN: ¿Por qué hablar de dos Iglesias en China? La Iglesia católica es una; podemos hablar de dos grupos dentro de ella: uno que reconoce la autoridad del Vaticano y está en desacuerdo con la autoridad china y otro grupo que reconoce tanto la autoridad del Vaticano como la autoridad del Gobierno chino y dialoga con los dos. Creo que es necesario llegar, mediante el diálogo y superando las contraposiciones, a una colaboración y a un respeto recíproco de estas dos autoridades. Creo que ya se han dado algunos pasos en esta dirección y sin embargo queda aún mucho camino por recorrer, pero el objetivo ha de ser la búsqueda por parte de todos del diálogo y de la colaboración. También en Italia los cristianos católicos reconocen la autoridad del Vaticano, pero no por ello están en desacuerdo con el Gobierno italiano.
Hace unos años, en una crítica que hizo usted a algunos excesos de las comunidades clandestinas, subrayaba que la fe y la vida cristiana por su naturaleza se testimonian y se viven frente a todo el mundo, cuando es posible…
JIN: La llamada “Iglesia subterránea” existe desde hace cincuenta años. Se trata, en mi opinión, de una Iglesia que vive separada del mundo y que quizá no se da cuenta siquiera de que mientras tanto han tenido lugar muchos cambios incluso a nivel de relaciones entre Gobierno y autoridades religiosas. El mismo Partido comunista chino ha experimentado cambios importantes, y no es el único: la actitud que las autoridades vaticanas tienen con el Gobierno chino está en continua evolución. Creo que seguir manteniendo posturas de hace cincuenta años acaba por ser una actitud negativa para la misma Iglesia. Espero y rezo para que las comunidades clandestinas sepan mirar a la situación de hoy con mirada abierta y ánimo disponible, para que se den cuenta del camino realizado en las relaciones Gobierno-Iglesia durante estos años.
En el pasado, con los famosos ocho puntos, el Vaticano prohibió de hecho a los obispos y a los sacerdotes que iban de viaje a China concelebrar con los sacerdotes chinos de las Iglesias reconocidas por el Gobierno. Algunos utilizaron esas disposiciones para sembrar dudas sobre la validez de los sacramentos celebrados en las Iglesias “abiertas”. ¿Qué ha pasado con los ocho puntos? ¿Es verdad que recientemente se han vuelto a proponer como válidos?
Trabajadores emigrantes por las calles de Pekín. Las reformas económicas de China han causado una creciente diferenciación de rentas

Trabajadores emigrantes por las calles de Pekín. Las reformas económicas de China han causado una creciente diferenciación de rentas

JIN: Los “ocho puntos” se remontan a hace muchos años. Ahora el Vaticano reconoce a la mayor parte de los obispos de la Iglesia “oficial”. La acción de la evangelización es activa en nuestra Iglesia y no teme las dificultades y las contradicciones que, creo yo, existen en todos los países en la relación Iglesia-mundo. En la diócesis de Shanghai el número de católicos aumenta y los sacerdotes ordenados antes de 1950 son pocos. Ahora tenemos 76 sacerdotes, y el 90% de ellos han sido ordenados en los últimos veinte años, después de haber sido formados en el seminario de Sheshan. Los sacerdotes presentes en las otras diócesis pertenecen casi todos a la nueva generación, y sin su preciosa presencia la Iglesia no estaría en la situación floreciente de hoy. Creo que por parte de todos tiene que haber un gran deseo de diálogo para una comprensión más profunda y un respeto recíproco de la diversidad. Incluso en el Vaticano puede haber opiniones diversas sobre nuestra Iglesia. Creo que también usted, su revista, pueden colaborar en la búsqueda de nuevos caminos para un diálogo continuado y para una comprensión cada vez más completa de los varios puntos de vista. Hay categorías de “conservadores” que miran a la realidad presente con los ojos del pasado y, por tanto, con una mirada viciada quizá por prejuicios.
Todo el mundo habla del papel de China en los próximos decenios, también a nivel religioso. Según eclesiásticos influyentes, la cultura china, que no tiene la idea de un Dios personal, podría convertirse en un factor más de secularización cósmica en una modernidad ya secularizada. ¿Qué opina de estas preocupaciones usted que es obispo en China?
JIN: Dice san Juan en el capítulo 3, versículo 8: «El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu». Cambian los usos, cambian las costumbres a una velocidad supersónica, un mundo viejo muere y emergen nuevas fuerzas. No hay que ser pesimistas. También entre los cristianos –sobre todo entre los protestantes– las cosas marchan rápidamente. Basta pensar que en 2003 los protestantes en China publicaron dos millones y medio de Biblias, y en 2004 tres millones y medio: se vendieron todas. Esto nos dice que la gente lee, que se interesa por la Biblia. También los cristianos, pues, cambian a la misma velocidad de los demás. Hay que rezar por aquellos que evangelizan y no atacarles si vemos que algo no va. Nuestra comprensión y el diálogo deben sostener su entusiasmo. Dentro de la misma Iglesia a veces hay personas que obstaculizan a aquellos que dan testimonio de la fe cristiana. Yo creo que el Espíritu Santo ilumina a los nuevos sacerdotes que han de ser apoyados por todos.
Dice san Juan en el capítulo 3, versículo 8: «El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu». Cambian los usos, cambian las costumbres a una velocidad supersónica, un mundo viejo muere y emergen nuevas fuerzas. No hay que ser pesimistas
En este sentido, ¿que es lo esencial que hay que custodiar y proponer para dar testimonio de Jesucristo en China? ¿Hay un modo mejor que otro para comunicar en China la novedad cristiana?
JIN: La novedad cristiana en China, como por doquier, se difunde mediante el anuncio del Evangelio. Hay que anunciar y vivir el Evangelio. Y el centro del Evangelio es el amor y no el odio, es la unidad y no la división, es la atención por los pequeños y los pobres. Nuestra diócesis de Shanghai se ha comprometido este año a ampliar y vivificar sus actividades caritativas. La Iglesia debe estar presente donde hay pobres y desempleados, debe estar al servicio de los pobres y no disipar sus energías criticando o atacando a los que alguna vez pueden incluso equivocarse. Es asimismo necesario custodiar, sostener, defender el carácter propio de la Iglesia local, en todos los terrenos, desde el artístico al teológico y cultural. En lo artístico vemos que casi todas las obras de arte que tenemos han sido copiadas de las europeas. Hemos de favorecer y despertar también las características que son propias del arte, de la cultura, de la teología chinas. Es un trabajo que a menudo encuentra obstáculos en los llamados “conservadores”, porque aún les resulta difícil comprender estas exigencias.
La clase dirigente política china está viviendo un cambio generacional importante. ¿Qué piensa de los nuevos gobernantes?
JIN: Yo estoy muy satisfecho de nuestro nuevo Gobierno, aprecio su pensamiento, su compromiso, su apertura a los grandes problemas de hoy; tomo nota de su compromiso con las clases pobres, especialmente con los campesinos que hoy pasan graves dificultades. Es un gobierno que trata de estar cerca de los pobres y que está estudiando el modo más apropiado y rápido para ayudarles a resolver sus problemas. Debemos comprender que China es un país inmenso y que hacen falta medios y tiempo para lograr cambios sustanciales, pero no dejo de ser optimista: los resultados llegarán.
Últimamente las autoridades civiles han promulgado nuevas normas sobre las actividades religiosas y la organización eclesiástica. En Occidente estas normas han sido presentadas como una injerencia del Estado en la esfera religiosa. ¿Qué piensa de estas normas?
JIN: En estos dos años no he participado en las reuniones que se celebraron en Pekín y tampoco he tenido noticias, debido a mis condiciones de salud, de los debates y los trabajos de dichas reuniones. He sabido algo a través de la prensa, por medio de Tripod, la revista de Hong Kong; la revista francesa Églises d’Asie, la revista que publica en Alemania China Zentrum, la agencia Asianews, etc. Además como últimamente he estado ingresado en el hospital, en terapia intensiva, no podía, como es natural, estar al día sobre los varios documentos promulgados. De todos modos, hay que darse cuenta de que la Iglesia en China está en una fase de transición. Podremos verificar los resultados paso a paso, dándole tiempo al tiempo, y si logramos instaurar un clima de diálogo, respeto recíproco y comprensión, que es lo principal. Los expertos extranjeros tienen opiniones diferentes. Me parece que el padre Jean Charbonier, de las Missions etrangères de París, es el que mejor comprende la situación china.
En China, como en cualquier parte, ¿cuál es la actitud más realista de los cristianos frente a las autoridades civiles y a sus leyes?
JIN: «Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios», dice el Evangelio. Creo que todos debemos respetar este principio.
¿Hay problemas de injerencias del Gobierno en la religión?
JIN: Existen problemas (por ejemplo la planificación de los nacimientos, las relaciones entre el Vaticano y Taiwán) que con calma, franqueza y disponibilidad debemos y podemos afrontar juntos, dialogando. Rezo al Espíritu Santo para que nos ilumine y guíe en el camino del encuentro y del diálogo.
Los “viejos” pastores están pasando y las nuevas generaciones tomarán su legado. Hay que tener presente que el Evangelio prevé en todos los campos la presencia del buen trigo y de la cizaña
También en la Iglesia de China se está viviendo un momento de transición. Ustedes, los “viejos”, han tenido el don de custodiar la fe en los años terribles de la Revolución cultural. Se dice que a menudo los nuevos sacerdotes jóvenes son frágiles y ávidos de riquezas. ¿Qué pasará?
JIN: Los “viejos” pastores están pasando y las nuevas generaciones tomarán su legado. Hay que tener presente que el Evangelio prevé en todos los campos la presencia del buen trigo y de la cizaña. En Shanghai los sacerdotes viejos son 8 y los nuevos 68; las religiosas ancianas son 25, las nuevas 90. Estas nuevas generaciones guiarán nuestra diócesis en el futuro. La mayor parte está apasionada con su labor pastoral. En ese momento también en China se empieza a sentir la falta de vocaciones, y entonces hay que invertir mucho en el cuidado de los jóvenes y en su formación religiosa.
Excelencia, ¿cuándo fue la última vez que visitó Roma? ¿Qué recuerdos tiene de la Ciudad eterna?
JIN: La última vez que estuve en Roma fue en 1950, cuando obtuve la licenciatura en Teología por la Universidad Gregoriana. Ha pasado más de medio siglo. Desde que regresé a mi patria no he vuelto a ir. He de decir que mi estancia en la capital italiana fue el periodo más feliz de mi vida. Recuerdo esta fantástica ciudad como un museo y no es fácil encontrar una ciudad semejante en el mundo. Conservo un hermoso recuerdo de mi profesor, el cardenal Paolo Dezza; me acuerdo de mis compañeros de clase, la mayoría han muerto (soy de los pocos supervivientes). Recuerdo también con agrado al cardenal Costantini, que fue delegado apostólico en China. Quería a China, y cuando estaba en Roma iba a menudo a visitarle.
Saludo con gran admiración a su revista 30Días y, por medio de 30Días, a todos sus aficionados lectores y les pido a todos una oración por nuestra diócesis de Shanghai y por sus pastores.


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