El análisis del rector de la Universidad de Ciencias Humanas de Moscú
Tradición y pragmatismo
Esta es hoy la política del Kremlin para el historiador Alexander Chubarián: «Estoy seguro de que el presidente Putin quiere un Estado democrático y, como él mismo ya ha dicho, cercano a la civilización europea». Entrevista
por Giovanni Cubeddu

El coro del Ejército Ruso durante su actuación en la Sala Pablo VI, en presencia de Juan Pablo II el 15 de octubre de 2004.
El caballo de batalla de Chubarián es la historia europea y las relaciones internacionales en el siglo XX, como testimonian sus diversas publicaciones sobre la política exterior de Moscú en los años veinte y sobre la guerra fría y sus orígenes.
Chubarián es miembro del Comité Editorial de la Enciclopedia Ortodoxa (cuyo primer volumen presentó en Roma, en octubre) y del Comité Editorial de la Enciclopedia Católica (presentada en Moscú hace dos años). Esto deriva del hecho de que al Instituto de Historia General pertenece un gran Centro de estudios sobre la Iglesia y las religiones, vinculado de manera especial con el patriarcado de Moscú, y de ahí que muchos docentes del Centro participen en la redacción de la Enciclopedia Ortodoxa.
Nos habíamos encontrado con este apacible y agradable intelectual, que defiende las razones del presidente Putin, en Roma, en una salita de un conocido hotel propiedad del Vaticano, justamente en Via della Conciliazione, a pocos metros de la Plaza de San Pedro. Chubarián regresó a Moscú y reemprendimos nuestro coloquio en los días más críticos de las manifestaciones en Ucrania. Empezamos por ésta.
¿Qué piensa de la crisis en Kiev?
ALEXANDER CHUBARIÁN: Es producto de tendencias y factores diversos. Ante todo hay que considerar que la situación interna es compleja: amplios estratos de la población manifiestan descontento a propósito del poder y de cómo éste pretende transformarse en democrático; se vive un difícil proceso de búsqueda de la identidad nacional y de definición de las relaciones de Ucrania con los otros países, que tiene como fin ubicar el verdadero lugar de Ucrania en la comunidad internacional entre Europa, Rusia y Estados Unidos, potencias de las que advierte la presión política.
Obviamente las opiniones sobre estos temas difieren, particularmente si se consideran las regiones orientales o las regiones occidentales del país. El resultado de todo esto es precisamente la realidad complicada y a menudo dramática que tenemos ante nuestros ojos. Pero, en definitiva, se trata de elecciones que sólo el pueblo de Ucrania debe hacer.
Un reciente sondeo internacional ha mostrado que la mayoría de los rusos habría votado por Bush. También el presidente Putin dijo claramente que lo prefería...
CHUBARIÁN: Aquí encontramos una válida combinación de tradición y pragmatismo. La relación entre Rusia y Estados Unidos es importante para la historia y, durante la presidencia de George W. Bush, esta relación ha sido buena, hemos tenido muchas señales positivas del apoyo americano. Cierto, siguen existiendo los sentimientos de antiamericanismo, que no están ligados a ésta o aquélla presidencia o política americana, y que son herencia de la guerra fría, cuando Rusia gozaba del status de superpotencia. En muchos estratos sociales rusos hay nostalgia, tal vez no del comunismo, sino de los tiempos en que estábamos al mismo nivel de Washington. Los rusos siempre hemos mantenido buenas relaciones con los presidentes demócratas americanos, pero mejores aún con los republicanos.
Por lo tanto, en teoría, el presidente americano George W. Bush continuará esta política de partnership estratégica con Rusia. Creo que con los demócratas en la Casa Blanca se habría prestado más atención a los asuntos de los derechos humanos y la democracia interna, lo cual habría generado tensiones con Moscú...

George W. Bush y Vladímir Putin durante el G8 en Sea Island, Georgia (USA), el 9 de junio de 2004
CHUBARIÁN: La pregunta es muy seria. La masacre de Beslán ha influenciado el modo de pensar no sólo del establishment, sino también de la gente común. Nos hemos dado cuenta de que para nosotros el problema de la seguridad ya no es solamente teórico, sino trágicamente concreto, porque podemos esperarnos ataques terroristas en cualquier parte del país. Actualmente, casi todos en Rusia consideran que tenemos necesidad de medidas más serias en la lucha contra cualquier tipo de terrorismo. El pueblo ruso sostiene el compromiso de nuestro presidente en reforzar el país y en establecer relaciones más estrechas con los otros países, con Estados Unidos y Europa in primis, porque cada vez más deseamos formar parte de la comunidad internacional.
En las grandes ciudades, pero también en los pequeños centros periféricos que he visitado recientemente, todos dicen que el presidente “debe” ser más decidido en su lucha contra los terroristas y solicitan mayor orden público interno.
Después de Beslán se ha vuelto a hablar de la inestabilidad del Cáucaso. ¿Cuál es la situación? Según usted, el tipo de gestión que Rusia quiere llevar a cabo en la región, ¿es aceptable para la comunidad internacional, Estados Unidos en primer lugar?
CHUBARIÁN: Hay dos Cáucasos. El primero está dentro de Rusia –Osetia del norte, Chechenia, Ingusetia y muchas otras pequeñas Repúblicas–, el segundo está fuera -Georgia, Azerbaiyán, Armenia... Quien critica a Rusia por ejercer influencia en el Cáucaso ruso, debería pronunciarse también en contra de la influencia de Estados Unidos en Tejas o en Florida. Para nosotros la cuestión chechena constituye un peligro no sólo en sí misma, sino para todo el Cáucaso ruso. La masacre de Beslán sucedió en Osetia septentrional, no en Chechenia... Supongo que los países extranjeros, Estados Unidos y Europa no pretenden negar la soberanidad rusa en nuestro Cáucaso. Para el Cáucaso situado fuera de las fronteras rusas sólo queremos que la situación sea tranquila y positiva. Nosotros mantenemos buenas relaciones con Armenia –donde no existen sentimientos antirrusos–, con Azerbaiyán y otros Estados limítrofes. Tal vez tenemos algunos problemas de estabilización con Georgia, pero no existe ninguna pretensión territorial.
Usted sigue refiriéndose a las áreas “post-soviéticas”...
CHUBARIÁN: Mi opinión personal es que Rusia, en las relaciones con los territorios que una vez estaban dentro de la URSS, debe gozar del status no de superpotencia, pero sí de “gran potencia”. No me entusiasma si alguien quiere utilizar el término “influencia” de Moscú; existen otras definiciones como “ayuda recíproca”, o bien, “profunda y especial colaboración”.
Es un asunto espinoso. Y, de cualquier manera, en Rusia existe divergencia de opiniones. Recuerdo un reciente debate en la televisión rusa, en el cual la mitad de los periodistas presentes indicaba a los Estados Unidos como el enemigo que trabaja para desestabilizar Moscú y el área caucásica. Yo no estoy de acuerdo. Creo que también los Estados Unidos desean la estabilidad regional, porque Rusia es un poder nuclear. Nuestra relación con los Estados Unidos no es conflictiva, sino competitiva. Lo recuerdo de nuevo. Lo que sucedió en Beslán constituye un peligro no sólo para el Cáucaso, sino para toda Rusia.
¿Cómo ve la intelligentsia rusa el proceso de unificación europea? Países antes bajo la capa soviética se han abierto al abrazo de los Estados Unidos y, ahora, después de la ampliación hacia el este de la Unión Europea, son miembros de ésta... Por otro lado, la OTAN, en vez de deshacerse después de 1989, está avanzando ahora hacia Oriente...
CHUBARIÁN: Quisiera decir que la reputación de que gozo en mi patria es la de partidario activo de Europa. El último libro que estoy por publicar este año lleva como título El europeísmo ruso, y estoy absolutamente convencido de que Rusia es una parte de Europa, por geografía, cultura, tradiciones... y de que, más que antes, tenemos necesidad de ser miembros de la UE. Después de la división del continente en la época del socialismo, ahora los valores de referencia europeos como la economía de mercado y los ideales liberales y democráticos –aunque podemos discutir acerca de los diversos modelos posibles de democracia- han sido adoptados como propios por Rusia. Además, Rusia es una federación que, para organizar las relaciones entre las distintas partes del país, observa atentamente la experiencia de los países con un modelo federal. Por esto consideramos a Europa –donde subsisten naciones y culturas diferentes que dan vida a una comunidad- un socio ideal, el ejemplo de la posibilidad de equilibrar diversos intereses.
Vayamos al problema de los países antes comunistas y ahora miembros de la UE.
CHUBARIÁN: Para Rusia, el tiempo de la hostilidad a la ampliación hacia el este de Europa y la OTAN se ha terminado. La OTAN es todavía un enemigo para los nacionalistas y comunistas rusos, pero no para los demás, también porque ahora existe una partnership for peace entre Rusia y la OTAN. Y esto a pesar de que sigue habiendo intereses diversos y hay una competencia natural. Además, tenemos una verdadera necesidad de mejorar las relaciones con los países que formaban parte de la URSS –Ucrania y los Estados bálticos- y también con aquéllos más independientes –Polonia, antigua Checoslovaquia, Bulgaria, etc. Pero sabemos muy bien que una cosa es plantear una relación entre Moscú y Kiev y otra plantearla entre Moscú y Varsovia... Algunos países, como los bálticos, son simultáneamente miembros de la OTAN y de la UE. Y luego, ser buenos vecinos exige comprensión por ambas partes.

Después de la matanza de Beslán, miles de personas se manifiestan en contra del terrorismo frente a las embajadas británica y estadounidense en Moscú
CHUBARIÁN: Soy miembro de una Comisión histórica internacional con sede en Riga, Letonia –creada para investigar sobre la ocupación nazi y comunista y sobre el holocausto– y he experimentado la dificultad para realizar todo esto de lo que estamos hablando, porque veo que, en los países ex-satélites, el mundo intelectual y los medios no logran imaginar lo provechosa que puede ser una relación de buenos vecinos con la Rusia de hoy. Pero estoy seguro de que es una cuestión de tiempo: las nuevas clases políticas de estos países, miembros de la UE y la OTAN, son más pragmáticas, no temen a la Rusia nueva, aunque sea un vecino tan grande.
Además, soy jefe de la delegación rusa en una comisión bilateral de historiadores de Ucrania y Rusia. Veo y entiendo muy bien que estos países post-soviéticos ahora se ocupan mucho de su identidad nacional: la bandera, el himno, la construcción de una historia patria... Pero, en este camino, inevitablemente encontrarán un obstáculo: el largo período durante el cual su identidad –ucraniana, bielorrusa, etc.- no era un problema, justamente porque existía una identidad soviética común (o incluso, antes, una identidad rusa imperial). Ahora estos países tienen necesidad de concebirse como nación y, aunque no todos en Rusia estén de acuerdo –me refiero a los viejos y nuevos nacionalistas–, debemos impulsar estas tentativas o, al menos, entender que los tiempos han cambiado. Pero, en este momento, cuando estos países consideran y juzgan su pasado, deben tener conciencia de que no pueden cancelar el hecho de que formaron parte de la URSS y de que este reconocimiento no debe ser reinterpretado y orientado contra la Rusia de hoy. Hace muchas décadas Noruega formaba parte de Suecia, pero los noruegos no sufren por haber sido parte de otro Estado. Lo mismo debe suceder entre nosotros y los Estados que pertenecieron a la URSS, con los cuales recorrimos un largo tramo de camino en común.
Desgraciadamente, nos enfrentamos al hecho de que las generaciones de hoy a menudo olvidan las vicisitudes históricas, incluso las de hace sólo diez años.
¿Y para quien no formó parte de la URSS?
CHUBARIÁN: Vale la misma forma de abordar el problema. Con Polonia tenemos tradiciones históricas comunes, con los checos no existen ejemplos históricos de guerras o choques, con Bulgaria existían relaciones amistosas. Rusia no tiene ningún problema en reconocer a estos países como miembros de la UE y, simultáneamente, como buenos vecinos suyos. Un ejemplo es Alemania que, a pesar de que en el siglo XX haya sido de verdad un enemigo, hoy, según los sondeos, la recorren sentimientos populares a menudo más favorables a Rusia que a los otros Estados de Europa occidental.
¿Se ha seguido en Moscú el debate sobre las raíces cristianas de Europa?
CHUBARIÁN: Hace alrededor de veinte años escribí mi primer libro titulado La idea europea en la historia: la mirada de Moscú. Entonces me parecía clarísima la influencia del cristianismo en Europa. Hoy es necesario considerar honestamente las razones de la fuerte oposición a este punto durante los trabajos de la comisión presidida por Giscard d’Estaing, en el ámbito de la construcción de la Constitución Europea. La situación en Europa occidental se ha complicado mucho. El cristianismo sigue siendo un valor histórico, pero en la cotidianidad de los distintos países europeos coexisten ahora diferentes religiones: en Francia viven millones de musulmanes, como también en Alemania.
Para nosotros, ciudadanos rusos, la cuestión se vincula a un interrogante. ¿Rusia forma parte de Europa? No es un debate nuevo, se discutía el asunto ya en el siglo XIX. Rusia, naturalmente, tiene su vida y su identidad, a veces muy distinta de europea. No hay duda de que somos un gran país-puente entre Europa y Asia. En nuestro territorio habitan alrededor de veinte millones de ciudadanos de religión islámica. Millones de habitantes de Siberia y del Extremo Oriente ruso viven lejos de Europa. Una vez vino a nuestro Instituto el embajador italiano en Moscú, a hacer una conferencia sobre “Rusia en Europa”. Acababa de realizar un largo viaje por el Extremo Oriente ruso y señaló: «He visitado Vladivostok y he encontrado que entre los habitantes del Extremo Oriente hay europeos que viven en Asia».

La cumbre de la Comunidad económica euroasiática y el Tratado de Seguridad Colectiva presidido por Rusia, Astana (Kazajstán), 18 de junio de 2004
CHUBARIÁN: Desde mi punto de vista, no se basa sólo en el cristianismo, sino en la necesidad de adherirse a los valores europeos de democracia, economía de mercado, derechos humanos. En lo que concierne a los valores cristianos, también hoy pueden servir al fin de preservar la paz entre los pueblos, predicar el bien y la no violencia.
En este momento, en Rusia, está muy viva la discusión sobre la enseñanza de la religión en las escuelas. En nuestro Instituto hemos preparado un manual sobre las religiones mundiales, con el objetivo de explicar a los muchachos la historia y la naturaleza de las diferentes creencias, prestando obviamente mayor atención a la ortodoxia. Para mí, hoy, la tolerancia es el valor más grande que nos ofrece la religión cristiana, tanto en Europa como en Rusia. Ahora bien, la tarea principal en Rusia –en cuyo desarrollo se debe utilizar también la enseñanza de la religión en la escuela- es la de consolidar la sociedad en torno a algunos principios.
Déjeme que concluya diciendo que soy optimista, que estoy seguro de que hemos elegido la vía democrática y que no regresaremos atrás. Estoy absolutamente seguro de que también el presidente Putin quiere un Estado democrático y, como él mismo ha dicho, “cercano a la civilización europea”.
Usted estaba en Roma cuando el coro del Ejército Ruso cantó en el Vaticano para celebrar los veintiseis años de pontificado de Juan Pablo II...
CHUBARIÁN: Un canal ruso de televisión comenzó sus informativos con esta noticia. Este ensemble era un grupo de danza muy conocido ya en los tiempos del soviet. Es obvio que cuando se dice “el Ejército Ruso en el Vaticano”, se está manejando un doble sentido político-eclesiástico y que esto, en principio, es un buen indicio del mejoramiento de las relaciones con Moscú. Que esto además signifique que el Papa podrá venir a Moscú, no lo sé. Ya se sabe cómo están realmente las cosas.