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REFLEXIONES DE UN POLÍTICO...
Sacado del n. 10 - 2011

Viaje apostólico a Alemania

El Papa sigue siendo fiel a sí mismo: dad testimonio de vuestra fe


Las palabras del papa Benedicto XVI en su tierra natal pueden ser interpretadas como un encendido llamamiento a volver a lo esencial y a sacar las consecuencias. Lo dice Hans-Gert Pöttering, ex presidente del Parlamento europeo


por Hans-Gert Pöttering


Benedicto XVI visita el Bundestag, Berlín, el 22 de septiembre de 2011 [© Osservatore Romano]

Benedicto XVI visita el Bundestag, Berlín, el 22 de septiembre de 2011 [© Osservatore Romano]

 

La visita de Benedicto XVI ha sido un acontecimiento conmovedor. Un papa alemán ha venido a su tierra natal. Ha traído un mensaje profundamente teológico: la renovación de la Iglesia puede tener lugar solo mediante la disponibilidad a la conversión y una fe renovada. Habló de manera tan apasionada y convincente de Dios que sorprende incluso en un teólogo sucesor de Pedro como Benedicto XVI.
Su discurso en el Bundestag alemán al comienzo de su viaje a Berlín fue especialmente significativo. En aquella ocasión se preguntaba sobre la esencia de la actividad política, sobre el fundamento del derecho y sobre la distinción entre bien y mal. Colocó sus reflexiones dentro del gran contexto de las tradiciones de pensamiento europeas: la filosofía griega, el derecho romano y la fe en Dios judeo-bíblica, que forman la «identidad profunda de Europa». En la búsqueda de un fundamento común para la construcción del derecho propio, Europa no debería limitarse a una pura visión positivista. Esto es una restricción de la realidad total del hombre. Paragonó esa limitación a una construcción en cemento sin ventanas. Desligado de todo lo que ocurre en el exterior, el hombre se atrofia. En cambio, en una visión global, podría recibir todas las influencias. Aquí entró en juego «la ecología del hombre», como en la encíclica Caritas in veritate. El nacimiento del movimiento ecologista fue un «grito que anhela aire fresco» que había necesariamente que escuchar. El hombre debería escuchar el lenguaje de la naturaleza. Si le presta atención y la recibe como algo que no ha producido él mismo, la libertad del hombre encuentra su finalidad. Pero como las normas pueden derivar solo de la voluntad, éstas presuponen el reconocimiento de la “razón creadora” de Dios. Benedicto XVI preguntaba de manera casi provocadora: «¿Carece verdaderamente de sentido reflexionar sobre si la razón objetiva que se manifiesta en la naturaleza no presupone una razón creativa, un Creator Spiritus?».
El Papa insistió especialmente con los políticos sobre el ejemplo del rey Salomón, que había deseado un “corazón dócil” para buscar el verdadero derecho, para servir la justicia y la paz. Puesto que la intervención del Papa en el Bundestag fue en primer lugar teológica y de principio, en aquella ocasión no se ocupó de las exigencias concretas de la Iglesia alemana, aunque muchos se lo esperaban. Muy distinto fue su discurso en el Konzerthaus de Friburgo, que irritó a algunos. Allí se dirigió sobre todo a la Iglesia alemana. Invitó a concentrarse en lo esencial, más allá de todo razonamiento de carácter institucional. El concepto de “mundanización” podría ser malinterpretado, pero no son nuevos estos pensamientos de Benedicto XVI. Los había expresado ya a finales de los años sesenta. Expresan una visión de fondo, autocrítica sobre la Iglesia entera. Él la ha entendido en perspectiva histórica y llamaba la atención sobre el hecho de que el testimonio de la Iglesia sería más límpido si estuviera libre «de fardos materiales y políticos». Entonces podría dedicarse mejor a los valores cristianos en el mundo entero, estar verdaderamente abierta al mundo. La Iglesia sería mucho más creíble si se concentrara en su propio ámbito, en su mensaje central.
El Papa ha concebido todo esto, como él mismo dijo, no como una nueva táctica para conseguir mayor consideración para la Iglesia, sino como la voluntad de buscar la «plena sinceridad, que no censura nada de la verdad de nuestro hoy, sino que realiza la fe plenamente en el hoy».

Benedicto XVI al final de la misa celebrada en la catedral de Erfurt, el 24 de septiembre [© Osservatore Romano]

Benedicto XVI al final de la misa celebrada en la catedral de Erfurt, el 24 de septiembre [© Osservatore Romano]

Precisamente los alemanes, como había notado el arzobispo de Friburgo de Brisgovia, Robert Zollitsch, no deberían dejarse distraer, mediante sus celantes tareas de organización, estructuración y reformación, de esta búsqueda de Dios. Sin embargo, puesto que el Papa no ha dado otras indicaciones prácticas sobre el significado que da a esos “pesos mundanos”, es necesario mantener otros coloquios y discusiones sobre las consecuencias que sacar para promover la fe como el Papa ha indicado. Se verá en los próximos meses si hay que entenderlo como un rechazo del sistema alemán de la tasa para el culto y de la afirmada relación Estado-Iglesia, como algunos han interpretado yendo bastante lejos, o si su discurso no fue más bien un sentido llamamiento a volver a lo esencial y a sacar consecuencias.
Esta invitación a concentrarse en lo esencial del mensaje bíblico no solo iba dirigido a los católicos en Alemania, su mirada se dirigió también a Europa, ámbito en el que las condiciones de la convivencia entre Iglesia y Estado se han venido desarrollando durante los siglos de manera distinta. Sobre esto hay que recordar que el artículo 17 del Tratado de Lisboa garantiza a cada país europeo el mantenimiento de su tradicional relación entre Estado e Iglesia. Es decisivo mantener en pie el diálogo con las Iglesias e introducir en nuestra política los apremios que nos dirigió el Papa precisamente en Alemania. Se trata de la realización de los valores cristianos en la práctica política.
Y efectivamente Benedicto XVI ha promovido precisamente esto en sus homilías: la fe en Dios no debería ser algo solo privado, sino que tendría que manifestarse en la sociedad. Animó a los cristianos a comprometerse con fruto en la sociedad y ser levadura. Se trata de imprimir los valores cristianos en el discurso social, pero también de recibir las preocupaciones del hombre y apoyarlas. Esto dijo el Papa en su homilía de Friburgo, la ciudad de Cáritas. Aquí agradeció explícitamente a todos los que se ocupan del prójimo en las guarderías y las escuelas, pero también de los necesitados e incapacitados en las muchas instituciones sociales y caritativas de Alemania y el mundo. Este es un impulso muy importante precisamente para los políticos. La fe tiene consecuencias para nuestra vida social y en nuestra actuación pública. Por eso es necesario de ahora en adelante que los católicos se comprometan en política, en la economía y en la sociedad y también en servicios sociales de ayuda concreta.
En este sentido en Erfurt alabó el compromiso de los cristianos que basándose en la fe se opusieron al régimen totalitario de la DDR. Pese a circunstancias adversas, siguieron siendo fieles a Cristo. También ahora en la Alemania oriental se buscan nuevos caminos para promover la fe cristiana en un ambiente muy alejado de la fe y para hablar precisamente a quienes buscan orientación y respuestas a las preguntas últimas.
También el puente que Benedicto XVI ha tendido a los musulmanes en el encuentro de Berlín demuestra que el Pontífice se ofrece como “constructor de puentes” para la práctica pública de la religión. Dijo muy explícitamente que quisiera que también los musulmanes contribuyeran al bien común a partir de su religión, y que para ello a partir de su fe defendieran la causa de la convivencia pacífica en la sociedad. También aquí se refleja el reconocimiento de nuestro tipo de relación entre Estado y religión, que debe abrirse también a los musulmanes.
Precisamente porque para el Papa en este viaje se trató sobre todo de una profundización de la fe, el deseo de rápidos cambios concretos inevitablemente debía quedar sin atender. Y esto vale también para la cuestión del ecumenismo con la Iglesia evangélica en Alemania. Fue ya de por sí una señal importante, una etapa de alcance histórico, que el Papa se reuniera en el convento agustiniano de Erfurt con los representantes de la Iglesia evangélica. Es un lugar de gran valor simbólico para los protestantes alemanes. Allí vivió y actuó Martín Lutero. Por eso ya esto fue una señal de apertura. Con insistencia y con la mirada dirigida al futuro, el Papa citó a Lutero en su búsqueda de un Dios misericordioso. Aquí entrevió muchos puntos en común entre las confesiones con respecto al mundo secularizado: las grandes Iglesias han de ocuparse juntas de la exigencia de Dios y han de mantener despierta la exigencia de Dios en el mundo secularizado. A Benedicto le interesaban los fundamentos de la fe cristiana en respuesta a las preguntas existenciales “de dónde venimos” y “a dónde vamos”.
Benedicto XVI con Nikolaus Schneider, presidente del Consejo de la Iglesia evangélica en Alemania, en el convento de los agustininos, Erfurt, el 23 de septiembre [© Afp/Getty Images]

Benedicto XVI con Nikolaus Schneider, presidente del Consejo de la Iglesia evangélica en Alemania, en el convento de los agustininos, Erfurt, el 23 de septiembre [© Afp/Getty Images]

Sin embargo, muchos esperaban que el Papa diera un «paso inequívoco hacia la superación de la división entre las Iglesias», como dijo Norbert Lammert, presidente del Bundestag. En realidad –según las palabras del arzobispo Robert Zollitsch– hay que hacer referencia a la Conferencia Episcopal Alemana para traducir las reflexiones fundamentales del Papa y, junto con los representantes de la Iglesia evangélica en Alemania, encontrar vías para profundizar en el ecumenismo. Nikolaus Schneider, presidente del “Consejo de la Iglesia evangélica en Alemania”, ha hablado de un «ecumenismo de dones» y ha propuesto un camino para continuar el camino común. Hay que esperar que los problemas de los matrimonios y las familias formados por miembros de distintas confesiones cristianas con respecto a la vida de fe común, pero también las limitaciones para los divorciados que se vuelven a casar, puedan reconsiderarse tras la visita del Papa y que puedan darse pasos realistas de reconciliación.
Son muchas las cuestiones abiertas: es sin duda alguna demasiado pronto para hacer balances. Los resultados de los muchos e intensos encuentros con el Papa, los impulsos y los apremios serán elaborados en las discusiones y los debates de las próximas semanas y los próximos meses. Ahí se verá cómo podrá subsistir la Iglesia en Alemania en los tiempos presentes y cómo podrán los fieles ser testigos de su fe en su ambiente.
Para mí, como político y como católico, queda la invitación a reflexionar sobre los principios de mi política a la luz de las instancias que el Papa presentó en su visita. Benedicto XVI, con su mensaje no siempre fácil, no siempre cómodo, nos ha llevado a los alemanes a reflexionar. Le debemos profunda gratitud por sus palabras, por el ánimo a vivir la fe, por la visita a su tierra natal.



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