Entrevista a Bernardin Gantin
«Soy un misionero romano en mi país»
El decano emérito del Sagrado Colegio, tras una larga estancia en Roma, regresó hace dos años a Benin. Hoy habla de su África
por Gianni Cardinale

El cardenal Bernardin Gantin

El cardenal Bernardin Gantin
Y África necesita oraciones…
BERNARDIN GANTIN: Dolorosamente me doy cuenta cada vez más de que en África, en toda África, de este a oeste, de norte a sur, nos envuelven física y espiritualmente dificultades que nos atormentan, no tenemos paz. Guerra, violencia, odio, emigraciones forzosas, epidemias, pandemias, de las que la más conocida y mortífera es sin duda alguna el sida. Y luego la clase política y la burocracia, que no siempre son ejemplos de honestidad y de justicia. Todo lo contrario. Hay muchos problemas, que quizá ustedes conocen mejor que yo porque tienen la suerte de estar en el centro del mundo, de la universalidad, de la catolicidad.
Pero hay señales positivas…
GANTIN: Las hay, las hay, gracias a Dios. Le pongo un ejemplo. Acabo de participar en una misa celebrada en la parroquia más grande de Cotonou en sufragio de las víctimas del maremoto en Asia. Un cataclismo que no ha dejado indiferente a nadie. Aquí en Benin se han recaudado millones de francos locales para ayudar a las poblaciones afectadas por la desgracia. Es una gota en el océano de las necesidades, pero es también una demostración de cómo África, con su miseria, es sensible a la miseria de los demás.
¿Como ha encontrado África después de tantos años de ausencia?
GANTIN: He vivido fuera del continente durante 31 años. Durante este periodo África no se ha quedado inmóvil. Hay que ser justos y reconocer que han mejorado las condiciones medias de vida. Esto hay que reconocerlo. Por ello damos gracias al Señor. Desde el punto de vista moral, sin embargo, la situación es la que he dicho, con todas las miserias que nos rodean. Todo se ha agrandado. También el mal.
¿Y la Iglesia?
GANTIN: La Iglesia crece, a pesar de la poquedad de los medios. Pero esto a mayor gloria de Dios. Porque la Iglesia es suya, no nuestra. En Benin tenemos dos seminarios y en cada uno hay más de doscientos seminaristas mayores. Cada año son consagrados unos cincuenta sacerdotes. Y esto es muy bello, es realmente bello. Significa que el Señor nos quiere. Una preocupación es que estos jóvenes reciban una buena formación, que sean sensibilizados y acompañados sabiamente para que puedan afrontar positivamente las dificultades del hoy y del mañana.
Algunos afirman que –también en África– uno de los mayores retos con los que la Iglesia debe enfrentarse es el del islam…
GANTIN: El islam es lo que ha sido siempre. A veces muestra su rostro fraterno y entonces las cosas marchan bien. A veces, el de la desconfianza, y entonces surgen los problemas. De todos modos, he de decir que en Benin las relaciones son buenas. Aunque hay países islámicos que invierten aquí sus riquezas para hacer proselitismo. Lo digo sin amargura, pero lo digo para que podamos trabajar con los hermanos musulmanes por el bien de las mismas personas, de los hombres y de las mujeres de nuestra tierra. Son ellos los que sufren nuestros posibles conflictos.

Distribución de ayudas alimentarias en Sekota, Etiopía

Distribución de ayudas alimentarias en Sekota, Etiopía
GANTIN: La Iglesia católica hace todo lo que puede. Los obispos, los sacerdotes, los religiosos y las religiosas, los misioneros, con la ayuda de Dios trabajan muchísimo, arriesgando incluso sus vidas. Sin duda han sabido de la reciente matanza, estúpida y feroz, de religiosas en Chad, que puede ser la imagen triste de la realidad y de los peligros de la Iglesia en África. Pero la Iglesia no se desanima, aunque se vea rodeada por muchas sectas y movimientos que quieren ocupar su lugar.
¿Qué diferencia hay entre los misioneros que conoció usted en su juventud y los de hoy?
GANTIN: La diferencia reside en que por desgracia su número se ha reducido mucho. El motivo es sabido: la disminución de las vocaciones en las Iglesias de Europa y Norteamérica, que enviaban sus obreros apostólicos a África. Pero los que quedan, sobre todo las religiosas, trabajan con ahínco en todos los campos, desde el de la salud al de la educación. Lo hacen con una entrega total. Y merecen toda nuestra más profunda gratitud.
¿Cómo pueden ayudar a su continente los políticos y gobernantes de los países ricos?

Niños en una misión comboniana en Rungu, República Democrática del Congo

Niños en una misión comboniana en Rungu, República Democrática del Congo
¿Está diciendo usted que el que quiera ayudar efectivamente a África es mejor que se ponga en contacto con las Iglesias y no con los Estados u otras entidades?
GANTIN: Para mí es el camino más directo y más seguro. No pongo en duda la buena voluntad de otras personas o de otros organismos incluso de voluntariado, pero creo que el camino más eficaz es el de las Iglesias. Y esto porque en este caso es más fácil controlar y verificar que las ayudas lleguen a los destinatarios establecidos en vez de engordar el odioso mecanismo de la corrupción, tan difundido, por desgracia, en nuestro continente.
Un saludo a nuestros lectores, eminencia…
GANTIN: Le agradezco de nuevo a 30Días esta oportunidad que me ha brindado. Mi salud tiene altibajos. Estoy en las manos de Dios. Pero el Papa, continuando hasta el final su misión nos sirve de ejemplo. Y esto me ayuda a ser un humilde testigo de la bondad del Señor. Materialmente ya no tengo nada. ¡Mejor! Esta pobreza material me ayuda a vivir mejor la pobreza espiritual.