SRI LANKA. Entrevista al arzobispo de Colombo
Después de la tempestad
Oswald Gomis, arzobispo de Colombo, cuenta cómo su país, entre los más afectados por el tsunami, está tratando de volver a levantarse. El problema de los que se han quedado sin casa, de los huérfanos y de las herramientas para poder volver a trabajar. Como telón de fondo, la colaboración positiva entre el gobierno y los tamiles frente al desastre y la que se ha podido establecer entre las distintas religiones, colaboración puesta en peligro por grupos fundamentalistas cristianos
por Paolo Mattei

El arzobispo de Colombo Oswald Gomis
Monseñor Gomis, aunque no confirma que previera el regreso de la estatua de María, cuando alude a este episodio habla de él como de una pequeña señal que ha vuelto a encender la esperanza en el corazón de los fieles católicos de Sri Lanka que han vivido la tragedia del tsunami.
Oswald Gomis, nacido en Dalugama el 12 de diciembre de hace 73 años, es arzobispo de Colombo desde 2002. Situada en la parte sur-occidental de la antigua Ceilán, la archidiócesis de Colombo está poblada por más de 5 millones de personas, la mayor parte budistas. Los católicos representan alrededor del 12% de la población.
Excelencia, ¿dónde estaba cuando la onda anómala devastó las costas de su país?
OSWALD GOMIS: La mañana del 26 de diciembre estaba celebrando la misa de Navidad con los trabajadores de Puttalam, a tres horas de viaje al norte de Colombo. Apenas supe lo que había sucedido, corrí al sur de la diócesis. Estuve en Paiyagala, a cuarenta kilómetros al sur de Colombo, donde habían sido destruidas cinco iglesias y los supervivientes estaban alojados en un templo budista. Al día siguiente visité las regiones del norte de la diócesis afectadas por la calamidad. Luego me dirigí a Negombo, el 28 de diciembre estuve en Trincomalee, en la costa oriental; el 29 en Galle, en la costa meridional, una de las zonas más devastadas por el tsunami, luego fui a Matara... Visité todos los campamentos del área y di ayuda financiera donde fue necesario.
¿Actualmente, en qué condiciones se encuentran los supervivientes?
GOMIS: Varían, según las zonas del país. Los que están en la zona meridional de la Provincia occidental han regresado en su mayor parte a sus casas o viven en casas provisionales con la esperanza de construirse la suya propia apenas tengan los recursos para hacerlo. Las casas que se mantuvieron en pie han sido, dentro de lo posible, limpiadas y puestas en condiciones de ser habitadas. Las personas que siguen en los campamentos son relativamente pocas. Sus necesidades urgentes han sido satisfechas: en estas semanas han recibido comida y refugio y se les animó a regresar a sus lugares de procedencia para volver a empezar poco a poco a vivir. Muchos de ellos, siendo pescadores, necesitan lanchas y herramientas de pesca para poder volver a trabajar y ganarse el sustento.
¿Cuál es la situación en el sur y en el este de Sri Lanka?
GOMIS: En el sur la devastación ha sido peor que en la Provincia occidental. También aquí los campamentos se han ido vaciando gradualmente. Algunas organizaciones no gubernamentales han empezado a reconstruir las casas. El gobierno ha iniciado un programa de desarrollo para reconstruir y ubicar en otras zonas algunas ciudades y carreteras totalmente destruidas. Las zonas del este son las que más han sufrido. La pérdida de vidas ha sido muy alta. Se han constituido 58 centros de asistencia en los que se han atendido a 78.728 personas. Y esto sin incluir el distrito de Amparai, la zona mayormente afectada de la Provincia oriental. Batticaloa y Trincomalee, Kattankudy, Kallady Dutch Bar y Panchankermi han sufrido duramente. Sólo en Batticaloa vivían 23 mil pescadores. Casi todos los supervivientes han perdido el trabajo.
En la Provincia oriental, ¿cuántas son actualmente las personas que viven en los campos de refugiados?
GOMIS: Por lo menos 65.000. No tienen una casa a la que volver. La Iglesia y las Organizaciones No Gubernamentales les han conseguido refugios provisionales, pero esto no es suficiente. Se llegó a estas áreas con retraso, debido a la carencia de vías de comunicación y medios de transporte. En este momento lo más urgente es reconstruir las carreteras y los puentes, casi todos destruidos. Debe tener en cuenta que la extensión de la costa oriental es de unos 300 kilómetros.
¿Cuál ha sido la labor de la Iglesia para ayudar a las víctimas y cuáles son las iniciativas que se siguen llevando a cabo?
GOMIS: De las 11 diócesis de Sri Lanka, las afectadas por el tsunami son Colombo, Galle, Jaffna y Trincomalee-Batticaloa. Los sacerdotes, los religiosos y fieles laicos inmediatamente se pusieron a trabajar para ayudar a los desplazados con víveres y refugios. Han hecho todo lo posible en la tarea de buscar a los desaparecidos y enterrar a los muertos. Mucha gente, al principio, se refugió en las iglesias y templos budistas que no habían sido afectados por el tsunami. Los parroquianos de las áreas acudieron inmediatamente, llevando comida y ropa para los necesitados. Inmediatamente después de esta respuesta inicial, las unidades de la Caritas de cada una de las diócesis empezaron a organizar la asistencia y los campamentos. En nuestra diócesis estamos llevando a cabo un programa para ayudar a las víctimas de nuestra zona.
De las once diócesis de Sri Lanka, las afectadas por el tsunami son Colombo, Galle, Jaffna y Trincomalee Batticaloa.
Los sacerdotes, los religiosos y fieles laicos inmediatamente se pusieron a trabajar para ayudar a los desplazados con víveres y refugios. Han hecho todo lo posible en la tarea de buscar
a los desaparecidos y enterrar a los muertos
¿Cómo se está desarrollando este
programa?GOMIS: Ha sido organizado en tres fases. La primera –en gran parte ya completada- consistió en evacuar a los supervivientes de las cercanías de la costa, socorrer a las víctimas con víveres y ropas, preparar los campamentos y enterrar a los muertos. Durante la segunda fase se procuró dar un refugio temporal a los supervivientes. Algunos jóvenes procedentes de las parroquias vecinas trabajaron quitando escombros. Así que muchos refugiados han regresado a sus lugares de origen y ahora están viviendo en sus propias casas, en refugios temporales o en casa de amigos. Se les ha proporcionado ropa, lencería y utensilios para preparar las comidas. La tercera fase, en plena actividad, es la crucial. Es necesario reconstruir las casas y las escuelas destruidas, dotar a los pescadores de lanchas y herramientas para la pesca y conseguir otros instrumentos de trabajo a quienes han perdido todo medio de subsistencia. Para llevar esto a cabo la archidiócesis ha creado un comité de acción constituido por nueve sacerdotes. Estos sacerdotes están organizando las operaciones de auxilio junto con el director de “Seth Sarana”, el brazo de acción social de la Caritas diocesana. El comité será responsable de toda la operación, bajo la supervisión del arzobispo. Han sido designados dos revisores que se ocuparán de controlar los fondos.
¿Qué se está haciendo en las otras diócesis?
GOMIS: En primer lugar, hemos inaugurado un fondo de auxilio, el «Archbishop’s Tidal Wave Relief Fund», para ayudar a todos los ciudadanos de Sri Lanka víctimas del tsunami. A través de este fondo ya hemos encaminado las donaciones hacia las otras diócesis afectadas.
Las áreas mayormente afectadas en la provincia septentrional son Point Pedro, Mullativu e Pallai. El obispo de Jaffna, Thomas Savundaranayagam, está trabajando con sus sacerdotes, la agencia diocesana Hudec (Human Development Centre, ndr) y la Caritas. Un gran número de personas sigue aún sin casa y, por lo tanto, sigue viviendo en los campamentos. En efecto, el problema mayor es la construcción de las casas. Dado que la mayor parte de la población son pescadores que viven en la playa, se plantea el problema de encontrarles un alojamiento a lo largo de la costa, pero a una distancia prudente del mar, al menos 200 metros. Ahora bien, la carencia de espacio edificable está causando muchos problemas. No obstante, la Iglesia va a empezar un programa de reorganización de la vivienda y suministro de herramientas de pesca.
Respecto a la larga costa oriental, la más duramente afectada, el obispo de Trincomalee-Batticaloa, Joseph Kingsley Swampillai, y sus sacerdotes están haciendo un trabajo notable dentro de sus posibilidades. Como recordaba al principio, el transporte es uno de sus problemas más grandes y aún no han logrado llegar a muchas zonas. El Hudec, en colaboración con la autoridad diocesana, está proporcionando víveres y ropa a los refugiados en los campos.
En la diócesis meridional de Galle, administrada pro tempore por el padre Terence Liyanage, un grupo de sacerdotes está trabajando muy duramente para coordinar el suministro de víveres indispensables y otros artículos de primera necesidad a los refugiados. En esta área, como en todo Sri Lanka, la mayoría de la población es budista y los operadores católicos se están coordinando muy provechosamente con los líderes no católicos. Aquí, una de las principales preocupaciones de la Iglesia es la reconstrucción de la única escuela católica de la diócesis, que quedó totalmente destruida.
Los supervivientes también han sufrido graves traumas psicológicos...
GOMIS: Sí. Hemos recurrido a dos asesores para ayudar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento psicológico y, además, hemos instituido dos cursos para preparar a nuevos asistentes. Este asunto preocupa mucho, especialmente cuando se trata de niños pequeños que han perdido a sus padres y parientes. Tienen mucha necesidad de que alguien los consuele y conforte para poder superar el trauma.
¿Cuáles son las necesidades más urgentes que la Iglesia de su país debe afrontar?
GOMIS: La reconstrucción de las casas, suministrar muebles, enseres, así como lanchas y herramientas de pesca. Nos gustaría –pero sé que es difícil- que estos bienes se adquirieran en Sri Lanka, porque se ahorraría en los costes de transporte, se generaría trabajo y se daría un impulso a la postrada economía de la nación.
Hay bastantes iglesias deterioradas y muchas completamente destruidas. En la archidiócesis de Colombo cuatro resultaron dañadas muy gravemente; en Jaffna 24 iglesias sufrieron un serio deterioro y dos se han tenido que derribar. Dado que los fieles católicos dependen mucho de sus comunidades parroquiales para el sustento espiritual, la reparación inmediata de las iglesias les ayudaría a superar el trauma psicológico en el que se hallan actualmente.
En Europa ha habido una polémica sobre las donaciones financieras y la transparencia de su utilización. Por este motivo, el Gobierno italiano ha instituido una comisión de garantes.
GOMIS: La población, las agencias de financiación y los países donantes vigilan muy atentamente el uso que nuestro gobierno hará de los fondos. Por lo tanto, es legítimo esperar que sean usados correctamente. El «Archbishop’s Tidal Wave Relief Fund» está administrado por un grupo de sacerdotes y dos contables han sido designados para presentar los informes de certificación contable. Por consiguiente, los riesgos de apropiación ilícita son mínimos. Nuestra Conferencia Episcopal también ha nombrado a dos obispos, Harold Perera y Kingsley Swampillai, para que ayuden al obispo responsable de la Caritas de Sri Lanka, Raymond Peiris, en la gestión de las operaciones de auxilio. Trabajarán con dos contables-asesores. De todas maneras, nosotros recomendamos con gran fuerza que todos los fondos procedentes del exterior se encomienden al «Archbishop’s Tidal Wave Relief Fund» o a la Caritas nacional a través de las agencias de la misma Caritas en los países de procedencia.

La estatua de Nuestra Señora de Matara
GOMIS: Se ha establecido una excelente colaboración entre los tamiles y los cingaleses; también entre las fuerzas armadas de Sri Lanka y los mismos tamiles. Esto se puso en evidencia inmediatamente después del flagelo del tsunami y ha sido reconocido incluso por la población tamil. Muchas vidas se salvaron gracias a esta colaboración. En el norte, donde la situación política constituye un problema complejo, la Iglesia se ha coordinado muy bien con la LTTE (“Liberation Tigers of Tamil Eleam”, los llamados “Tigres tamiles”, de religión induista, ndr) y con las agencias gubernamentales. En general, existe un fuerte deseo de paz en la población. Muchos creen que este desastre natural ha demostrado que todos los hombres son iguales. Esta es una buena señal y una esperanza para el futuro.
Antes aludió a los traumas que han sufrido los niños. ¿Han sufrido también abusos?
GOMIS: Ha habido algunos abusos, como desgraciadamente sucede a menudo en circunstancias similares. Pero el gobierno ha adoptado medidas rígidas con el fin de controlar estos fenómenos. Contrariamente a cuanto se podía presumir, no hay muchos niños en los orfanatos, porque el programa del gobierno prevé que crezcan en el seno de familias ampliadas, bajo una estricta supervisión.
¿Nos puede explicar cuáles son las relaciones entre católicos y miembros de otras religiones en Sri Lanka?
GOMIS: Las relaciones habían mejorado gradualmente y eran muy cordiales hasta que, hace cerca de diez años, hicieron su aparición grupos de cristianos fundamentalistas. Su presencia empezó a crear discordia y desunión. También el Movimiento ecuménico, que había logrado progresos dignos de alabanza, se estropeó debido a este fenómeno. La comunidad budista y los induistas protestaron durante mucho tiempo contra los intentos de “conversión inmoral” que llevaban a cabo esos grupos fundamentalistas. La discordia llegó a su punto de máxima tensión durante la Navidad del 2003, con la muerte del reverendo Soma, un monje budista muy popular. Algunos budistas afirmaron que se había tratado de un asesinato, del que culparon a los cristianos. Con las elecciones a la puerta, este hecho se convirtió en una cuestión política y un nuevo partido de monjes budistas, que tiene ochos miembros en el Parlamento, influyó grandemente en la opinión pública con su propaganda extremista. Los budistas no distinguen fácilmente entre católicos y otros grupos de cristianos y el hecho de que los católicos sean la más grande de las comunidades cristianas los ha llevado a pensar que todos aquellos que expongan el símbolo de la cruz y hablen de Cristo son católicos. De este modo, los delitos cometidos por los fundamentalistas cristianos se han atribuido a toda la comunidad cristiana. Esta tensión ha empezado a bajar gracias a la gran tolerancia y a la actitud pacífica de la comunidad católica. Después del desastre las personas han empezado a considerarse recíprocamente sólo como seres humanos, sin ninguna distinción de casta, credo o raza. Nosotros, como ya he dicho, pensamos que esto es de buen augurio para el futuro. En efecto, muchos líderes religiosos han hecho un llamamiento al pueblo para que olvide las diferencias y trabaje en la reconstrucción del país. Sin embargo, muchos cristianos fundamentalistas han sido acusados de querer aprovechar la situación para influir en la gente y los budistas vigilan con atención el asunto. Un periódico nacional, el 23 de enero pasado, publicó un artículo a toda página, con algunas fotografías y la lista de las organizaciones fundamentalistas, bajo el título: Mix of tsunami aid and preaching stirs concern (“La mezcla de ayudas y sermones despierta preocupación”). El artículo afirma: «Una docena de americanos entraron en un campo de refugiados, llenando de regalos, atención y afecto a padres desesperados y niños traumatizados. Silenciosamente, también ofrecían a los residentes del campo algo más: Jesús». En nuestra opinión, este tipo de actividades mancha profundamente nuestros esfuerzos por ayudar a la gente afectada por el desastre con caridad y sinceridad genuinas.El Señor ha dicho: «Que vean nuestras buenas obras y rindan gloria al Señor». Instrumentalizar el sufrimiento no es cristianismo.
En el Parlamento se discute la ley contra las “conversiones forzadas”. ¿Usted qué piensa?

Una religiosa entre las ruinas de la iglesia de Mullaitivu
Una última pregunta, excelencia. ¿Nos puede contar brevemente la historia de la estatua de la Virgen con el Niño de Matara?
GOMIS: La pequeña estatua de Nuestra Señora de Matara es una estatua milagrosa muy venerada y muy antigua. Mide no más de cincuenta centímetros. Algunos dicen que es del siglo XVI y, parece, que ya tres veces se ha perdido en el mar, pero luego ha regresado a tierra. Se encuentra en el Santuario de Nuestra Señora de las Victorias, adonde cada primer domingo de setiembre llegan miles de católicos en peregrinación. El santuario –cuyo presbiterio, entre otras cosas, tendrá que ser demolido porque el tsunami lo ha inclinado peligrosamente hacia adelante– se encuentra justo frente al mar. La primera ola, de un metro y veinte centímetros de altura, golpeó la playa durante la distribución de la comunión. Cuando la ola se retiró, se llevó consigo la estatua. Algunos fieles la vieron salir delicadamente de la custodia de vidrio en la que se conservaba, casi como si la Señora se fuese por su propia voluntad. Luego se alejó, flotando en el mar. Los coristas del santuario vieron esto y lo testimonian. Tres días después, un ciudadano esrilanqués de religión budista la encontró en su jardín y se la entregó al administrador del santuario. Creo que puedo decir que la Señora se alejó por poco tiempo, tal vez el tiempo necesario para estar cerca de los desdichados que se perdieron en el mar. Ahora ha regresado a nosotros. Ha regresado para darnos esperanza en este momento de sufrimiento.