«Cuánta dulzura supo llevar Jesús a quien se le acercaba»
Pequeña antología de los escritos del misionero francés

El padre Charles de Foucauld con su amigo tuáreg
AQUELLO QUE NO ES ÉL
«Mi vocación religiosa data de la misma hora que mi fe: ¡Dios es tan grande! ¡Es tal la diferencia entre Dios y todo aquello que no es Él!…».
(Carta a Henry de Castries, 14 de agosto de 1901)
Quibus auxiliis?
«Mediante tu gracia, ¡y qué gracia! Con tu misericordia, ¡una infinidad de misericordias!… Gracias a la intercesión de la santa Virgen, de san José, de santa Magdalena, de san Juan Bautista, de mi ángel custodio, de todos los santos y todas las santas, de muchas personas que me quieren y que ya no están en esta tierra; […] con la ayuda de san Pablo y de san Antonio, cuya memoria celebramos estos días».
(Apunte del 15 de enero de 1895)
JESÚS DERRAMARÁ GRACIAS ABUNDANTES Y ELLOS
COMPRENDERÁN
«Los indígenas nos reciben bien; no son sinceros: ceden a la necesidad. ¿Cuánto tiempo será necesario para que adquieran esos sentimientos que ahora fingen? Quizás no ocurra nunca… ¿sabrán distinguir a los soldados de los curas y ver en nosotros a siervos de Dios, ministros de paz y de caridad, hermanos universales? No lo sé. Si yo hago mi deber, Jesús derramará gracias abundantes y ellos comprenderán.
(Carta a madame De Bondy, desde el sur de Beni Abbès, 3 de julio de 1904)
FUENTE Y BÁLSAMO DE CONSUELO
«Esforcémonos para tener en nuestra caridad una delicadeza infinita; no nos limitemos a los grandes servicios, mas cultivemos esa tierna delicadeza capaz de curar los detalles y que con gestos sin importancia sabe verter tanto bálsamo en los corazones. “Dadles de comer”, dice Jesús. Del mismo modo entramos, también con aquellos que viven a nuestro lado, en los pequeños detalles de su salud, de su consuelo, de sus oraciones, de sus necesidades: consolamos, llevamos alivio con las atenciones más pequeñas; para aquellos que Dios nos pone al lado esforcémonos en tener esas tiernas, delicadas, pequeñas atenciones que tendrían entre ellos dos hermanos llenos de delicadeza, y las madres llenas de ternura por sus hijos, con el fin de consolar, en lo posible, a todos los que nos rodean y ser para ellos fuente y bálsamo de consuelo, como lo fue siempre nuestro Señor para todos aquellos que se acercaban a él: para la santa Virgen y san José, pero también para los apóstoles, la Magdalena y todos los demás… Cuánto consuelo, cuánta dulzura supo llevar a todos aquellos que se le acercaban».
(de La bonté de Dieu)
LA ORACIÓN
«No trates de organizar, de preparar la fundación de los pequeños Hermanos del Sagrado Corazón de Jesús; solo, vive como si te tuvieras que quedar para siempre solo. Si sois dos, tres, un pequeño grupo, vivid como si nunca llegarais a ser más numerosos. Reza como Jesús, cuánto Jesús, reservando como él un lugar siempre muy grande a la oración… Siempre a su imagen, deja mucho espacio al trabajo manual, que no es un tiempo substraído a la oración, sino regalado a la oración; el tiempo de tu trabajo manual es un tiempo de oración. Reza fielmente todos los días el breviario y el rosario. Ama a Jesús con todo tu corazón (dilexit multu,), y a tu prójimo como a ti mismo por amor de él… Tu vida de Nazaret puede hacerse en cualquier parte, vívela en el lugar más útil para el prójimo»
(Meditación del 22 de julio de 1905)
LA DEBILIDAD DE LOS MEDIOS HUMANOS
ES CAUSA DE FUERZA
«Estas son nuestras armas, las de nuestro Esposo divino que nos pide que dejemos seguir viviendo en nosotros su vida, él, el único Amante… la única Verdad… No encontraremos nada mejor que él, no envejece… Sigamos este modelo único y estaremos seguros de que haremos mucho bien, porque de este modo no seremos nosotros los que vivimos, sino que será él quien vive en nosotros; nuestras acciones no nos pertenecerán a nosotros, humanos y miserables, sino a él, y serán por eso divinamente eficaces»
(Carta al padre Charles Guérin, 15 de enero de 1908)
LOS POBRES
«Queramos a los ricos, porque son hijos de Dios; pero no nos ocupemos de ellos pues no lo necesitan; ocupémonos de los pobres, porque lo necesitan todo y porque Jesús nos los ha dejado no como hermanos, sino como Él mismo al que hay que cuidar, nutrir, vestir, consolar, santificar, salvar, en fin, amar. Ellos son “sus hermanos”, son la familia que él ha adoptado; la que nos deja a nosotros».
(Meditación sobre el Salmo 81)
LE TOCA A ÉL LLAMARNOS
«Dios nos dará siempre lo necesario para cumplir la misión que le agrade darnos… Nos lo dará sobrenaturalmente, sin ninguna preparación por nuestra parte, si eso le agrada, como hizo con sus grandes apóstoles Pedro y Pablo […]. O nos lo dará haciéndonos cooperar a su gracia con nuestro trabajo, y entonces nos dirá él mismo de qué modo debemos realizar estos trabajos preparatorios… Le toca a él llamarnos cuando quiera que nos dediquemos a ellos»
(Meditaciones sobre los Santos Evangelios, 234)
TÚ DAS LA SALUD A LAS ALMAS POR PURA COMPASIÓN
«Tú das la salud a las almas, incluso cuando ellas no te lo piden, oh Dios mío, por pura compasión, por puro amor hacia la obra de tus manos, hacia tus ovejas, ¡oh buen Pastor! ¡Esperamos! Tú esperas sólo que la oveja perdida, atacada por el lobo y ya casi muerta bajo sus dientes, te llame pidiendo ayuda; desde lejos la ves siempre y siempre le das, hasta el último momento, todo lo que es necesario para escapar del enemigo. Esperamos»
(Meditaciones sobre los pasajes de los Santos Evangelios relativos a las quince virtudes, 106ª)
UN RAYO QUE ILUMINA POR UN INSTANTE
LA NOCHE DE LA TIERRA
Tú podías, Dios mío, guiar a José con otros medios distintos de las apariciones: la impresión es que lo haces con el fin de dejarnos claro, desde las primeras páginas del Evangelio, esta verdad de la esperanza que hay que tener en tu gracia (que tú nos das para llevarnos a la gloria), que nos muestras así, ya al principio del Nuevo Testamento, estos ángeles, estas estrellas que se levantan a tu llamada para guiar a los hombres… Es como un rayo que ilumina por un instante la noche de la tierra y en ella hacer ver, a nuestros ojos estupefactos, cuál es el modo de dirigir las almas»
(Meditaciones sobre los pasajes de los Santos Evangelios relativos a las quince virtudes, 8ª)