El primer encuentro en el ex Santo Oficio
El salesiano Angelo Amato, secretario de la Congregación para la doctrina de la fe, cuenta cómo el dicasterio obsequió a su Papa. Y saluda al nuevo prefecto,el arzobispo William Joseph Levada
por Gianni Cardinale

Monseñor Angelo Amato recibe a Benedicto XVI en visita al ex Santo Oficio, el 20 de abril de 2005
Al final de la mañana del miércoles 20 de abril, día siguiente a su elección, el papa Benedicto XVI volvió al Palacio del Santo Oficio, a las oficinas que lo habían visto trabajar como cardenal. De esta visita, que podemos definir como la primera del nuevo Papa a un dicasterio vaticano, 30Días ha hablado con el arzobispo Angelo Amato, salesiano, desde diciembre de 2002 secretario de la Congregación para la doctrina de la fe y, por tanto, estrecho colaborador del entonces cardenal Ratzinger.
El arzobispo Amato, por obvios motivos, ha sido el primer eclesiástico que el nuevo Papa ha recibido en audiencia privada, el pasado 25 de abril. «Hay una montaña de trabajo atrasado», dice el arzobispo, «pero antes de comenzar me dijo el Papa: “Charlemos un poco de modo que los fotógrafos puedan hacer bien su trabajo…”». El secretario del ex Santo Oficio fue recibido en audiencia otras dos veces el 29 de abril y el 6 de mayo. Además, se encontró con el Papa otro par de veces en el edificio que se asoma a la plaza de la Ciudad Leonina. «Cuando el Papa volvió a su antiguo apartamento» dice, «me crucé con él, pues yo también vivo ahí. He de decir que durante esos días a nosotros, los antiguos vecinos, nos ha alegrado la vida la muchedumbre que esperaba horas y horas para saludar al nuevo Papa, que ha sido acogido con simpatía y cariño».
Excelencia, ¿se esperaban ustedes que el 20 de abril Benedicto XVI visitara sus oficinas?
ANGELO AMATO: No, fue una sorpresa muy grande. Para esa mañana teníamos en programa una misa de acción de gracias, pero por la mañana temprano recibimos una llamada telefónica de su secretario particular, monseñor Georg Gänswein, que nos comunicaba que al final de la mañana el Santo Padre vendría a hacernos una visita. La noticia nos llenó de alegría y en seguida nos pusimos a organizar el encuentro para que todos estuvieran presentes y el recibimiento al nuevo Papa saliera lo mejor posible. Lo primero que hicimos fue pensar en el regalo.
¿Qué decidieron regalarle?
AMATO: El sábado anterior, 16 de abril, había sido su cumpleaños y en la Congregación le habíamos escrito unas palabras de felicitación y le habíamos regalado una composición floreal de bellísimas orquídeas. Yo además me permití acompañar el clásico ad multos annos con la cita de un antiguo apócrifo de san José, en el que se afirma que el padre putativo de Jesús vivió más de cien años. El entonces cardenal lo apreció mucho y me pidió el texto de dicho apócrifo que él no conocía.
Así que esta vez nada de flores.
AMATO: No habría sido muy original… Así que pensamos en un dulce. Mandamos a comprar una tarta con nata y crema chantilly.
Imaginamos que serían muchos los que quisieron participar en este encuentro tan importante e inesperado.
AMATO: Sí, la voz corrió de manera sorprendente. Y muchos comenzaron a llamar preguntando si podían participar en el recibimiento. Naturalmente se acogieron las peticiones del cardenal Tarcisio Bertone, del padre Gianfranco Girotti, de los arzobispos Luigi De Magistris y Jozef Zlatnansky, que en el pasado habían trabajado en nuestra Congregación. También quisieron venir todos los inquilinos del Palacio del Santo Oficio, pero por desgracia no había sitio suficiente.
Y el Papa no fue solo.
AMATO: Además de monseñor Gänswein, acompañaban al Papa el cardenal secretario de Estado, Angelo Sodano, el substituto Leonardo Sandri, el secretario de las Relaciones con los Estados, Giovanni Lajolo, el prefecto de la Casa pontificia, James Michael Harvey y el regente, monseñor Paolo De Nicolò. Las pocas sillas que habíamos preparado no fueron suficientes y muchos se quedaron de pie.
¿Cómo recibieron a Benedicto XVI?
AMATO: No es un secreto que al Papa le gusta la música. Por su cumpleaños habíamos inaugurado la actividad de nuestro coro –que hemos bautizado “Piano” en honor de san Pío V– dedicándole al cardenal Ratzinger un bellísimo Ave María del grande Wolfgang Amadeus Mozart, un canto de varias voces con una serie de fugas muy interesantes. Por desgracia en cuatro días no hemos podido ampliar nuestro repertorio, por lo que también a Benedicto XVI le hemos cantado el Ave María del compositor austriaco…
Luego tomó usted la palabra…
AMATO: Sí, pronuncié un breve discurso de bienvenida ampliamente citado por el excelente Giampaolo Mattei en L’Osservatore Romano del día siguiente. Comencé con un saludo que me parecía más que apropiado: Benedictus qui venit in nomine Domini. Continué expresando toda nuestra alegría. Y luego me permití decir que su elección había desmentido el dicho de que quien entre papa en cónclave sale cardenal… En fin, después de haber aludido a la larga serie de papas con este nombre y también a los muchos siglos que han pasado desde el último papa alemán, le pregunté por qué había elegido el nombre Benedicto, ya que hasta entonces no lo había explicado aún públicamente.
¿Qué le dijo el Papa?
AMATO: Recordó la figura de Benedicto XV que hizo mucho por la paz externa, en el mundo ensangrentado por la guerra mundial, y por la paz interna, en la Iglesia, que había vivido la crisis modernista. Y luego añadió que estaba muy contento de que esta fuera su primera visita como Papa. Me acordé entonces que en la visita del cumpleaños, el 16 de abril, nos había confesado que esperaba que el nuevo Papa le concediera la posibilidad de seguir en su cargo unos meses más, justo el tiempo para poner tranquilamente los asuntos en manos de su sucesor. El Señor ha dispuesto de otro modo…
Llegó entonces el momento de la tarta…
AMATO: Nos lo recordó el cardenal Sodano. Tomé la tarta y se la entregué al Papa. Varios periódicos han publicado la foto. Pero, en mi opinión, el momento más emocionante vino después.
¿Cuándo?
AMATO: El Papa estaba dejando el Palacio. Estábamos en el ascensor. El cardenal Sodano preguntó: «¿Cuántos sois, unos veinte?». «Casi cuarenta», respondí. Entonces intervino el Papa y añadió: «Es una buena familia». Me conmoví. Es verdad que en la Congregación para la doctrina de la fe se sentía realmente en familia. Nosotros no veíamos en él solamente al gran intelectual, al teólogo famoso, al pastor sabio, sino también a un paterfamilias, el padre de esta familia al que todos podían recurrir en cualquier momento. Un padre que tenía, que tiene, gran respeto y gran delicadeza. Y esto se ve también en un detalle que me gustaría contar.

Benedicto XVI con sus antiguos colaboradores de la Congregación para la doctrina de la fe
AMATO: Cuando muere el papa, todos los jefes de dicasterio cesan en el cargo en espera de las decisiones del nuevo pontífice. Pues bien, la mañana antes de la reunión general de los cardenales para la preparación del cónclave, llegué a la Congregación y me di cuenta de que el cardenal Ratzinger estaba en la antesala de su despacho. Entonces fui a saludarle, y él con una humildad admirable me pidió permiso para entrar en su despacho. Durante los días siguientes traté de estar presente en la entrada, de modo que no tuviera que volver a pedirme permiso para entrar en los locales de la Congregación…
Excelencia, con la elección del nuevo Papa su Congregación no ha perdido sólo al prefecto…
AMATO: Así es. Con él hemos perdido también a un colaborador capaz como monseñor Gänswein y temo –por así decir– que también nuestra excelente colaboradora Birgit Wansing, que ha trabajado durante muchos años en la secretaría particular del cardenal Ratzinger, esté destinada a cambiar de Palacio…
Excelencia, mientras tanto el 13 de mayo fue anunciado el nombramiento del nuevo prefecto, el arzobispo de San Francisco William Joseph Levada…
AMATO: En la Congregación hemos recibido con alegría esta decisión del papa Benedicto XVI. El arzobispo Levada conoce bien nuestro dicasterio por ser miembro y porque trabajó como oficial durante seis años. Conoce bien Italia, pues estudió en Roma. Además de ser un hombre de gran competencia teológica, posee también una experiencia administrativa y pastoral notable, visto que es obispo desde hace más de veinte años. Lo conozco bien, es de casa.