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ORTODOXOS
Sacado del n. 09 - 2005

El símbolo niceno-constantinopolitano y el Concilio de Efeso



por Gianni Valente


Primer Concilio ecuménico de Nicea, icono de finales del siglo XV-principios del XVI, Colección Ambrovéneto, Vicenza

Primer Concilio ecuménico de Nicea, icono de finales del siglo XV-principios del XVI, Colección Ambrovéneto, Vicenza

La prohibición de modificar el Símbolo de fe niceno-constantinopolitano (a que se refiere Filarete en la entrevista) había sido ya sancionada por el primer canon del Concilio de Constantinopla (361) y fue confirmada con fuerza en el Concilio de Efeso (431). El canon 7 del Concilio efesino plantea en toda su extensión la profesión de fe niceno-constantinopolitana, definiéndola «pía y adecuada a toda la ecumene». Pero dado que «algunos, aun fingiendo profesarla y acatarla, interpretan mal su verdadero sentido según su modo de ver y alteran su verdad, siendo hijos del error y de la perdición», el canon ofrece un florilegio de citas «de santos Padres ortodoxos para demostrar de qué modo comprendieron y predicaron con valor esta fe, para que quede claro que todos los que poseen una fe recta e inmaculada la comprenden, la interpretan y la predican de este modo». Remitiéndose a la autoridad de los documentos citados, el canon del Concilio «establece que no es lícito para nadie proponer, redactar o formular una nueva fe distinta de la que ha sido definida por los santos Padres reunidos en Nicea con el Espíritu Santo. Quienes osaran formular una fe distinta o proponerla a quienes quieran convertirse al conocimiento de la verdad, procedentes del helenismo o del judaísmo o de cualquier herejía, si son obispos o clérigos, serán considerados cesados, los obispos del obispado, los clérigos de su dignidad eclesiástica; si fueran laicos, sean anatema».


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