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FRATERNIDAD SAN PÍO X
Sacado del n. 09 - 2005

Tras la audiencia del Papa con el superior de la Fraternidad San Pío X

«No queremos imponer ningún diktat»


Entrevista con monseñor Bernard Fellay. El superior de los lefebvrianos cuenta su encuentro con Benedicto XVI y puntualiza: «Nosotros no queremos imponer condiciones previas a la Santa Sede»


Entrevista con monseñor Bernard Fellay por Gianni Cardinale


Monseñor Bernard Fellay

Monseñor Bernard Fellay

«Hoy S.E.R. monseñor Bernard Fellay, superior general de la Fraternidad San Pío X, ha sido recibido por el santo padre Benedicto XVI en su residencia de Castel Gandolfo. A la salida de la audiencia ha realizado la siguiente declaración: “El encuentro ha durado unos treinta y cinco minutos, en un clima sereno. La audiencia ha representado una oportunidad para la Fraternidad de manifestar que siempre ha estado y seguirá estando ligada a la Santa Sede, Roma Eterna. Hemos recordado las serias dificultades ya conocidas en un espíritu de gran amor por la Iglesia. Hemos hallado el consenso sobre la manera de ir por etapas en el intento de resolver los problemas. La Fraternidad San Pío X reza para que el Santo Padre pueda hallar la fuerza de poner fin a la crisis de la Iglesia “instaurando todas las cosas en Cristo”».
Así dio la noticia la Fraternidad San Pío X de la audiencia concedida el 29 de agosto por Benedicto XVI al superior monseñor Fellay. 30Días ha hablado telefónicamente con el sucesor de monseñor Marcel Lefebvre, en el cuartel general de la Fraternidad, en Menzingen, Suiza.

Monseñor Fellay, ¿cuál es el significado de esta audiencia?
BERNARD FELLAY: Fue un encuentro que forma parte, me atrevería a decir normalmente, del coloquio entre nosotros y Roma que comenzó en 2000 y que, pese a la lentitud de su desarrollo, va firmemente dirigido a lo que tanto nosotros como la Santa Sede deseamos: una relación normal de Roma hacia su Tradición y por consiguiente de la Fraternidad hacia Roma, de manera que la Fraternidad pueda seguir con su apostolado sin las sombras de hoy.
¿Qué motivos les ha inducido a pedir la audiencia?
FELLAY: Ante todo el amor a la Iglesia. Y luego el hecho de que existe un nuevo Pontífice, por lo que era natural que pidiéramos una audiencia para reverenciar y rendir homenaje al nuevo Sucesor de Pedro, nuestro Papa. Esta es la razón primera. Luego porque deseábamos comprender, después de cinco años de diálogo, qué podíamos esperarnos del futuro. Y para presentarle al Papa lo que, según nosotros, es el status quaestionis… El problema planteado por la Fraternidad se resolverá naturalmente en la reconciliación de la Iglesia actual con su pasado. «Estoy convencido», decía el papa Pío XII, «de que la Iglesia de Pedro ha de reivindicar su pasado; si no, se cavará su propia tumba» [cfr. Georges Roche y Philippe Saint Germain: Pio XII devant l’histoire, Paris 1972, pp. 52-53, n. de la r.].
¿Les dio tiempo de exponer sus condiciones para abreviar el proceso de la plena reconciliación?
FELLAY: No queremos poner condiciones previas a la Santa Sede. No tenemos intenciones de imponer ningún diktat. No es esta nuestra postura. Decimos solamente que si queremos construir un puente, primero tenemos necesariamente que pensar en los pilares que tienen que sujetarlo.
El primero sería el de la liberalización del uso de la llamada misa tridentina.
FELLAY: Lo que nos interesa es que en la Iglesia cambie el clima de hostilidad generalizada, a veces persecutorio, hacia todo lo que es considerado tradicional, hacia todo lo que va ligado a la Tradición. Esto hace imposible que hoy puedan desarrollar una vida normal los católicos ligados a la Tradición. Para cambiar este clima nuestra sugerencia es que se declare formalmente lo que es ya una situación de derecho existente, es decir, que la misa de san Pío V nunca ha sido abolida y que, por lo tanto, puede ser celebrada libremente por todos. No creemos que sea una petición exagerada. Esto sería mucho más útil para cambiar el clima hostil que rodea a todo el mundo tradicionalista.
El segundo sería la anulación de las excomuniones de la Santa Sede de 1988.
FELLAY: En nuestra realidad existe desconfianza frente a la autoridad eclesiástica debido a los sufrimientos padecidos hasta hoy. Y para superar esta desconfianza la anulación de la llamada excomunión sería una solución muy oportuna, visto que, además, se funda en un pretexto de cisma que en realidad no existe.
¿Está satisfecho de la audiencia?
FELLAY: Sí, aunque dejó mal sabor de boca el que no pudiéramos hablar de todo. Pero es que era imposible en los treinta minutos de audiencia. No pudo ser más de lo que fue. Es importante que el Papa nos haya recibido y es buena señal que nos haya concedido benévolamente todo ese tiempo. La atmósfera fue serena, pese a que se tocaron los problemas existentes.
Cuando el cardenal Joseph Ratzinger fue elegido Papa, usted no escondió su satisfacción porque en el fondo se trataba del “candidato preferido” de ustedes de entre los “papables” del Sagrado Colegio.
FELLAY: Es cierto, y lo sigo pensando después de la audiencia. Hay muchos puntos que hablan a favor del Papa actual. Él conoce muy bien y desde el principio nuestro caso, quizá más que cualquier otra persona. Conoce perfectamente también la Curia romana, y esto es muy importante para el pontificado. Para él es un punto central la sacralidad de la liturgia y es consciente de la importancia de la doctrina; esto también juega a su favor. Y, en fin, parece que quiere gobernar la Curia, cosa que nos alegra.
¿Cuál piensa usted que podrá ser el obstáculo principal para llegar a la plena reconciliación?
FELLAY: La comprensión del Concilio Vaticano II. El hecho mismo de que se diga que el Concilio Vaticano II ha de ser leído a la luz de la Tradición significa que los textos conciliares en sí mismos no son claros y que, por consiguiente, necesitan una interpretación. Esta ambigüedad de fondo ha de ser considerada como una de las causas de la actual crisis de la Iglesia.
Procesión de entrada de una misa 
de la Fraternidad San Pío X 
en Ecône, Suiza

Procesión de entrada de una misa de la Fraternidad San Pío X en Ecône, Suiza

¿No sería suficiente para ustedes recordar que el Concilio Vaticano II fue un Concilio pastoral y no dogmático?
FELLAY: Precisamente por eso nos permitimos hacer las observaciones críticas sobre algunos documentos conciliares. Si el Concilio hubiera proclamado dogmas, no nos lo podríamos permitir sin lugar a dudas. Por lo demás, para lo que no es declarado de manera infalible por el Magisterio debería haber, dentro de un límite, libertad de crítica, sin que haya persecuciones por ello.
Así pues, de alguna manera desearían ustedes tener la libertad de expresar opiniones diferentes sobre la situación histórica de la Iglesia…
FELLAY: Bueno, eso es lo que sucede normalmente en la Iglesia de hoy. ¿Cuántos sacerdotes, docentes y obispos lo hacen sin ser por ello perseguidos o sospechosos? La paradoja es que a nosotros, por el contrario, se nos niega a priori esta posibilidad.
¿Existe oposición dentro de la Fraternidad a estos coloquios con la Santa Sede?
FELLAY: Existe, pero es solo el resultado de la desconfianza en la autoridad eclesiástica a que antes me refería. Es un fenómeno que no puedo negar. Y esto explica la prudencia con la que llevamos adelante el diálogo. Por este motivo también comprendo la prudencia del Santo Padre. Comprendo que si el Santo Padre hace algo por nosotros, encuentra obstáculos y resistencias enormes, esto es algo seguro.
¿Cuál podría ser la próxima etapa de este diálogo con Roma?
FELLAY: Esperamos que Roma se manifieste a favor de la Tradición, no a favor de nosotros especialmente, sino de los fieles ligados a la Tradición. Algo que demuestre que la Tradición en la Iglesia es una cosa normal, no ligada a concesiones o indultos. Nominalmente esto ya se afirma, pero en los hechos no es así.
Incluso personalidades eclesiásticas, que hasta pueden ver con simpatía a la Fraternidad y su apego a la liturgia preconciliar, manifiestan a veces su asombro por algunas salidas que parecen evocar imposibles nostalgias por el ancien régime, por una alianza entre el trono y el altar ya superada por la historia…
FELLAY: El que ya no existan Estados católicos significa que ya no hay protección para la Iglesia y que se aprueban leyes contrarias a la moral cristiana. Las consecuencias son desastrosas para la salvación de las almas. Sobre esto no podemos callar.
Pero, como usted mismo dice, no existen ya Estados católicos también por la crisis de la Iglesia que ustedes denuncian tan denodadamente…
FELLAY: Desde un punto de vista de hecho esto es verdad y por consiguiente en este campo hay que actuar con la prudencia necesaria. Sabemos perfectamente que la fe se comunica por la gracia de Dios. No se puede pretender imponer con la violencia la fe a nadie. Y además, ¿quién podría hacerlo hoy? Pero como cuestión de principio no se puede excluir la posibilidad de que la fe pueda difundirse de manera que, para la salvación de las almas y la vida buena de los hombres, pueda nacer una realidad política que uniforme su legislación con la ley divina.
¿Han advertido reacciones por parte de obispos católicos contra ustedes tras la audiencia del 29 de agosto?
FELLAY: No, por el momento no ha habido. Quizá esperan a ver qué pasa.
Monseñor Fellay, es conocida su postura crítica sobre el ecumenismo promovido por la Santa Sede tras el Concilio Vaticano II. Pero, ¿están ustedes en contacto con otras Iglesias o comunidades eclesiales?
FELLAY: Hay contactos con sacerdotes y obispos ortodoxos. A veces sucede que ellos se dirigen a nosotros con simpatía porque nos consideran cismáticos antirromanos. Esto no nos gusta nada. Nosotros no somos cismáticos y consideramos fundamental el vínculo con Roma. Lo que ha ocurrido además es que ha habido obispos ortodoxos que han pedido entrar en la Iglesia católica mediante la adhesión a nuestra Fraternidad. A estos siempre les he dicho que han de dirigirse al Obispo de Roma, al Papa. Nosotros ni somos ni queremos ser una Iglesia paralela, ¡y yo no soy un anti-Papa!



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