En torno a la ONU
De la reforma de la ONU se viene hablando desde hace mucho tiempo y ha habido grupos de trabajo, intentos de abordaje, búsquedas de acuerdos en varias direcciones. Sobre el que ha de ser reformada todos están de acuerdo, por lo que incluso asistimos en este momento a una devaluación global que a mí me parece injusta. Porque además los pros y los contras se concentran en el Consejo de Seguridad, en un cuadro por si fuera poco de mucha protesta
Giulio Andreotti

La ciudad de Faluya, destruida por los bombardeos estadounidenses de octubre de 2004
En el Consejo de Seguridad hay cinco países estables y cinco a rotación. Ha habido profundas transformaciones que llevaron a asignar el escaño chino a la República Popular, tras un largo período en que era Taiwán el país que ejercía la representatividad. También Rusia, tras el hundimiento de la URSS, mantuvo el escaño estable con su poder de veto.
El tema importante ha pasado a ser la ampliación de la pentarquía y el posible mecanismo de pertenencia al Consejo diferenciada en el tiempo, por grupos de Estados. También Italia presentó propuestas en este sentido, pero que comportaban una gradación de importancia quizá menos aceptable que la heredada exclusivamente por los cinco grandes.
Dos países han llamado insistentemente a las puertas para entrar establemente en el Consejo: Alemania y Japón: ambos cuentan con el apoyo de Estados Unidos de América, que parecía firme desde el punto de vista diplomático.
El problema de Alemania es especialmente delicado porque pone de relieve la inexistencia de una política común exterior y de seguridad. Es la dirección que ambiciosamente (aunque equivocada) adoptamos en Maastricht, y que por lo mismo fue reafirmada en el borrador de Constitución redactado bajo la dirección del presidente Giscard d’Estaing (creándose además un ministro de Exteriores, que se añade a los veinticinco ya existentes). Quizá si el compromiso fuera por una convergencia de las políticas a realizar gradualmente, se podría llevar a cabo.
De todos modos se había introducido la hipótesis de componer el Consejo de Seguridad basándose en los continentes, aún más tras el comienzo de la Unión Africana promovida por le coronel Gadafi. Pero pronto fue para todos evidente que era algo irrealizable, por la imposibilidad de concentrar no sólo Japón, sino también India e incluso Indonesia.
Por último, ha sido presentada una iniciativa de reforma, con fechas muy cercanas, por un consorcio formado por cuatro países: Brasil, Alemania, India y Japón.
El modelo esbozado pretende conseguir beneplácitos, proponiendo, por ejemplo, que se añadan dos escaños africanos en el Consejo de Seguridad con rotación interna entre los propios Estados africanos. No sé si por constatación o solo como esperanza, los cuatro promotores sostienen que cuentan con el necesario número de votos en la Asamblea General, habiéndose fijado una sesión extraordinaria ad hoc antes de las vacaciones de verano.
Bajo un aspecto la Sociedad de Naciones consiguió
un resultado importante:
con la Convención de Ginebra sobre los prisioneros
de guerra. Pero por desgracia la Segunda Guerra Mundial fue combatida bilateralmente no ya en frentes de batalla,...
Desde mi punto de vista no es inteligente, vuelvo a
repetir, concentrar la atención solo en el Consejo de Seguridad, en
vez de, por ejemplo, sobre el cumplimiento o no cumplimiento del programa
para el tercer milenio.
Recuerdo una iniciativa muy acertada realizada con una Asamblea Extraordinaria centrada en los problemas de la infancia. Estábamos en plena Guerra del Golfo y, si por un lado la ONU podía ganar crédito con esta operación militar, no volviendo a repetir la liturgia de los órdenes del día de condena y deploración que no tendrían ningún efecto (véanse la ingente cantidad de documentos sobre Palestina), se debía dar al mundo una señal positiva de la misión de la propia ONU. Concentrarse en los muchos niños que mueren de hambre y carecen de asistencia médica y de estructuras escolares ofrecía un cuadro muy relevante. Recuerdo con emoción aquella reunión. Por el orden alfabético de los países yo estaba sentado al lado del emir de Kuwait, que estaba allí concentrado sobre el problema y dejando a un lado por el momento los que estaba viviendo su país por la nefasta iniciativa de Sadam Husein.
Cierto es que hay que huir de todo lo que no sea concreto en este tipo de reuniones internacionales. Cuando por ejemplo –ya ha ocurrido– los jefes de Estado y de gobierno se reunieron en la sede FAO y se comprometieron a reducir el hambre en el mundo en un plazo determinado nos podíamos esperar que este compromiso fuera respetado. La Unión Interparlamentaria fue la encargada de controlar el avance de estos progresos, y realizó sesiones específicas para ello. Pero, por desgracia, no se respetaron los plazos.
A mí me parece más importante reflexionar sobre esto y buscar remedios, en lugar de alimentar susceptibilidades y rencores con una reforma del Consejo de Seguridad. Se trata, naturalmente, de mi punto de vista personal. Si, mediante incluso la acción de nuestro Ministerio de Exteriores, se consigue hallar soluciones, la cosa no me disgustará desde luego.
Hablando de la ONU, no puedo por menos que recordar la amargura que sintió hasta los últimos días de su vida el presidente De Gasperi por las puertas cerradas de la ONU ante la Italia derrotada. Los Estados Unidos proponían que Italia entrara, pero el veto soviético lo impedía.Hay que decir, sin embargo, que los soviéticos hubieran quitado su veto si los americanos dejaban de opononerse a la entrada de Rumanía y por lo menos de otro de los países ligados a Moscú.
Italia consiguió entrar en la ONU hace exactamente cincuenta años; De Gasperi había muerto el año anterior.
... sino con bombardeos
de ciudades y asesinatos
de millones de civiles.
Nació una nueva categoría
de víctimas: los niños mutilados. Se piensa poco
en ello. Parece como si hubiera
miedo a darle el nombre justo: terrorismo de los Estados
¿Podemos considerar positivo el balance de la
ONU a los 60 años de su nacimiento? Yo utilizaría la imagen
del vaso medio lleno y medio vacío. En las crónicas de la
Asamblea recuerdo los profundos discursos de Pablo VI y de Juan Pablo II.
De todos modos, es un balance sin duda superior al de la ginebrina Sociedad de Naciones ideada por el presidente Wilson, que pronto sufrió un golpe mortal por la no participación de los americanos (el Senado desautorizó al presidente).
Bajo un aspecto la Sociedad de Naciones consiguió un resultado importante: con la Convención de Ginebra sobre los prisioneros de guerra. Pero por desgracia la Segunda Guerra Mundial fue combatida bilateralmente no ya en frentes de batalla, sino con bombardeos de ciudades y asesinatos de millones de civiles. Nació una nueva categoría de víctimas: los niños mutilados.
Se piensa poco en ello. Parece como si hubiera miedo a darle el nombre justo: terrorismo de los Estados.