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INDONESIA
Sacado del n. 11 - 2005

No ejecuten la sentencia de muerte contra esos tres campesinos


Fabianus Tibo, Dominggus da Silva y Marianus Riwu han sido condenados a muerte con la acusación de ser los cerebros de los enfrentamientos de carácter religioso que tuvieron lugar en la zona de Poso entre 1998 y 2001. El obispo de Manado los defiende. Y no es el único


por Davide Malacaria


Monseñor Joseph Theodorus Suwatan, obispo de Manado

Monseñor Joseph Theodorus Suwatan, obispo de Manado

«No ejecuten la sentencia de muerte contra esos tres campesinos». Es el llamamiento que llega desde la otra parte del mundo, desde Indonesia; y lo hace el obispo de Manado, diócesis en el norte de la isla de Sulawesi (Célebes), monseñor Joseph Theodorus Suwatan. Son Fabianus Tibo, de 60 años, Marianus Riwu, de 48 años, y Dominggus da Silva, de 42 años. “Tibo y sus compañeros”, como los llama la crónica de lo que se ha convertido en un caso nacional. Los tres han sido acusados de haber cometido homicidios entre marzo y junio de 2000, crímenes que dieron pie a un sangriento conflicto entre cristianos y musulmanes. Los homicidios tuvieron lugar en el marco de los enfrentamientos de carácter religioso ocurridos en la zona de Poso entre 1998 y 2001, en los que perdieron la vida unas dos mil personas; una guerra que camina paralela con el conflicto que estalló en otra zona de Indonesia, las islas Molucas, donde los enfrentamientos entre cristianos y musulmanes causaron por lo menos 13.500 muertos. Pues si, también en Indonesia, que cuenta con una población de 210 millones de habitantes, el 87% de los cuales es musulmán y el 10% cristiano (los católicos son el 3%), ha habido quien ha tratado de encender la mecha de un choque de civilizaciones, entre comunidades religiosas que, en nombre de los principios de la Pancasila (los cinco principios básicos del Estado: creencia en un solo Dios, humanitarismo, unidad nacional, democracia y justicia social), habían convivido pacíficamente hasta ahora. Gracias a Dios, en ambos conflictos se ha llegado a una reconciliación, sobre todo por la moderación de las comunidades religiosas cristianas y musulmanas, pero las secuelas de esas violencias no han terminado. Una de ellas es según algunos el caso de Tibo y sus compañeros, cuya causa penal concluyó con la condena a muerte.
«Su juicio ha sido apresurado», dice el padre John Mangkey, secretario general de los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús (MSC), natural de Manado y residente en Roma: «Se buscaban culpables para cerrar el caso pronto y ha salido un juicio por directísima. Es imposible que los tres acusados sean los “cerebros” del conflicto, es decir, que con sus delitos quisieran provovar un choque religioso, porque han sido condenados por esto. Son tres pobres campesinos… No digo que no tengan nada que ver con las violencias de aquel trágico periodo: vinieron del campo para defender la iglesia de Santa Teresa y el convento de las ursulinas, y luego participaron en los enfrentamientos siguientes. Pero acciones de este tipo, por desgracia, eran muy normales en aquel periodo. La pena de muerte es de verdad excesiva…». Además, son los únicos que han terminado ante un tribunal por esos hechos…
Se esperaba que el presidente de la República, Susilo Bambang Yudhoyono, pudiera resolver la cuestión concediendo la gracia, pero no ha sido así. Monseñor Suwatan, obispo de Manado, cuya diócesis comprende la atormentada zona de Poso, ha hechos varios llamamientos públicos en favor de los tres condenados. Explica: «Tibo y sus compañeros proceden de la isla de Flores, porque habían seguido el programa gubernamental que prevé la emigración de campesinos de zonas superpobladas a otras. Vinieron a Poso buscando una vida más digna. Esto es todo. ¿Cómo pueden campesinos analfabetos ser los inspiradores de las matanzas? Y además, los católicos en Poso han sido las víctimas. Todas las estructuras católicas fueron quemadas y destruidas durante el conflicto: la iglesia de Santa Teresa, la casa y la sala parroquial, el convento de las ursulinas, las escuelas y los alojamientos de los estudiantes. No queda nada…». Pero el prelado no subraya estas cosas para acusar a los islámicos. «Es una cuestión de justicia», explica, ahora que al acercarse la hora de los fusilamientos sus llamadas son continuas. Al respecto el padre Mangkey evidencia un detalle que salió durante el juicio: Tibo y sus compañeros declararon a los investigadores que otros habían tenido un papel mucho más relevante que ellos en esas acciones violentas. Y dijeron los nombres de dieciséis personas. Pero nadie ha querido investigar a fondo estas declaraciones.
En la defensa de los tres campesinos, la diócesis de Manado ha buscado y encontrado ayuda también fuera del ámbito cristiano. En la clausura de la SAGKI (Gran Reunión Nacional de la Iglesia Católica Indonesia), que se celebró el pasado noviembre, estaban presentes los líderes de las distintas comunidades religiosas del país, incluidos los musulmanes. Y en esta ocasión, explica monseñor Suwatan, el padre Jimmy Tumbelaka, párroco de Santa Teresa, se entrevistó con Hasym Muzadi, presidente de la Nahdlatul Ulama, la organización musulmana de masas más importante del país, para hablar del caso judicial de Tibo y sus compañeros. Un encuentro positivo, ya que el sacerdote católico refirió a las agencias de prensa que el líder islámico no había hecho ninguna objeción a un posible llamamiento internacional en favor de los tres condenados. El prelado de Manado recuerda que todos los líderes religiosos presentes se adhirieron a las conclusiones de la asamblea, sintetizadas en esta frase: «Levantarse y moverse con el fin de construir un nuevo habitus para una nueva moralidad pública de nuestra nación». Un hecho que da testimonio de lo difundido que está entre todas las comunidades religiosas el deseo de paz y convivencia. Sigue diciendo monseñor Suwatan: «En Poso no hubo choque de religiones. Es la política la que manipula la religión y usa la religión para sus fines… Unos tienen interés en alimentar estos enfrentamientos, otros se aprovechan de estas tragedias para conseguir fáciles ganancias. Sólo por poner un ejemplo: el gobierno central ha destinado fondos para las víctimas del conflicto. El viejo regente de Poso, el equivalente al alcalde de vuestras ciudades, y otros miembros de la administración local han sido acusados de haber sustraído una parte de ese dinero y ahora se encuentran en Yakarta, donde los jueces están examinando su posición». También el padre Mangkey es de la misma opinión, él que desde Roma sigue con conmoción la situación de su patria, habla de comunidades locales (musulmanas y cristianas) unidas en el intento de rechazar las infiltraciones integristas que vienen de fuera. Y de cómo en las Molucas los musulmanes echan una mano en la reconstrucción de las iglesias cristianas destruidas. Y además: la Nahdlatul Ulama, sobre todo en la isla de Java, desde hace años organiza retenes de voluntarios para vigilar las iglesias cristianas durante la Navidad. Y, sin embargo, todavía hay quienes intentan por todos los medios incendiar este inmenso Estado-archipiélago formado por miles de islas (donde vive la más populosa comunidad musulmana del planeta), proyectando y llevando a cabo atentados y violencias contra la minoría cristiana. Especialmente feroz fue la agresión ocurrida el pasado 29 de octubre, cuando fueron asesinadas y decapitadas tres estudiantes cristianas. Un crimen que tuvo eco también en la prensa extranjera. Dijo monseñor Suwatan en esa ocasión: «Estamos ante una estrategia del terror que tiende a turbar y a provocar tensión precisamente ahora que las relaciones entre las comunidades cristianas y musulmanas han sido pacificadas».
Una manifestación a favor de la paz por las calles de Yakarta

Una manifestación a favor de la paz por las calles de Yakarta

Termina diciendo monseñor Suwatan: «Es significativo que en estos días los líderes de algunas organizaciones islámicas se hayan expuesto públicamente y hayan pedido que se aplace la ejecución de Tibo y sus compañeros, pero también que se vuelva a examinar su condena a muerte, siguiendo el principio de una justicia justa. Uno de ellos es Nawawi S. Kilat, un exponente de primer plano de la comunidad musulmana de Poso, que es además uno de los firmanes de los acuerdos de paz de Malino, de diciembre de 2001, que pusieron fin al conflicto religioso. También el presidente del Sínodo protestante de Sulawesi, el reverendo Rinaldy Damanik, pidió nuevas investigaciones, en especial para establecer el papel de las dieciséis personas señaladas por los tres condenados. Todo esto es importante para subrayar una vez más que el conflicto de Poso no fue un choque entre cristianismo e islamismo, y que dar voz a la defensa de Tibo y sus compañeros no es sólo un modo de pedir justicia para estas personas, sino también el intento de identificar a los verdaderos culpables de la continuación de este conflicto. Haré todo lo que pueda, con la ayuda de todas las personas de buena voluntad y de cualquier religión, para buscar justicia».
El prelado indonesio quiso informar de la cuestión también al Santo Padre, porque sabe que Benedicto XVI sigue con atención los acontecimientos de su país. Lo demuestran sus palabras de consuelo enviadas a los familiares de las tres estudiantes asesinadas. También la Comunidad de San Egidio se ha interesado por el caso y el 19 de diciembre, junto con algunos exponentes musulmanes indonesios, hizo un llamamiento en favor de los tres condenados. Mientras tanto se cuentan los días que separan a los condenados de la ejecución, cuya fecha ha de ser fijada dentro de poco. Para Tibo y sus compañeros el tiempo es corto.


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